Abkhazia, aventuras en el Cáucaso

El siguiente es un correo electrónico que le compartí a familia y amigos hace nueve años, tras salir sano y salvo de una pequeña gran aventura en Abkhazia, uno de aquellos países que no existen (o la menos solo para los 5 países que reconocen su soberanía). Un capítulo memorable, parte de un recorrido de 8.300 kms. que hice por toda la parte sur de la Rusia europea. El email lo trascribo tal cual lo escribí.

Abkhazia Memorable, Sept 2011

Definitivamente, esos lugares que no están en el mapa, esos de los que uno nunca oye hablar siempre le deparan a uno grandes momentos. Las mejores fotos del día las tuve que borrar por razones que nadie le puede contar a mi mama, (así la éste copiando en este email). A la lista de piases como Kosovo, Turkmenistan y Transnistria, hay que agregarle Abkhazia.

Sochi, en Rusia, es donde en año y medio se harán las olimpiadas de invierno. Veraneadero por excelencia para los rusos, es su único resort en zona cálida sobre el mar negro. La ciudad esta patas arriba agilizando construcciones de hoteles, carreteras, autopistas y centros deportivos. Caos absoluto. Por mas invierno, las olimpiadas se harán, salvo por las pruebas de esquí en montana, a nivel del mar donde nunca conocen la nieve. Hacia el norte están las montañas del Cáucaso, algunas de sus cimas aun con nieve. El centro olímpico no queda en Sochi sino en Adler, el pueblo fronterizo con Abkhazia donde pase una noche a pocos metros de la frontera. Si bien Rusia es uno de los cinco países que reconoce la soberanía de Abkhazia (junto con Nicaragua y Venezuela), esa frontera es como pasar de Uzbekistan a Turkmenistan. Tan pronto se entra en Abkhazia todo cambia: La carretera va por la costa y la costa se llena de palmeras y una vegetación y ambiente que a menudo parece Colombia de tierra caliente. La historia en buena medida hizo un alto hace exactamente 19 anos.

Hoy se celebra acá los 19 años de la liberación de Sukhum, la capital y el pueblo esta de fiestas. Hace esos años, apoyados por guerrillas chechenas, los abkhazos se independizaron de Georgia y medio país se encuentra en ruinas (población del país 200,000 entre abkhazos, rusos, gitanos, chechenos, ingushetios, georgianos, mingures, turcos, tatares y a hoy, este colombiano. Ah! Por cada ciudadano hay también un número igual de vacas diminutas estilo India que únicamente van por la carretera y nunca por el pasto). Pero al lado de las ruinas hay edificios que muestran un pasado clásico, bonito, chévere, una Riviera muy vividora. La concentración de Mercedes Benz último modelo no se ve ni en Moscú, muchos de ellos con placas alemanas, producto de la diáspora abkhaza que ha regresado con plata. El resto de carros son Land Rover y Land Cruiser salvo por algunos Ladas. Queda una sinagoga pero aun en Yom Kipur no funcionaba asi que fuera de ayunar no hubo más para mí. El hotel lo maneja el play del pueblo, un personaje que me recuerda a Pierre Richard, ese de las comedias francesas, o al mismo Johnny Stoccino, el de la Vitta Bella. Quiso montar el hotel con gusto, pero le salió medio culimbis y como tantos hoteles a hoy, las cortinas no tapan la luz de afuera y la ducha queda prácticamente sobre el inodoro así en la habitación haya espacio para cuatro camas. El problema mayúsculo acá es que a cada habitación le alumbra un foco que quiere resaltar la culi-fachada del lugar. Por pocas horas nos perdimos el chance de asistir al cotejo entre las selecciones nacionales de Abkhazia y su similar de Nagorno-Karabach, dos que no están oficialmente dentro de FIFA.

En la mañana tuvimos que ir al ministerio de relaciones exteriores a conseguir nuestro visado oficial ya que solo habíamos recibido vía email, y después de mes y medio de tribulaciones un jpg provisional. Es un edificio de esos comunistas de 5 pisos donde nadie entra y nadie sale pero en cada nivel todos los burócratas están en los pasillos fumando. Cada corredor corresponde a otro ministerio así que del otro lado de Relaciones esta Hacienda. Muy serio, el secretario de turno nos recibe los pasaportes y nos pide que nos retiremos. 10 minutos después llega con nuestras megavisas que amablemente no pega al pasaporte con lo cual en algún futuro podremos entrar a Georgia. Con visa en el bolsillo, procedemos a meternos al carro y coger rumbo sur-oriente sobre la costa hacia la frontera con Georgia, the real twilight zone.

Ahí la destrucción se va haciendo más evidente, eso que la prensa gringa llama “ethnic cleansing”. Hace 19 años vivían acá otros 200,000 georgianos; hoy solo quedan unos pocos miles sobre la frontera.


Tal cual en Kosovo, acá también los monumentos a los héroes de la guerra están por doquier y se erigen justo al lado del pueblo que supieron arrasar. A eso hay que sumarle banderas, pasacalles, pancartas y miles de fotos del presidente de turno junto al número 19, tal cual hacia Ghadaffi en su Libya. Un pueblo tiene vida, el siguiente está en ruinas, pero en la mayoría la mitad funciona y la mitad no, testimonio de que alguna vez abkhazos y georgianos eran buenos vecinos y se casaban entre ellos. La maleza crece entre las casas tal cual vi en Chernobyl el año pasado. Después de 120 kilómetros y un par de sobornos (por ir lento, por ir rápido, por ir) llegamos a la frontera con Georgia que la mantiene alguna división del ejército ruso que se hace llamar “peace keeping force”. A eso, hay que sumarse fragatas sobre el mar, y cualquier cantidad de vehículos de la Agencia de la Naciones Unidas para Refugiados y otro poco de carros del gobierno danés en ayuda humanitaria. La frontera queda sobre un rio pendejo sobre el cual queda un puente como tierra de nadie. Hay par docenas de georgianos que cruzan para lado y lado en un ambiente muy lúgubre, aquellas familias a las cuales el rio las partió en dos para siempre, o hasta la próxima guerra, si la ganan esta vez. Con mi camarita voy tomando fotos, jurgos de fotos, todas, ¡la verraquera! Pero como yo tomo fotos, mi guía, un ex oficial del ejército soviético, decide sacar su cámara con gran angular, y como perfecto schmock se pone a tomar fotos con flagrante descaro y obviamente ahí se armo Troya.

Los rusos se lo llevaron mientras que John y yo nos quedamos en la tienda de frontera tomando él una Fanta litro y yo un café azucarado en lata fabricado en Hungría que jamás había visto. Y el tiempo pasaba. Al cabo de unos minutos vino un soldado ruso y nos pidió pasaportes. Al gringo no dijo nada pero con el mío me cayó la dosis numero N en este paseo de “Ah, Colombia! mafia, cocaine!” y se llevo los pasaportes con una gran sonrisa hacia mí. Misha, el guía, suele decir cuando ve una carretera buena, un puente nuevo, es que esto ha sido recientemente “putin-ized”, así que también me pregunte si ahí adentro del cuartel lo estarían “putinizando” al pobre hombre y si saldría del interrogatorio caminando chistoso. Después de una hora y mientras nosotros estábamos bajo el sol abrazador, volvió a salir Misha con cara de cagado y caminado rápido a decirnos que estábamos jodidos y que ahora vendría la KGB a interrogarnos, que hoy era fiesta nacional y que se viene el fin de semana asi que posiblemente conoceríamos desde adentro los placeres del calabozo abkhazo, cuento que me quedo difícil de creer, aunque Misha se veía genuinamente preocupado. Me pidió repetidamente que borrara todas las fotos que tenia, incluso las del día de ayer para evitar mayores problemas porque a él le hicieron borrar todas sus fotos de los últimos dos días. Procedí de conformidad y aun ya borradas Misha seguía insistiéndome que las borrara. Al man se le estaban poniendo cafés los pantalones. Nuestros pasaportes decomisados por el ejército ruso y el tiempo pasando. Aprendí entonces que está bien tomar fotos de ruinas del siglo V, siglo X, siglo XV, pero es prohibido tomar fotos de ruinas de hace 20 anos.

Media hora después llego en flamante Mercedes negro el delegado de turno de la KGB, un gordiflón con camiseta estampada y sombrerito cacorro acompañado de su “bimbo du jour”. Misha nos dijo que este agente ya tenía consigo impresos nuestros cargos sin si quiera habernos hecho la primera pregunta. Nos escoltaron hasta Gali, el pueblo cercano a la estación de policía, decorada con toda la parafernalia de aquel glorioso pasado comunista, donde afuera estaban unos veinte agentes del servicio secreto echando lora y fumando. Procedimos a subir al segundo piso de un edificio oscuro, feo, roído y entramos a la oficina del jefe de la KGB. Era una oficina larga con una mesa igualmente larga y elegante, lo único medianamente rescatable del todo el edificio. A espaldas del fulano una foto de algún héroe de la patria con sable en mano y la infalible bandera nacional. Por los costados, el buro estaba lleno de fotos del personaje que nos haría el “debriefing” en uniforme de fatiga de sus épocas de guerrillero. Nos dimos la mano amablemente y procedimos a sentarnos. El man, en un todo muy suave comenzó su cháchara y pidió que Misha fuera traduciendo frase por frase. El agente que nos escolto trajo en ese mismo momento tres oficios largos y prefabricados con un larguero de cosas que nunca supe que decían y forrado de estampillas y sellos, un trabajo serio, ágil y profesional… en fin, lo del las películas. Misha serio, y mi gringo al lado vocalizando cada palabra en Ingles hacia gentos y venias de perdón. Y comenzó la cháchara de este man en ruso diciendo “lo que yo ahora les voy a decir confío que les será muy claro y no habrá motivos para preguntas…” En cosa de dos minutos nos pregunto obviamente si teníamos intenciones de ir a Georgia o si teníamos sello de Georgia en nuestros pasaportes a lo que obviamente dijimos que no. Nos explico que esa era zona de frontera y que para estar en esa zona se necesitaba tener un permiso especial pero que entendía que no sabíamos de eso y luego procedió a decirnos que para él es un enorme placer darle la bienvenida a tan ilustres huéspedes de la Republica de Abkhazia, que confiaba que nuestra estadía nos sea muy placentera y que regresemos con los mejores conceptos de su bello país. Renglón seguido nos entregó pasaportes y visas, nos abrazamos y nos fuimos.

Las fotos que tengo son del regreso, donde la devastación es menor, pero ya nada de lo fino del paseo. Confío me sepan disculpar la falta de información gráfica. Nos metimos luego por caminos destrozados, a ver más pueblos destrozados y semidestrozados, par iglesias georgianas en estado idem, paisajes de montaña hermosos y para rematar la velada cenamos en un restaurante típico Abkhazo y participamos de las consabidas fiestas patronales en Zona Rosa. Mañana será tiempo para una chapuceada en el mar negro y retorno al caos de Sochi.

Cumplo acá con la palabra que le di al jefe de la KGB de manifestar que, ajeno al incidente del dia, Abkhazia es claramente de los lugares geográficamente bonitos, anecdóticos, histórica y étnicamente apasionantes, arquitectónicamente chéveres que jamás haya conocido. Contento de haber venido acá y de poder salir con la frente en alto, caminando con elegancia y sin dolores en mis zonas posteriores.

P.D. La KGB nunca se dio cuenta que yo tenía cámara así que casi que les tuve las fotos asi que me tendrán que creer el cuento. 4650 kms desde Moscú. Faltan otros 3500 kms. Nazdarovia!

Abkhazia dia 3: Tipo 8 am Salí con Misha a caminar y a la playa de piedras con firmes intensiones de bañarnos. Sin ser experto en temas de mares, me pareció de lo mejorcito en temperaturas de agua. Fabuloso por no tener arenas, y no fue nada difícil echarse sobre las piedras a tomar el sol…y muy poco salado el mar. Deliciosas las aguas y excitante poder bañarse entre los cascos oxidados de fragatas explotadas durante la guerra que aun definen el paisaje dentro del Mar Negro. Regresamos al hotel y en un momento de inspiración decidimos quedarnos un día más acá a expensas de Sochi. Post desayuno salimos a recorrer alguna de las pocas carreteras del país que nos quedaba pendientes en busca de scenic drives. ¡Oh sorpresa! Terminamos no sé cómo detrás de las líneas de defensa del ejército ruso en algo que se llama el Kodori Gorge, que siguió bajo dominio de Georgia hasta la guerra de Osetia del Sur de 2008. Al menos esta vez si me tumbe la foto de un tanque ruso. Juiciosos dimos marcha atrás sin ser vistos. En la tarde paseamos más de Sukhum, donde es inimaginable el nivel de destrucción del pueblo aun 20 anos después de cese de hostilidades y nos topamos con un Dolmen modelo 4000 BCE con todo y puerta. Highlights de la noche incluyen hablar con el asistente de gerencia del hotel, un pelado de Dagestán que cuenta sus carajadas de su tierra, pero destacable oír que “Dagestán en una tierra de gente verraca, gente aguerrida, gente que nunca se ha dejado dominar por nadie. Dagestán es un pueblo que ha doblegado a Griegos, Persas, Sasánidas, Turcos, Chechenos, bla, bla, bla…y hoy hace parte integral y con orgullo de la Federación Rusa”. Lo otro destacable fue que Otar, el dueño del hotel, el play del pueblo, tiene además el titulo de Asesor del Primer Ministro de la Republica de Abkhazia, asi que me quede con el explicándole como conectar su hotel a booking.com, expedia, tripadvisor, etc, y le di una serie de ideas para aprovechar el papayazo de los olímpicos en Sochi el próximo ano y mostrarle al mundo Abkhazia. Me dijo: “estamos en el Cáucaso y ese tipo de cosas no se hacen acá!”

Desayuno y de regreso a Rusia… pero obvio que eso tan rápido y fácil no se pudo. Pinchada en el Land Rover del nuevo amigo, Otar Kakalia asesor del premier. Media hora en la frontera porque los rusos juraban que mi pasaporte era falso

Saludos desde Krasnodar, capital de las estepa cosaca del Kuban


#Abkhazia #Nomadmania #TCC #Travel #ethniccleansing



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