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Cuando la pérdida de autoridad moral demanda un cambio

La erosionada credibilidad y minada autoridad moral de los líderes políticos convoca al pueblo a buscar un nuevo rumbo


Por el rabino Fishel Szlajen

En la esfera política y social las discusiones sobre la legitimidad de una causa en función de la integridad o carácter moral de su líder a menudo incurren en las falacias ad hominem y ad verecundiam. Estos razonamientos inválidos, pero psicológicamente convincentes, califican negativa o positivamente un argumento o posición mediante la desacreditación o ponderación de quien lo defiende o sostiene en lugar de refutar o validar su contenido.


el líder es aquel que determina la atmósfera ética en la que la sociedad se desarrolla, y la pérdida de autoridad moral debilita las bases de la legitimidad de las causas que representa.

Pero aun cuando la validez de una causa no depende de la integridad personal de quien la representa, esta última es indudablemente un factor importante en la evaluación y fuerza social de aquella, porque en la práctica la credibilidad del líder es fundamental para la legitimidad de las causas que defiende. Al comprometerse la autoridad moral del líder, por acciones indebidas, falta de coherencia o decisiones éticamente cuestionables, la percepción de la causa que abandera inexorablemente es afectada. En palabras de Max Weber, el líder es aquel que determina la atmósfera ética en la que la sociedad se desarrolla, y la pérdida de autoridad moral debilita las bases de la legitimidad de las causas que representa. Y tal como destaca la teoría del liderazgo transformacional de Bernard Bass y Bruce Avolio, cuando un líder carece de coherencia entre sus acciones y los valores que defiende, la legitimidad de las causas se ve inevitablemente socavada. En este sentido, la historia está marcada por casos donde la pérdida de autoridad moral del líder ha influido directamente en la percepción de las causas que representaba.

Por un lado, José Stalin, cuya pérdida de autoridad moral conllevó la de su causa social y del sistema o ideología político-económica implementada. Considerado inicialmente un defensor de la igualdad, su régimen se caracterizó por la represión, purgas políticas, asesinatos y totalitarismo, más millones de muertes por hambrunas forzadas, minando gravemente la credibilidad de las izquierdas políticas. Fidel Castro, erosionando su autoridad moral como líder, la de su causa y sistema, inicialmente fue visto como un luchador por la justicia social pero su régimen se caracterizó por la falta de libertades individuales y políticas, sumo empobrecimiento de su población más violación de derechos humanos, socavando la credibilidad de la izquierda progresista latinoamericana. Similarmente podría predicarse de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Daniel Ortega y otros líderes regionales quienes, a pesar de su retórica de igualdad y justicia social, sus mandatos devinieron en regímenes totalitarios, altamente represivos cercenando libertades individuales, extremo deterioro económico y empobrecimiento de su población, marcados por la corrupción y degradación institucional, produciendo las más graves crisis históricas de sus respectivos países. Como indica Arthur Lupia, generando finalmente desconfianza y rechazo generalizado de su sistema e ideología política.

Por otro lado, y en comparación con estos casos, es posible citar el escándalo de Watergate y la pérdida de confianza en Richard Nixon no sólo lesionando su liderazgo sino también desacreditando sus políticas, debiendo renunciar. Pedro Kuczynski, ex presidente de Perú, también malogró su autoridad moral por acusaciones de corrupción y vínculos con la empresa Odebrecht, minando la confianza del pueblo peruano en su liderazgo y resultando en su dimisión. Silvio Berlusconi, quien, a pesar de su éxito político, degradó su autoridad moral debido a una serie de escándalos personales y acusaciones de corrupción. La inapropiada y escandalosa relación de Bill Clinton con una becaria de la Casa Blanca, lo puso al borde de la destitución por la interferencia de sus asuntos personales con la autoridad moral y política.

Aquí se observa que, en los primeros casos citados, la pérdida de autoridad moral del líder se agrava por el trágico resultado socioeconómico y cultural del sistema o ideología política elegida para instrumentar aquellas causas. Contrariamente a los segundos casos, donde la pérdida de autoridad moral debido a la falta de integridad y ética personal del líder, aun logrando avances significativos en lo político, socava la confianza de la población en él, pero no en el sistema ni en el partido político.

Y esto mismo ocurre con causas sociales muy nobles que, padeciendo transitorias decepciones en su implementación, han sobrevivido por su éxito en las políticas generales instrumentadas para ello. La Revolución Francesa de 1789, promoviendo igualdad, fraternidad y libertad, ha sido exitosa aun malograda coyunturalmente por el Comité de Salvación Pública ejecutando a miles de acusados por deslealtad política, contrariando sus mismos principios de justicia. El Movimiento de los Derechos Civiles en Sudáfrica liderado por Nelson Mandela, ha sido exitoso a pesar que el Congreso Nacional Africano se aferró al poder después de la abolición del apartheid, erosionando su autoridad moral por la corrupción y mala gestión, aumentando la brecha entre sus líderes y la población. El movimiento feminista de la segunda ola en los ´60 y ´70, abogó exitosamente por la igualdad de género y la liberación de la mujer a pesar de algunos sectores devenidos en dogmáticos y radicales, socavando su propia causa. El Movimiento Occupy Wall Street en 2011 como protesta contra la desigualdad económica y la influencia desproporcionada de las grandes corporaciones, ha tenido éxito pese a la caótica ocupación de espacios públicos sin soluciones prácticas. Esta diferencia en el socavamiento de la autoridad moral de un líder o de una causa, al conllevar o no el del sistema o la ideología política instrumentada, subraya la conexión entre la ética de los métodos utilizados y la legitimidad de la causa misma. Porque cuando los métodos empleados minan los principios fundamentales que la causa busca promover, la autoridad moral de esta se debilita. Nuevamente es Max Weber quien indica que aquellos que buscan el bienestar social tienen la responsabilidad de prever las posibles consecuencias negativas de sus acciones mitigándolas para mantener su legitimidad y respaldo público. Así, resulta crucial reconocer que la metodología e instrumentación deben estar alineadas con los principios fundamentales que la causa defiende para preservar su autoridad moral y legitimidad a largo plazo.

En términos vernáculos hemos cumplido 40 años de ininterrumpida y consolidada democracia, tiempo mayor al requerido por el común de los países para devenir económica, social y culturalmente prósperos, incluso luego de padecer guerras. En este periodo, bajo las más nobles causas sociales declamadas el peronismo ha gobernado el 75% del tiempo, y el 25% restante entre el radicalismo (15%) y macrismo (10%). Su actual resultado es un 43% de pobreza; 10% de indigencia; 140% de inflación anual acumulada y alto nivel de corrupción estructural según el IPC. Sólo el 16% de alumnos finaliza la escuela primaria en tiempo y con aprendizajes satisfactorios y sólo el 53% finaliza la secundaria en el ciclo curricular previsto, sumado al 60% del alumnado universitario sin compresión lectora, ubicando a la Argentina por debajo de la media en América Latina. Un 38% de la población sin cloacas y un 15% sin agua potable ni corriente. El 52% de la población recibe algún tipo de asignación social, transferencia de ingresos o planes asistenciales por parte del Estado y el 37% de los asalariados registrados a nivel nacional pertenecen al sector público.

Frente al próximo balotaje y considerando este breve análisis más los mencionados índices locales, resulta claro que la erosionada credibilidad y minada autoridad moral de los líderes políticos conllevando además la propia de la matriz ideológica política que ha gobernado mayoritariamente, convoca al pueblo a producir un sustancial cambio.

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