Arte y Conflicto*

Jesús Abad Colorado. Comuna 13, Medellín 2002 Fotografía 55 x 84 cm Colección privada Cortesía del artista

Por Francine Birbragher PhD y Oscar Roldán-Alzate

La reflexión sobre la realidad es una condición fundamental del discurso artístico. Si consideramos que el arte es un reflejo de los hechos de la vida de una sociedad y que los creadores postulan teorías que pueden de alguna manera llamar la atención sobre toda suerte de fenómenos, podemos entender que la producción del arte de un territorio nos habla claramente de la realidad allí vivida. Así, necesariamente, los espacios de conflicto son recreados por el arte que trata esas realidades contextuales. De esta manera “la obra” funciona como una plataforma que capta seguidores o detractores, desde donde además es posible divisar más allá de lo presente, al punto de metaforizar la misma realidad para codificar mensajes de reclamo frente a los fenómenos de los múltiples conflictos donde se inmiscuye y a la vez se nutre.


Si consideramos que el arte es un reflejo de los hechos de la vida de una sociedad y que los creadores postulan teorías que pueden de alguna manera llamar la atención sobre toda suerte de fenómenos, podemos entender que la producción del arte de un territorio nos habla claramente de la realidad allí vivida.

Desde mediados de la década de los sesenta, un gran número de obras de arte han reflejado la preocupación y la actitud crítica de sus creadores respecto a las crisis sociales y políticas. A través de ellas, los artistas invitan a reflexionar sobre los conflictos que permean a la sociedad desde la perspectiva vasta del arte contemporáneo. Los movimientos sociales, las dinámicas políticas, la violencia generalizada, la guerra como efecto y el abuso de poder son algunos de los temas tratados. En la selección de obras que mencionamos a continuación, se evidencia la relación de los procesos artísticos con la noción de crisis y especialmente la forma como la sociedad responde a los retos implícitos en cada manifestación social, además de presentarse como una constante que atraviesa fronteras espaciales y temporales al punto de ser un rasgo distintivo de nuestra identidad.


Una de las obras icónicas de la historia arte moderno colombiano es la serie de trece grabados titulada Violencia (1963) de Luis Ángel Rengifo (1906-1986). Realizados en aguafuerte y aguatinta con un estilo en el que se mezclan lo fantástico, lo simbólico y lo narrativo, representan desgarradoras imágenes de la violencia que se vivió en Colombia a principios de la década de los sesenta. Las imágenes de hombres y mujeres descabezados, cuerpos mutilados y cabezas decapitadas constituyen un valioso testimonio visual que narra, a la manera de reporterismo, una realidad desbordada que a la postre terminaría por generalizarse en el panorama social del país. Para Rengifo, como lo indica el título de uno de los grabados, La violencia es un monstruo (1963). Su trabajo muestra una gran sensibilidad social y presenta versiones no oficiales de la realidad, asunto que a la postre los convierte en valiosos testimonios que ayudan a entender la historia más allá de las versiones de quienes han ganado o han detentado el poder.


Violencia de Alejandro Obregón (1920-1992) es considerada una de las piezas nodales de la historia del arte en Colombia. Exhibida en forma permanente en el Museo de Arte Miguel Urrutia como parte de la colección del Banco de la Republica, el lienzo opera como un señalamiento profundamente crítico sobre los sangrientos acontecimientos que enlutaron al país durante la guerra civil bipartidista que se libró entre 1948 y 1957 y que, además, ayudó a enmarcar los subsecuentes episodios de violencia que caracterizaron la década de los sesenta. Uno de los estudios muestra una mujer desnuda, encinta, que yace desangrada, sin vida, luego de ser acuchillada en el abdomen. El cuerpo inerte, que puede ser interpretado como un paisaje, como una metáfora de un país cuya geografía se desangra por la violencia, es una alegoría a la vida cercenada, condenada y sometida por los desmanes del terror de la guerra.



Alejandro Obregón Estudio para la violencia 1962 Óleo sobre masonita 22 x 36 cm Colección privada

Junto con los grabados de Rengifo y la pintura de Obregón es importante mencionar la xilografía La cosecha de los violentos (1968) de Alfonso Quijano (n. 1927). En ella, aparecen los cuerpos de campesinos asesinados, una imagen que no solo hace alusión al pasado sino también al presente. Masacres, desplazamientos, bombas, atentados, secuestros, reclutamiento infantil, ejecuciones extrajudiciales, disputas por el dominio territorial por parte de los grupos militares, guerrilleros o paramilitares, son algunas de las realidades en conflicto que señalan las obras que constituyen valiosos documentos para la memoria visual.


Pocos fotógrafos han documentado el dolor y la desolación que ha dejado el conflicto armado en Colombia como lo ha hecho Jesús Abad Colorado (n. 1967). Obras como Comuna 13, Medellín (2002), Comuna 13 (2002) y Río Atrato Municipio de Vigía del Fuerte, Antioquia (2002) presentan distintos matices del conflicto: una niña inocente, mirando juguetonamente por el agujero que había dejado una bala en el vidrio de una ventana; paramilitares divisando la ciudad de Medellín desde una colina; y un grupo de desplazados movilizándose en una canoa por un afluente impetuoso como el mismo conflicto armado. Si bien son una mínima muestra del trabajo documental de Abad, estas imágenes representan claramente la arbitrariedad del estado de zozobra que actualmente se vive en Colombia y que afecta a millones de hombres, mujeres, niños, adultos y ancianos, sean ellos víctimas o victimarios.


La inclusión de obras de arte moderno y las referencias históricas de obras más recientes sugieren que los movimientos sociales, las dinámicas políticas, la violencia generalizada, la guerra como efecto y el abuso de poder, que además aparecen como constantes en el desarrollo histórico de la región

La identidad de los protagonistas del conflicto es el tema de la obra Humanos Derechos (2008) de Fernando Arias (n. 1963) que incluye esculturas y video. Este último incluye cuatro proyecciones simultáneas en las que tres miembros de las facciones enfrentadas (militares, paramilitares y guerrilleros) y un campesino se despojan de sus uniformes y su armamento hasta quedar completamente desnudos. Una vez se deshacen de los signos de