Comunidades Emergentes: La Generación Perdida


Por Rafael Talmi




Amables lectores:


El hasta hoy muy difícil camino transitado durante el siglo 21 por las Comunidades Judías Emergentes en Colombia, requiere de urgente reingeniería. Entre otras fatalidades, están prendidas las alarmas por la desaparición de algunas comunidades de provincia, y en otras el inicio de la deserción entre la juventud y también de sus comunitarios.


Es tan angustiante el panorama que, si no reaccionamos, la generación de nuestros nietos terminará sepultando el sueño de tener nuestra descendencia de herederos judíos. A las comunidades emergentes también nos amenaza la asimilación.

El barco de estas familias de conversos al judaísmo que nacieron y/o crecieron en este siglo 21, que no tuvieron un marco institucional reconocido donde vivirlo y no lograron viajar a Israel, empieza a hacer agua.


Su única realidad fue la religiosidad de la sinagoga. Soñamos, y no fue más que eso, un sueño estéril de un proyecto de vida en Israel que no se materializo. No supimos o no pudimos ampliar el círculo social de amigos judíos, no logramos el acceso de nuestros jóvenes a los Juegos Macabeos, ni al Plan Taglit, ni formación sionista. Sus sueños de ir al Ejecito Israelí ya desaparecieron. Se esfumó el anhelo de su bachillerato y formación universitaria en Israel, de impregnarse de la cultura judía, y hoy sólo los abraza la frustración y la desesperanza.


Ha sido triste ver que nuestros jóvenes crecieron y, no habiendo con quien más, empiezan a casarse, juntarse, o convivir con parejas goím, al igual que lo hacen los conversos divorciados, solteros, viudos… en fin. Es tan angustiante el panorama que, si no reaccionamos, la generación de nuestros nietos terminará sepultando el sueño de tener nuestra descendencia de herederos judíos. A las comunidades emergentes también nos amenaza la asimilación.


Por otro lado, además de la generación perdida, no tenemos avances fundamentales que nos permita tener una Visión de Futuro. Nadie sabe qué hacer, no hay reglas para definir un camino ni con las comunidades tradicionales ni con el estado de Israel. Es paradójico ver que nuestra puerta de entrada al mundo judío fue la religión, y es precisamente el religioso señor Ministro del Interior de Israel el que impide la aliyáh a los emergentes.


A pesar de varios años de fidelidad, lealtad a la Toráh y al mundo judío, hoy se nos oponen en Colombia las comunidades tradicionales, y en Israel la Rabanut, la Sojnut y el Ministerio del Interior. Palabras más, palabras menos, tenemos en contra el mundo judío en general.


Es claro que nuestros contradictores externos no son otra cosa que el reflejo de nuestros enemigos internos, y por eso el proceso requiere, desde ya, urgente reingeniería interna y externa. O nos reinventamos o desaparecemos. Seguir haciendo lo mismo no dará resultados distintos. Hay que repensar la post-pandemia, que también ha sido mortal a nuestros intereses, pero hay temas que se pueden ir adelantando, sobre todo en organización.


Insisto en que es clave la unión en la Sinagoga y entre Sinagogas. Los egos, los orgullos, las ansias de poder, la envidia, los celos, la lashón hará, el motzi hará, nos ha hecho judíos de corazón duro, y la consecuencia de ello es la separación. Ya aprendimos que solo religiosidad no es lo que nos une. El verdadero pegamento para unirnos es haKadosh Baruj Hu, el Creador del Universo, y a EL solo llegamos a través de la kabaláh. Luego, si en realidad queremos unirnos, tendremos que incluir en nuestras sinagogas, además de los temas normales, el estudio de los Secretos del Zohar, el rezo con Kavanáh y la Meditación Kabalística para buscar realmente conocerle, admirarle y amarle. Sólo así lograremos un corazón tierno común que nos unirá y permitirá superar nuestras necesidades colectivas.


A nivel interno, es clave renovar las directivas en cada comunidad por miembros con visión y liderazgo y, a la vez, definir y/o retomar los programas de desarrollo de cada comunidad con el propósito de consolidarla en tiempos definidos, con metas a corto, mediano, y largo plazo.


A nivel externo, y es nuestra mayor falencia, es fundamental la unión para formar una única institución que nos represente, capaz de unir a la mayoría en una sola entidad, aprendiendo de las lecciones del pasado, y cuyo liderazgo pueda hacer el trabajo de integrar definitivamente todas nuestras comunidades, y no solo cuatro, en el mundo judío.


Ya tenemos dos experiencias fallidas al querer asociarnos, ambas atrapadas por la religiosidad. Una es la ACIC, que nunca pudo lograr la unidad y que durante los últimos años estuvo moribunda en angustiosa agonía, hasta que su inactividad apagó su luz. Y la otra, Kóaj, que nunca salió de la mente de otro religioso que la ideó. Las dos en la práctica desaparecieron.


Todos hacen falta en una comunidad; líderes, laicos, religiosos y comunitarios. Líderes programando y cumpliendo metas, y religiosos dedicados a enseñar Toráh, pues estos no tienen suerte ni visión como líderes comunitarios.


Este panorama actual, muestra nuestros fracasos en la forma y en el fondo. En la forma porque el método con nuestros familiares fue la fatal imposición religiosa. Y en el fondo, porque partimos de premisas equivocadas, luego la conclusión del silogismo de nuestra vida judía, fue este desastre de comunidades desaparecidas, con la deserción entre la juventud y comunitarios adultos, entre otros temas.


Estamos enfocados en esperanzas absurdas que pensamos nos abrirían las puertas de par en par. Vivimos pendientes de si las nuevas elecciones en Israel traerán un nuevo gobierno, con ministro del Interior no religioso, de mente abierta hacia los guerim colombianos para abrir la aliyáh, y eso no ocurrirá en los siguientes años. Creemos que las soluciones están en manos del Rabino Tal, o en tal institución. Craso error. Las soluciones están sólo en manos del Creador.

El proceso implica identificar y corregir paradigmas equivocados, y plantearnos premisas verdaderas para idear y ejecutar un Proyecto de Propósito hacia el futuro, y aprender que:


1. Las metas que anhelamos solo serán posible si contamos con la aprobación del Cielo.


2. Nuestros problemas no se solucionan en este mundo. La solución está en el Mundo de la Unidad, en el Mundo Espiritual, y solo los estudiantes de kabaláh saben hacer esa unión.


3. La integración de nuestras comunidades al mundo judío tradicional en Colombia, al Estado de Israel y la aliyáh, dependen únicamente del Creador. Algo no hemos hecho bien con EL para que no hayamos logrado nada.


4. El fortalecimiento comunitario en todas las áreas será la consecuencia del Crecimiento Espiritual, y este se da sólo con el conocimiento de los Secretos del Cielo.


5. La formación de nuestros jóvenes y, por ende, nuestras comunidades, debe ser parte de nuestra Visión de Futuro; debe ser integral para hacerla con pasión, emoción, inteligencia y espiritualidad en todos los campos: Crecimiento espiritual, conciencia elevada, corazón tierno, idioma hebreo, política, virtud, diplomacia, hasbará, religión, Estado de Israel, cultura, sabiduría, patria, historia, tradición… educación continuada. No solo religiosidad.


La reingeniería de nuestras comunidades emergentes requiere un liderazgo renovado con Visión de Futuro. O actuamos… o preparémonos para otra generación perdida que pudiera ser, חס וחלילה - jaz vejalila - el Cielo no lo permita- la última con nuestros nietos.


Nuestro reto es pues, apostarle a la educación integral, preparar la generación que sigue para continuar consolidando nuestras comunidades con éxito, y tomar conciencia de que la tarea por delante es dura, de largo aliento, de varios años… y de la mano del Creador.


Si nada de esto funciona, si persistimos en el error de brindar a los comunitarios una única realidad religiosa en la sinagoga, se agravará este caos, y la muy menguada generación de relevo tendrá que reinventarse de nuevo, y nunca olvidar que aprendimos con dolor, que las metas que anhelamos, solo serán posibles si contamos con la aprobación del Cielo.



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