Duele Bogotá, sangra Bogotá…



Por David Alejandro Rosenthal

Natalia Castillo, una joven periodista fue asesinada de forma vil en Bogotá con tan solo 32 años. En el tradicional sector de Teusaquillo, en el barrio Galerías sucedió uno de los lastimosamente tantos crímenes que pasan día a día en la capital del país.


Bogotá es una jungla de cemento. Una jungla a la que cualquiera que salga ya no va a querer volver. Una jungla que aleja, que distancia. Se convierte cada día que pasa en algo cada vez peor.

Y, ¿es que quien no tiene miedo de salir en horas de la noche en Bogotá? Lo cual es algo que parecería absurdo en otras ciudades y países, en Bogotá es “el pan de cada día”. Se sale de las manos el crimen a las autoridades, o al menos eso es lo que dicen. ¿Por qué no hay refuerzos policiales en las calles a esas horas? Incluso debería haber Policía Militar haciendo guardia, ya que tantos criminales andan sueltos.


No es posible que estén matando a la gente en Bogotá como si nada. Es más que una lástima, es una vergüenza, es una ciudad fallida con una administración atroz, inepta, viciada y otro sinfín de adjetivos calificativos negativos. No hay justificación alguna para el terror que se vive en las calles de Bogotá. ¿Hasta cuándo? Eso es lo que nos preguntamos todos.


Da es impresión ver lo que sucede y además como puede aumentar de forma sustancial la inseguridad y la criminalidad en la época navideña o decembrina. Y no es un mito o una leyenda, ni siquiera algo que resuena entre dientes, los criminales venezolanos que han llegado a Colombia, en general, han traído consigo nuevas modalidades de fechorías, a niveles ya de atrocidad, monstruosidad o barbarie.


Bogotá es una jungla de cemento. Una jungla a la que cualquiera que salga ya no va a querer volver. Una jungla que aleja, que distancia. Se convierte cada día que pasa en algo cada vez peor.


¿Dónde están las soluciones? Pareciera no haberlas. El caso de Natalia Castillo es muy doloroso. Es una mártir y su sangre debe ser redimida. Está joven periodista al momento de fallecer en la clínica Palermo, era asesora de comunicaciones para la Organización de las Naciones Unidas en Colombia para la droga y el delito (ONU). Anterior a esto fue parte de los equipos de la Jurisdicción Especial para la Paz, la Autoridad Nacional de Televisión y la Agencia para la Reincorporación y la Normalización en donde realizaba las funciones de estratega de la Oficina Asesor de Comunicaciones.


Natalia Castillo lo único que hizo es que fue a tomarse una cerveza con sus amigos y nada más. Unos seres deshumanizados le arrebataron la vida por su celular.


No hay palabras. Duele Bogotá, sangra Bogotá. Pero, en un par de semanas y de meses esto ya se habrá olvidado. Es mediocre cómo funcionan las cosas en la capital. Así que la única forma de mantenerse a salvo es no saliendo de la casa, no sacando el celular, teniendo escoltas y viviendo en realidades paralelas, burbujas o bolas de cristal, mientras que afuera jóvenes como Natalia Castillo son desaparecidos.


A la hora de la verdad, las autoridades lo único que hacen es ofrecer multas de millones de pesos y los criminales, aquellos que sirven al mal, esos demonios transitan por las calles de Bogotá e incluso son los que saldrían a votar en las urnas, acá todo es posible. No por 20 millones sino por 20 mil pesos. Esos mismos que no tienen remedio si de destruir la ciudad se trata. Mientras tanto en la Alcaldía y en las demás entidades no ha pasado nada.


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