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A los 69 años de la creación del Estado Y 50 años de la Guerra de los Seis Días

Actualizado: 11 ago 2020

2017-05-16


Feliz Día de la Independencia de Israel: Este artículo fue publicado hace tres años, uno después de haberlo escrito. Ya son 72, pero los conceptos se mantienen vigentes.


En un mundo de Sanders y Trumps, de apasionamientos por la paz en Colombia o por su demonización, en un mundo de ISIS e islamofobias, considero prudente anotar que en Israel y en nuestro mundo judío también estamos polarizados. A 68 años de soberanía es momento de mesura.


La historia recuerda que hace 2.000 años el odio fraterno gratuito, nuestra soberbia y mesianismos, fueron precursores del desastre nacional. Esa historia nos debe dejar lecciones y abrir los ojos ante lo recurrente de los hechos. No soy apocalíptico, pero es momento de evaluar el camino recorrido (como siempre debe serlo) y analizar nuestra misión-visión como pueblo y nación. Apuesto a que ningún país se ha transformado tanto y en tan corto tiempo como Israel. Es un país único, líder en las ciencias y las artes, en su capacidad de absorber y educar, y en su capacidad de sobreponerse a lo imposible. Israel también sienta cátedra por su carácter autocrítico y pluralista, a menudo injustamente denigrados, valores que deben perdurar como motores de su desarrollo. Los desafíos que afronta no tienen parangón y eso mantiene a Israel como referente, incluso y muy especialmente, entre sus detractores. Pero sus logros nunca serán suficientes. Si queremos que Israel siga siendo un modelo a seguir, debemos reinventarnos como judíos y sionistas. Las circunstancias del vecindario y del mundo entero, las de nuestra demografía judía o israelí, y nuestras parcialidades políticas no son hoy las que fueron hace 10 años, o cuando Ben Gurión declaró la Independencia, o cuando Herzl soñó con un estado soberano, y tampoco serán las mismas de mañana. Para ningún país las variables son tan dinámicas como para Israel.


Al llegar a otro Iom Haatzmaut, es importante analizar cuáles son valores judíos y cuáles los valores de cada grupo judío y entender que no siempre son la misma cosa. Igualmente es válido preguntarse cuáles son valores judíos y cuáles los israelíes y entender que no son necesariamente ni iguales ni monolíticos. Sigue siendo importante reflexionar que el único estado judío no es únicamente de judíos ni únicamente para judíos.

Al llegar a otro Iom Haatzmaut es importante celebrar el reino de la ley, velar porque la ley sea justa y respetar la separación de poderes. Celebremos un Israel de judíos, musulmanes, cristianos y ateos; un Israel con ortodoxos y liberales, con sabras e inmigrantes; un Israel con Mea Shearim y con un espacio para mujeres y reformistas en el Kotel; un Israel que aplique la misma ley para sus infractores indiferentemente de su credo; un Israel que sepa encontrar ese fino camino entre su vocación multireligiosa y su espíritu cívico-democrático; un Israel para lo divino y para lo humano. Celebremos el Gay-Pride Parade en Tel-Aviv, la marcha evangélica durante Sucot, y la solemnidad de Tisha B´Av en Jerusalem. Celebremos un Israel que le dé espacio a todos sus “-istas” sin dejarse llevar por tantos “-ismos”. La tan anhelada soberanía trae consigo ironías y riesgos: no todo se vuelve necesariamente mejor o más fácil. Israel debe seguir asumiendo la responsabilidad social, religiosa y cultural hacia judíos, hacia quienes no lo son y hacia quienes quieren serlo.


Las victorias del pasado y del presente no son garantías de triunfos futuros. Al llegar a otro Yom Haatzmaut es también prudente recordar las cosas que no se han hecho bien y que otras que nos deben avergonzar, las que aún se pueden corregir y las que siguen pendientes por alcanzarse. Los años traen madurez y no debiéramos tenerle miedo a enfrentar esos retos y discusiones.



Pero al llegar a este Yom Haatzmaut, celebremos por lo alto y digamos tranquilamente que le apostamos a un futuro de grandes transformaciones y de progreso, a poder navegar las aguas turbulentas de los retos internos y externos, a que podamos inventar soluciones ahora inimaginables a los problemas tan únicos de nuestro querido Israel. Debemos seguir genuinamente convencidos que estamos mejor teniendo un estado soberano, y debemos hacerle saber al resto del mundo y convencerlo que así es mejor.


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Radanita (en hebreo, Radhani, רדהני) es el nombre dado a los viajeros y mercaderes judíos que dominaron el comercio entre cristianos y musulmanes entre los siglos VII al XI. La red comercial cubría la mayor parte de Europa, África del Norte, Cercano Oriente, Asia Central, parte de la India y de China. Trascendiendo en el tiempo y el espacio, los radanitas sirvieron de puente cultural entre mundos en conflicto donde pudieron moverse con facilidad, pero fueron criticados por muchos.

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