De Yoshka a Yehí: Crónicas de un disidente de Jabad



Por el rabino Daniel Shmuels

Hace aproximadamente dos mil años, en la provincia romana de Judea, en un tiempo de dificultades sociales, económicas y opresión religiosa, la creencia judía oral acerca de un mesías tomó una fuerza enorme entre el pueblo debido a que esta propone la llegada del mesías en tiempos oscuros, entre otras tantas circunstancias y posibilidades.


A falta de uno, surgieron alrededor de catorce a dieciséis personajes que potencialmente presentaban las supuestas características que el esperado mesías debe tener. Con el paso del tiempo estos personajes empezaron a tener cierta cantidad de seguidores hasta el punto de eventualmente desarrollarse en sectas seguidoras de un mesías o sencillamente sectas mesiánicas dentro del judaísmo de esa época.


Las teorías arqueológicas e históricas que circundan alrededor del devenir de las diferentes sectas mesiánicas y sus respectivos líderes en esa época son poco claras y en el mejor de los casos resultan poco convincentes. Una de ellas apunta a la secta de los esenios, la secta que escribió los famosos rollos del Mar Muerto. Sin embargo, de ella no tenemos ningún registro histórico de un líder mesiánico; entonces, el asunto desfallece nuevamente en un intento fallido de puntualizar sobre dichas sectas, su respectivo líder, su cotidianidad y su devenir.


De cualquier forma, entre todas esas sectas, surge una cuyo líder va a cambiar la historia del mundo para siempre. Un personaje que dentro de los círculos religiosos judíos ortodoxos y en la literatura rabínica va a ser nombrado Yoshka. Técnicamente de nombre hebreo: Yehoshua Ben Yosef. Algunas fuentes históricas nos dicen que sus seguidores lo llamaban “Yehoshua Rabeinu” y/o “Yehoshua Moreinu”; entre otras, para diferenciarlo de Yehoshua HaNaví. Hoy en día, en algunos círculos cristianos es llamado Yeshua. Innegable también es el intento rabínico de cambiar (denigrar) su nombre de Yehoshua, a Yeshua, a Yeshu hasta llegar al peyorativo Yoshka o Yoshke. Un hombre que nació judío, vivió como judío y murió siendo judío.


Los pormenores de su vida no son el objeto de este escrito; en cambio, son el impacto de sus enseñanzas y legado los que nos van a guiar para entender el riesgo que corre nuestro judaísmo ancestral por estos días con la aparición de Minjaguim halájicos por parte de una secta jasídica que está recorriendo el mismo camino que los seguidores de este personaje recorrieron hace más o menos dos mil años.


De entrada, me es imprescindible subrayar y establecer que, de acuerdo al judaísmo, bajo ninguna circunstancia Yoshka es el mesías judío y mucho menos lo es para el resto del mundo. Por un lado, mesías literalmente significa “mundo arreglado”, ese es el concepto que subyace en relación con su llegada en un momento oscuro para Israel y la humanidad. Pero, por si no lo sabían, han pasado dos mil años y el mundo no está arreglado; de hecho, cada vez está peor. Halájicamente, el mesías tiene que cumplir una serie de requisitos (léase Hiljot) que debe llevar a cabo en esta vida más no en una próxima venida, Hiljot que por cierto Yoshka jamás cumplió.


Si bien Yoshka no es el mesías para el pueblo judío, él definitivamente lo es para el 31.11% de la población mundial de acuerdo al Pew Research Center en resultados presentados el 15 de junio del 2020. De hecho, esa es la afiliación religiosa más grande en el mundo en la actualidad. Aquellos que somos y nos identificamos como judíos sólo somos el 0.18%. Esto, incluyendo todo tipo de denominación judía.


He aquí la lección que debimos haber aprendido en su debido momento, Yoshka al igual que sus contemporáneos proclamados mesías no fueron considerados por el Sanedrín como una amenaza al judaísmo per sé sino como una amenaza al establecimiento judío, en este caso la autoridad representativa del Sanedrín. En el caso de Yoshka esto es sumamente importante porque una verdad absolutamente innegable es que él estaba entrenado en la hermenéutica Halájica judía farisaica de ese momento histórico. Yoshka no era el hijo del vecino que andaba hablando charlatanerías. El personaje era extremadamente educado en Halajá y Mishná. Es precisamente por eso mismo que el Sanedrín no lo vió como una amenaza al judaísmo per sé; en cambio, lo vió como una amenaza al establecimiento, como un agitador social. Sin embargo, a pesar de las diferentes versiones de los hechos, nada hizo el Sanedrín para detener sus enseñanzas en vida ni post mortem. ¿Qué habrán pensado en su momento los sabios del Sanedrín? No lo sabemos, lo que sí podemos asegurar es que no le prestaron la más mínima atención a otro más que era proclamado mesías.


El asunto cambia cuando unos trescientos años después los seguidores de Yoshka han crecido hasta el punto de sobrepasar la población judía general y el emperador romano Constantino legaliza el cristianismo, protegiendo a los cristianos de persecuciones, para finalmente, según algunos historiadores, en su cama de muerte, convertirse al cristianismo. Ya en la diáspora, redactando la Guemará, los rabinos ven que el rechazado mesías se ha convertido en el eje central de una nueva y poderosa religión. El asunto no tomó trescientos años, más bien la cosa fue rápida gracias a la aparición de un personaje llamado Shaul HaTarsí quien después de su conversión al cristianismo, al mejor estilo de los actores de Hollywood, se cambió el nombre para ser conocido como Pablo de Tarso. Personaje que por cierto hizo enormes aportes al canon cristiano y aumentó las filas cristianas gracias a su labor proselitista y al establecimiento de varias comunidades cristianas en Asia Menor y Europa.


Aproximadamente dos mil años después de Yoshka caminar sobre la tierra, en Guimel Tamuz del 5754, junio 12 de 1994 DEC, en Brooklyn, fallece a la edad de 92 años el Lubavitcher Rebbe. Las reacciones a su muerte resultan contradictorias. Por un lado, algunos de sus seguidores sentimos un dolor enorme por haber perdido al Tzadik de nuestra generación; sin embargo, por otro lado, otro gran tanto de sus seguidores deciden salir a las calles a bailar y tirar sandías al suelo. En principio supuse que se trataba de la alegría que el Rebbe ahora estaba junto a Dios. ¡Estaba equivocado!


El verdadero motivo por el cual esos seguidores del Rebbe bailaban y cantaban era porque ese momento, el momento de su muerte, establecía formalmente que el Rebbe era el tan esperado mesías. La verdad, no sé de dónde sale esta idea tan absurda en un grupo de judíos altamente educados en Halajá. Sin embargo, los hombres de ese grupo de seguidores salieron a las calles en manada a bailar en círculos cantando a grito herido: “Yehí Adoneinu Moreinu VeRabeinu Melej HaMoshiaj LeOlam Vaed”.


Según ese grupo de seguidores, el Rebbe literalmente cumplió todas las Hiljot HaMoshiaj que están establecidas en la Halajá, específicamente en la Mishná Torá del Rambam, en Hiljot Melajim. Paradójicamente, fue el Rebbe mismo quien incorporó dentro de nuestro estudio la lectura de uno a tres Perokim (párrafos) diarios de la Mishná Torá. He repasado estas Hiljot una y otra vez y puedo afirmar tajante y definitivamente que el Rebbe de Jabad Lubavitch jamás llegó a cumplir ninguna de ellas. Repito, absolutamente ninguna de las Hiljot HaMoshiaj fueron cumplidas en vida por el Rebbe, por más que sus Jasidim quieran nombrar hechos históricos incoherentes y traídos de los cabellos como pruebas contundentes; que por cierto, lo único contundente en ellas es lo absurdas que son.


También resulta paradójico que ellos creen de hecho que el 15 de Iyar del 5775, el Rebbe aceptó su rol como mesías al promover el canto conocido hoy como “Yehí”, el canto que acabo de mencionar. Canto que para ellos establece su reinado como mesías y canto que ellos pronuncian hoy en día después de cada rezo y antes de acostarse, al finalizar la lectura del Kriat Shemá Al Hamitá. A esos seguidores del Rebbe Lubavitch se los conoce hoy en día como “Yehí” o “Meshejistes” (mesiánicos), por su adherencia a esa afirmación obsoleta, absurda, sin fundamento y contraria a toda nuestra Halajá y tradición.


A propósito de ese momento inicial cuando el Rebbe promueve el canto de Yehí, que la gran mayoría de sus Jasidim creen hoy en día que es su asunción al trono de mesías, es leído por otros, incluyéndome a mí, como el momento cuando el Rebbe formalmente lanza su campaña de “Moshiaj Now” (mesías ahora), pero no para él mismo establecerse como mesías sino para abrir el camino, labrar la tierra, para la llegada del mesías ya que una de las Hiljot del Rambam establece que el mesías vendrá cuando todos los judíos observen Torá. Tanto la tradición oral como la Halajá nos dejan la puerta abierta a dos posibilidades para la llegada del mesías; a saber, que el mundo y Klal Israel estén en la oscuridad absoluta o cuando todos los judíos del mundo observen Torá. Lo que el Rebbe quería, al promover este canto y al aceptar regalos de panderetas de las Rebbetzin de Jabad con la inscripción de Yehí, era que llegara el mesías lo más pronto posible y que sus Jasidim y Shlujim (emisarios) se dedicaran a unificar y educar a todos los judíos del mundo sobre la importancia y el efecto que cada judío tiene con Dios y con la futura llegada del mesías gracias al cumplimiento de Mitzvot, más no que lo proclamaran como mesías. En mi corazón, esa sigue siendo mi posición actual.


Reconozco públicamente que mi amor, admiración y apego al Rebbe como el Tzadik de nuestra generación es auténtico y verdadero, inclusive escribiendo este texto. Fui a una Yeshivá del Rebbe y me siento orgulloso y honrado por ello, por ser parte de un grupo selecto de judíos que podían estudiar en una de sus Yeshivot. Hasta hoy en día continuo con todos los Minjaguim de Jabad con la excepción de unos cuantos que van de la mano con esa posición Yehí de Jabad. Tengo la absoluta certeza que la labor educativa judía del Rebbe es incomparable con ninguna otra figura judía moderna. Los esfuerzos del Rebbe por aumentar la observancia del judío laico en el mundo entero es una obra majestuosa justa de admiración universal. También estoy seguro que el Rebbe tenía todas las cualidades para ser nuestro mesías, pero no lo fue y no lo es.


Las Hiljot HaMoshiaj claramente establecen que el Rebbe Lubavitch no es ni puede ser el mesías judío porque sencillamente no cumplió ninguna de ellas; sin embargo, con el paso del tiempo, la idea del Rebbe como mesías aumentó drásticamente hasta apoderarse, hoy en día, de la gran mayoría de Lubavitch. En mi época de Yeshivá se veía el asunto de Yehí con muy malos ojos; de hecho, estaba prohibido cantar públicamente Yehí después de Davening (rezar), al igual que celebrar el Yortzait del Rebbe como si fuera un Jag donde se excluyen e incluyen ciertos rezos y se llevan a cabo otras observancias características de un Jag.


Hoy en día la cosa es muy diferente, el hecho que prácticamente todo Lubavitch sea Yehí implica un riesgo a nuestro judaísmo ancestral tal como lo conocemos actualmente. El establecimiento Haredí, así como el Sanedrín hace dos mil años, no ve ningún problema en que la secta jasídica de Jabad Lubavitch considere a su Rebbe muerto como el mesías porque en última instancia, ellos son judíos observantes que cumplen el judaísmo completamente. Exactamente igual a como el Sanedrín vio en principio a los seguidores de Yoshka. En este punto, cabe subrayar que ha habido rabinos muy reconocidos en Medinat Israel que han considerado a Jabad como una religión aparte del judaísmo porque ese concepto de considerar a su Rebbe como mesías los separa de nuestra fe.


En este momento, esos Jasidim que consideran a su Rebbe mesías siguen siendo judíos como lo fueron los primeros cristianos; empero, en un futuro, ¿Quién nos puede asegurar que las cosas no cambien? Sólo falta que surja un Pablo de Tarso en nuestros días y un Constantino unos siglos en el futuro. Recordemos que fue Pablo de Tarso quien cambió por completo el cristianismo; el cual, en un principio exigía una conversión formal al judaísmo para ser seguidor de Yoshka. Pablo de Tarso no sólo abolió la conversión al judaísmo, exigida en principio, sino que para obtener más adeptos al naciente cristianismo suprimió todas las leyes fundamentales del judaísmo como Brit Milá, Kashrut, Shabat, etcétera.


Ahora bien, regresando a la idea que el establecimiento Haredí considera a los Lubavitch como judíos observantes ortodoxos; vale la pena preguntarnos, ¿Qué tan judíos son ellos realmente? Sin entrar en detalles de Minjaguim, cosa que todas las comunidades tienen, un aspecto básico, un pilar fundamental del judaísmo son los Yud Guimel Yikarim Shel Rambam, los Trece Principios de Fe de Maimónides; ellos son Halajá, ellos son una exigencia básica para ser o considerarse judío. El décimo segundo de esos principios establece que todo judío debe creer con fe perfecta en la llegada del mesías aún cuando su llegada se demore y, a pesar de ello, seguiremos esperando expectante por él, todos los días, por su llegada. Entonces, ¿Cómo puede ser un Yehí Lubavitch un judío completo observante ortodoxo cuando uno de los principios fundamentales de la fe, exigido por la Halajá, es inexistente? ¡Es imposible!


Nuestra Halajá establece que el mesías será reconocido como tal por todos los reinos y todos los hombres de la tierra. Hasta donde yo sé, más del 99% de la población mundial no tiene la más remota idea quién fue el último Rebbe Lubavitch. Por consiguiente, ¿en la cabeza de quién puede surgir una afirmación de esta índole? Y más aún, ¿a cuentas de qué el establecimiento Haredí considera que a pesar de esto ellos son judíos ortodoxos observantes? Por Dios, ¡no creen en uno de los principios básicos de nuestra fe!


He aquí lo paradójico del asunto, el establecimiento Haredí se preocupa más por el posible riesgo de “infiltración” de cristianismo o ideas cristianas dentro de las conversiones masivas de los Nisuim, esas comunidades enteras de conversos llamadas inapropiadamente emergentes, que de un devenir tipo Yoshka dentro de las filas de Jabad. Y peor aún, muchos de los Batei Din de America, aprobados por su majestad el Gran Rabinato de Israel, están conformados por rabinos de Lubavitch que le exigen al futuro hijo de Israel que se sepa y que crea con fe perfecta en los Trece Principios de Fe, que paradójicamente ellos no creen. Esto es lo que yo llamo absurdum absurdum. El Gran Rabinato se preocupa por el legado cristiano de los Nisuim porque pueden seguir creyendo en Yoshka, cuando al mismo tiempo y en su propia casa se está cocinando el mismo concepto de Yoshka con la creencia de una basta mayoría de Jabad que su Rebbe es el mesías. Como dice el dicho, “en casa de herrero azadón de palo”.


El riesgo del concepto de Yehí dentro de Lubavitch para el judaísmo es muy semejante al de los seguidores de Yoshka en su principio. Todo era judaísmo puro y poco a poco la cosa fue cambiando hasta la llegada de Pablo de Tarso. Así está pasando en Lubavitch, Minjaguim están siendo incorporados dándole una nueva forma al calendario judio. El Yortzait del Rebbe Lubavitch se convirtió en cosa de 20 años en un Moed, en un Jag formal. Pasó de ser algo “ilegal” y mal visto a la norma que se debe seguir para ser judío de Lubavitch.


El día del Yortzait del Rebbe es el día más importante dentro del calendario de Yehí Lubavitch, es el día en el cual su trono como mesías fue establecido por Dios. Para celebrar ese día existe toda una legislación que actualmente cumple todo Lubavitch bajo la aparente excusa que simplemente es el Yortzait del Rebbe de esta generación. La manera como hoy en día se celebra ese día va más allá de un simple Yortzait. De hecho, cualquier judío que vea desde afuera los Minjaguim exigidos para ese día, indudablemente nota el aspecto de Jag o Moed en que dicho día se ha transformado.


Los preparativos para ese día son más apremiantes que las Hiljot que tenemos antes de Yom Kipur. El Shabat antes del Yortzait es obligación que todos los hombres mayores de trece años obtengan un Aliyah durante la lectura de la Torá, dejando la sección de Maftir para la persona más piadosa del recinto. Es por ello que en las Yeshivot del Rebbe y en congregaciones grandes como 770, lugar donde residía el Rebbe, se hacen varias lecturas simultáneas de la Torá. Antes de caer el sol, en Erev Yortzait del Rebbe, todos los hogares deben encender una vela de Yortzait en el lugar donde se encienden regularmente las velas de Shabat.


Durante los rezos del día del Yortzait, se excluyen y agregan partes de la Tefilá que pronunciamos o no durante los Jaguim; por ejemplo, no se reza Tajanún pero se agrega Hallel. El Jazán de este día debe variar para cada rezo y se tienen que encender cinco velas en frente de él, en el podio donde guía el rezo. Al finalizar cada rezo se canta en unísono Yehí en tanto se baila alrededor de la Bimá. Todos los hogares deben tener comidas festivas después de Maariv y Shajarit. Después de Minjá y antes de Maariv, al mejor estilo de Seudat Purim, es necesario que todos los Jasidim del Rebbe hagan un Farbrenguen con invitados de honor para celebrar, festejar y prolongar este día lo más posible entre comida, bebida y Sijot del Rebbe sin que falten los Nigunim ni el tan afamado, entre ellos, Yehí. El procedimiento general es que todo Fabrenguen termina con el canto de Yehí.


Aparte de ello, es necesario escribirle una carta al Rebbe para ser leída en el Ohel seguida de la lectura de Tehilim, finalizando el acto con una ruptura de la carta; la cual, después de todo esto es lanzada sobre su tumba. Si no se puede ir físicamente al Ohel, se puede enviar la carta vía email para que los encargados de esta labor lo hagan en su lugar. Así mismo, después del rezo de Maariv del día en que inicia el Yortzait, una persona es honrada para decir en público y de memoria el Maamar que fue impreso el día del fallecimiento del Rebbe titulado Bati LaGani. Por ello, antes de este día es necesario que todos los Jasidim del Rebbe aprendan de memoria este texto. En algunas comunidades e Yeshivot el Maamar cambia por aquel que fue dicho por el Rebbe antes de su muerte titulado VeAtá Tetzavé para ser entonces ese es el que se aprende de memoria. También es obligación que antes de cada rezo se debe estudiar un capítulo del Tanya (libro central dentro de la filosofía de Jabad).


Es parte de nuestra tradición conmemorar el Yortzait de nuestros padres y es comprensible que una denominación ortodoxa recalque la importancia de su líder principal el día del aniversario de su muerte; inclusive, el que dentro de cada secta jasídica se haga un Fabrenguen el día del Yortzait del Rebbe de esa generación. Pero de ahí a crear todo un ritual y un Yom Tov donde el saludo del día es Gut Yom Tov, la cosa cambia y presenta una fracción que se aleja de todo concepto ortodoxo del judaísmo.


Son muchos aspectos los que se me quedan por fuera para cuestionar y reprochar el concepto de Yehí Lubavitch en relación con el riesgo que esa afirmación representa para nuestro judaísmo; empero, considero que los presentados son los principales en proponer la posibilidad de un camino muy semejante al devenir que los seguidores de Yoshka tuvieron en su momento para la creación de una nueva religión. Tal vez el silencio dentro de los disidentes de Jabad y por parte del establecimiento Haredí tiene que ver con la remota idea que las filas del judaísmo pueden llegar a crecer como lo llegó a hacer el movimiento cristiano. Sin embargo, eso no pasa de ser pura especulación mía.




הרב דניאל יעקוב שמואלס אברהמס

חרב דישא

די פריוואט שול פון נארת מיאמי

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