Apócrifa Samaritana (Primera Parte)




Por el rabino Daniel Shmuels


Primera Parte


Por lo general, cuando pensamos en apócrifos pensamos en libros que quedaron fuera del canon literario establecido por las autoridades religiosas de la fe judeocristiana. La verdad es que el término va más allá de sólo libros y de sólo dicha constelación religiosa. Cierto es que, en el caso de los libros, la palabra apócrifa denota escritos escondidos, secretos o relegados; aparte de ello, en un principio, dicha palabra también implicaba que ese tipo de escritos eran destinados sólo para un grupo selecto de escogidos por ser vehículos de conocimiento esotérico. De cualquier forma, estos textos secretos o escondidos no quedaron excluidos de los diferentes cánones por su santidad, origen divino o su poder sobrehumano; por el contrario, fueron expulsados a las oscuridades del olvido por su cuestionable valor para dicha fe. Ahora bien; según los estudiosos del tema, el motivo puntual por el cual fueron desechados se debe a que su origen es dudoso o su autor es absolutamente desconocido.


Esto llevó a que las diferentes religiones, con sus respectivas divisiones, tengan diferentes libros apócrifos. En el caso exclusivo del pueblo judío, todo escrito que no se encuentre dentro del Tanaj, sellado permanentemente por la Anshei Kineset HaGuedola, es apócrifo. Ejemplos de ese tipo de libros hay muchos que todos conocemos y que en algunos casos forman parte del canon de otras religiones. Paradójicamente, dentro de los diferentes listados que se pueden encontrar al respecto hay un libro que nunca aparece, uno que está a las manos de toda la humanidad por casi dos mil quinientos años pero que básicamente nadie considera apócrifo; a saber, la Torá samaritana.


Muchos dirán que de apócrifa no tienen nada porque sencillamente está a la luz del mundo para ser leída y todo un pueblo, reducido a unos cientos hoy en día, sigue esa versión de la Torá, cosa que es absolutamente cierta; empero, esa versión de la Torá ha sido repudiada y aborrecida por el establecimiento judío por esa misma cantidad de años debido a sus múltiples fallas y errores. Es debido a esas fallas que el establecimiento judeocristiano lo considera un texto de origen dudoso; es decir, es un texto que fue acomodado a la mejor conveniencia de su autor para su beneficio y poder personal más no un texto fiel al original. Es debido a ello que su autor es considerado como diferente, léase desconocido, al del texto original; es decir, no es la exacta copia del texto dictado por Dios a Moshé Rabeinu; por consiguiente, su autor es otro. Entonces, aquí tenemos un texto de origen dudoso, producido por un autor desconocido y que en última instancia ha sido rechazado por todo el mundo. Son esos factores los que me impulsan a considerar la Torá samaritana como un texto apócrifo y en un sentido más general a escribir de la apócrifa samaritana para analizar dicho texto.





La apócrifa samaritana resulta fascinante desde toda perspectiva. Bien sea religiosa, histórica o antropológica; pues, todas ellas entrelazadas permanentemente, son necesarias para un análisis puntual al respecto. Si partimos de la perspectiva judía tradicional, incluyendo las opiniones de nuestros sabios del Talmud y la del Rambam, entre otros tantos, quienes halájicamente los describen con los adjetivos peyorativos más denigrantes que puedan existir dentro de la literatura rabínica para pormenorizar a una persona no grata, son un grupo de foráneos habitando en Eretz Israel que no tienen nada que ver con el judaísmo verdadero que Moshé Rabeinu recibió en Jar Sinaí. En cambio, corrompieron la Torá y los decretos de Dios anunciados por medio de nuestros rabonim para no cumplir con Su voluntad. Dado ese comportamiento aborrecible, halájicamente hablando, los samaritanos jamás podrán ser considerados como parte del pueblo de Israel, como parte de la casa de Yaakov, como los verdaderos elegidos por Dios para representar sus Mitzvot. Paradójicamente, ellos se consideran a sí mismos como israelitas verdaderos; además, hoy en día los samaritanos son considerados ciudadanos israelíes por Medinat Israel, teniendo todos los derechos y deberes que un judío israelí tiene, como votar e ir al ejército. Esta paradoja es parte de su apócrifa, son pero nunca serán.


Hasta apócrifo es su origen, pues son cuatro las versiones que los mismos samaritanos tienen de su origen y hasta el sol de hoy no se han decidido por ninguna. Más bien abrazan las cuatro versiones entremezcladas haciendo un revoltijo dudoso de su origen, como quien trata de acomodar algo ineficiente para poder justificar su permanencia a través del tiempo. Ello no quiere decir que dichas versiones no sean ciertas; a mi gusto, desde un análisis antropológico, creo que efectivamente es posible que haya cuatro circunstancias originarias que llevaron a la constitución de este pueblo. Así como cuatro riachuelos pueden desembocar en un río para hacer uno solo y caudaloso, igualmente puede suceder con las agrupaciones humanas; empero, ellos desfallecen en siquiera llegar a este símil.


Hace unos quince años tuve la “fortuna” de conocer al líder actual de los samaritanos, situación que me llevó a corroborar todas las opiniones de nuestros sabios y encuentro que me llevó a alejarme drásticamente de todo interés por este grupo. De cualquier forma, en ese momento tuve la oportunidad de semi leer directamente de un rollo de la Torá samaritana. Digo semi leer porque dicha Torá está escrita en paleo hebreo; es decir, está escrita con los caracteres hebraicos originales en que fue escrita nuestra Torá, caracteres que son bastante diferentes de los que nosotros tenemos hoy en día en nuestros seforim pero caracteres que se llegan a asemejar al hebreo manuscrito actual.


Para aquellos que no lo saben: Sí, la Torá fue escrita originalmente con otros caracteres que no tienen nada que ver con los actuales. Los caracteres actuales de la Torá como los del alfabeto hebreo actual fueron creados por un sabio de la biblia llamado Ezra. Sí, el Ezra del Tanaj, sabio que no sólo cambió los caracteres del alfabeto sino que también transformó el linaje judío de patrilineal a matrilineal. De cualquier forma, debido a que tradujo la Torá a ese nuevo hebreo fue llamado Ezra HaSofer, Ezra el escriba. Como lo estipula claramente el Tanaj: “El escriba de la ley de Dios” (Ezra: 7-12).


Este último aspecto, el del paleo hebreo y hebreo babilónico, resulta extremadamente importante para entender el asunto samaritano y su origen como pueblo rival del pueblo judío, como el pueblo por siempre odiado por los judíos; a la vez, nos introduce en las diferencias que ambos textos presentan y los posibles motivos de la exclusión del texto samaritano. Es a partir de Ezra que la animosidad entre ambos pueblos llega a una cúspide que deja su huella para la eternidad. La lista de motivos puede llegar a cientos si no a miles, tanto registradas en las páginas del Tanaj y del Talmud como análisis y teorías circundantes a los hechos históricos de ambos grupos.


Lo que nos interesa para este caso en particular es que los samaritanos se quedaron con una versión de la Torá escrita en paleo hebreo y los judíos aceptamos como Divina, original y única la traducción que hizo Ezra. De acuerdo a los samaritanos, ellos tienen la versión original de la Torá porque está escrita con los caracteres originales y de acuerdo a su creencia es la misma Torá del rey Josías. Es un argumento fuerte pero no por ello verdadero y no porque esté escrita en caracteres originales quiere decir que es la fiel réplica que Dios le dictó a Moshé Rabeinu en Jar Sinaí o que es aquella que Josías unificó en el siglo séptimo AEC; sin embargo, ese detalle no deja de ser una piedra en el zapato y es algo que tenemos que tener en cuenta para ver ambos lados de la moneda.


La labor de traducir el escrito original del paleo hebreo al hebreo arameico, o hebreo babilónico como yo lo nombro, no fue realizada sólo por Ezra; en cambio, nombró a trece escribas adicionales para lograr dicho trabajo al lado de él. La labor tomó trece años para ser finalizada, del 458 AEC al 445 AEC, y se conoce como el “quatourdecime de Ezra” porque fueron catorce los hombres que llevaron a cabo esa traducción.


La traducción no fue una traducción del hebreo al arameo, sencillamente fue una sustitución del alfabeto paleo hebreo al alfabeto arameo, letra por letra, sonido por sonido; es decir, se sustituyó cada letra del alfabeto paleo hebreo por una del alfabeto arameo. Cosa que en última instancia resultó ineficiente porque los habitantes de Judea no hablaban hebreo sino arameo y aún cuando posible de ser leída en teoría, era imposible para los habitantes entender lo que decía porque continuaba siendo hebreo. El Tanaj nos evidencia que la gran mayoría de los judíos no hablaban hebreo cuando nos relata: “Todo aquel que podía escuchar entendiendo” (Nej 8:2-3) ... “traducía para darle sentido para que ellos pudieran entender la lectura” (Nej 8:8). Entonces, la traducción hecha por Ezra carece de todo sentido si su único motivo era hacer que los habitantes de Judea pudieran leer y entender la Torá para practicarla. En cambio, propone una pregunta abierta, ¿saber cuál fue el verdadero motivo para que Ezra cambiara los caracteres del alfabeto? ¿Podría ser factible que todo el trabajo de Ezra y sus hombres se haya realizado con la única finalidad de expulsar de todo legado judío a los samaritanos?


Continuara...


הרב דניאל יעקוב שמואלס אברהמס

חרב דישא

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