El "AD10S" de un mortal cuyo fútbol es inmortal. La Iglesia Maradoniana se quedó sin dios.

Actualizado: 29 de nov de 2020



Por Mauricio Hoyos Echeverri

Si en Estados Unidos cada ciudadano que hoy pasa los 65 años sabe perfectamente que estaba haciendo cuando asesinaron a John F. Kennedy y cada brasilero, mayor de 35 sabe perfectamente que hacía cuando se accidentó Ayrton Senna, la fecha y la hora en que murió Diego Armando Maradona quedará marcada a fuego, tanto que nos costará a muchos recordar que también un 25 de noviembre, falleció un tal Fidel Castro.


El día que llegue, llegará. Podría ser hoy o 50 años más tarde. Lo único seguro es que llegará”. Ayrton Senna

Y lo impactante es que sorprenda, conmocione y paralice la noticia de la muerte de uno de los seres más auto-destructivos como geniales que el mundo conoce que viene coqueteando con ella desde el año 2000. Miento, desde los dos años, cuando se cayó a una cloaca y fue salvado por su tío Ciro. Y desde siempre, porque en Villa Fiorito, abundaba la inseguridad, el hambre y los peligros.


Argentina no es Colombia y siempre digo que son tan hermosamente diferentes y complementarios. Pero lo que sí se parecen es que en medio de la tranquilidad de tu casa puedes sentir cualquier atisbo de manifestación o una celebración de un gol, sacudiendo los cimientos del edificio y tu paz espiritual. Y eso sucedió a la 1:10 pm de la tarde del 25 de noviembre de 2016. Pitos. Ruidos. Cacerolas y gritos espontáneos nos despertaron de nuestra hermosa rutina de cuidar a nuestro hijo, Esteban de cuatro meses. “Debe ser alguna protesta contra el gobierno”, dijimos y lo dejamos ahí.


Que le pasara algo a Maradona estuvo siempre descartado. Porque las últimas noticias hablaban de una recuperación milagrosa, de una inminente vuelta a entrenar a Gimnasia y de que esta nueva oportunidad, la enésima, si la iba a tomar en serio. Ese descarte hace parte de haber incorporado la máxima maradoniana: todo lo que le pasa lo va a gambetear cómo lo hizo con 5 ingleses en el gol del Siglo. Tolerancia ante lo dramático, que ni locos tenemos con nosotros mismos o con quienes amamos.


No han pasado siquiera 24 horas y es imposible encontrar los diarios a las siete de la mañana. Todavía retumban los aplausos en todo el país a las 10 de la noche. La mayoría de los estadios se iluminaron a esa hora. Hubo vigilia al frente de la sala de velación, en la cancha de Boca, en la de argentinos, en la Casa Rosada y fiesta en el Obelisco. Fue la primera vez que no pude dormir en estos cuatro meses y mi hijo Esteban no fue el responsable. Pero paradójicamente, la persona que genera todo esto, murió según dictamen oficial, sin haber sido visto por alguien desde las 23 horas del martes 24 a las 12 del día 25. En la más absoluta soledad, aislado de una familia que consta de 7 hermanos, una ex esposa, dos ex parejas estables, 5 hijos y 4 nietos.


No sólo Argentina se conmocionó. El mundo entero también. Un cultor de la palabra justa y florida como Jorge Valdano, se paralizó y lloró en público. A uno de los gestores del fenómeno Maradona como lo conocemos, Carlos Salvador Bilardo, quién tiene serios problemas de salud desde hace dos años, le cortaron el cable para que no lo alterara la noticia de la muerte del “hijo que nunca tuvo”. El Real Madrid, el equipo más mediático del mundo, el que paraliza las salas de redacción, con sólo respirar, le ganó al Inter de Milán de visitante y pasó a un tercer plano. Al igual que esta pandemia del Terror.


Diego ha sido el personaje público que más he admirado. Obviamente lo quiero por lo mismo que lo respetan todos, hasta sus más duros contradictores: porque fue uno de los que mejor jugó este deporte, el más popular. Es paradójico que sólo haya un mundial y su estadía en el Napoli para estar allá arriba, en la cima. Un punto al que a Pelé le llevó 19 años, 1200 goles y 3 mundiales y a Messi 34 títulos y tener que como Maradona todos partidos. También fue de lejos el personaje más mediático de nuestro tiempo, rubro en el que compitió en su época con Juan Pablo II, Fidel Castro, Ronald Reagan y Michael Jackson.


Y fue de lejos es el jugador que más político, el más anti-sistema dentro de la historia fútbol, el que por haberse lucrado tanto, no olvidó sus orígenes, su conciencia de clase. Tanto que Sócrates y la democracia corintiana quedan a un segundo plano. Con una anticipación de 29 años, advirtió que la FIFA no sólo era una multinacional del fútbol sino una mafia. Por eso no sólo hay que atribuirle a las drogas y el entorno, parte de la decadencia, sino a que como dijo él en su autobiografía: “todavía hay personas vivas, muy poderosas, que dijeron ‘Hazle esto a Maradona’ y lo hicieron”. Y con eso le cortaron la carrera.


Conmoción mundial el Covid-19. No la muerte de un jugador de 60 años que hace 23 dejó de jugar y se hizo todo el daño del mundo, no fue un Dios y fue un mal ejemplo”, me acaba de decir uno de los mejores profesores que tuve en la Universidad. Y tiene razón. Pero el mundo es lo que es con todo y sus imperfecciones. Y Maradona es lo que es gracias a fútbol y los medios. Tan necesarios como dañinos. Y tan capitalistas. Y si todos lo endiosamos y lo maltratamos, para mal o para bien, tenemos parte de la culpa.


El vínculo de Maradona con Dios ha estado siempre en evidencia a lo largo de toda su trayectoria. Hijo de una ferviente católica, siempre entraba a la cancha, persignándose pero a su vez. Fue muy crítico de su religión desde que cuestionaba a Juan Pablo II porque no vendía su techo de oro para ayudar a los niños pobres del África pero jamás renegó de ella ni se alejó como hacen muchos comunistas cómo se consideraba él y muchos millonarios cómo era él. Nunca dejó de practicar su fe. Ni en el Muro de los Lamentos, en Jerusalem al que fue tres veces, antes de los mundiales de México 86, Italia 90 y Estados Unidos 94. Incluso le atribuyó a “la mano de Dios” el milagro de que un juez de línea y un árbitro no advirtieran una mano tan evidente.


A Diego le daba vergüenza que le dijeran que era D10S y le molestaba que lo criticaran muy duramente porque él era un “ejemplo”. Para él, los únicos ejemplos eran los “padres” y el quería serlo para sus hijas.

“Maradona fue el más humano de los dioses”, ha sido una de las máximas de Eduardo Galeano y tiene razón. Siempre hacía énfasis en que los argentinos necesitaban sentirse identificados con un “dios” imperfecto pero que hacía milagros en la cancha. A diferencia de Messi, Maradona representa lo que muchos somos. Y no lo que deberíamos ser. Y darle el rol de deidad no se debió a que jugó al fútbol como nadie, sino que en un país oprimido por malos gobiernos peronistas y una cruenta dictadura militar que los llevó a enfrentarse militarmente con la tercera Potencia del Mundo, Maradona en un Mundial y en un partido, jugando cómo ningún solista lo había hecho en una Copa del Mundo, devolvió la afrenta y democratrizó la felicidad como ningún gobierno lo ha hecho.


A Diego le daba vergüenza que le dijeran que era D10S y le molestaba que lo criticaran muy duramente porque él era un “ejemplo”. Para él, los únicos ejemplos eran los “padres” y el quería serlo para sus hijas. Sin embargo, no se escandalizó ni se avergonzó de la existencia de los fieles de la Iglesia Maradoniana. Él que alguna vez consideró como comunista que la “religión era el opio de los pueblos”, no le pareció descabellado que una especie de locos lindos, fanáticos futboleros, crearan una “religión” con todas las características del catolicismo: templo, biblia, navidad maradoniana (el 30 de octubre, cuando nació), crucifixión (el 25 de junio de 1994, cuando le “cortaron las piernas en USA 94”), matrimonios, oraciones copiadas del Padre Nuestro y el Ave María. Aceptaba la parodia crítica y la readaptación. Aceptaba el amor. Pero lo entendía como un fanatismo por el fútbol y como un reconocimiento a lo que él hizo por su pueblo, en especial por aquellos, cuya única alegría es un gol y una gambeta ajena.


Lo paradójico es que esa Iglesia quien para muchos hace un vulgar culto a la Fe y profana lo sagrado, no se haya manifestado ni haya hecho grandes procesiones como las que hacen las religiones monoteístas

Lo paradójico es que esa Iglesia quien para muchos hace un vulgar culto a la Fe y profana lo sagrado, no se haya manifestado ni haya hecho grandes procesiones como las que hacen las religiones monoteístas. Alejandro Verón, referente del grupo dijo apenas supo de la muerte de Diego, que no harían ninguna manifestación, que sólo acompañaran a la familia en silencio, que el respeto será su única presencia en este duelo popular y que “la liturgia solo se hace el 30 de octubre” cuando a Maradona se le rinde un homenaje por la admiración que generó su fútbol.

Desde hace 30 años, los más críticos de Maradona, que jamás osaron en cuestionar su fútbol ni su obra en México 86, vienen diciendo que a Maradona lo acabó la falsa idolatría y el exagerado amor irracional que le profesaron los argentinos. Que endiosarlo fue su perdición. Que como decía Jorge Valdano, nunca debieron dejar de decirle que era un hombre, así jugara al fútbol como Dios. Sólo porque cayó en el mundo de las drogas que es producto, al igual que el fútbol y los medios de comunicación de la sociedad globalizada. Sin embargo, se hacen de la vista gorda cuando la tumba de Ayrton Senna, hombre sano y ferviente cristiano, sigue siendo centro de peregrinación o que a Messi, la contraluz de Diego, paralice y enceguezca multitudes, sólo por patear bien una pelota. ¿Esa idolatría es buena y la de Maradona no?


Su muerte me duele inmensamente porque los que lo seguimos noticia a noticia, minuto a minuto, veíamos desde Rusia 2018, su declive y que iba directo al matadero. Pero sólo porque lo decidió él desde que para hacer felices a otros, cargo con un personaje detestable, llamado Maradona. Igual, al igual que muchos admiradores, queremos que se investigue, que se llegue a fondo y se conozca la verdad porque siempre y sobre todo en el último tiempo, hubo muchos vividores que se lucraron de Maradona y le pusieron fuego a la gasolina de su propia autodestrucción.

Pero estoy tranquilo porque murió en su país y no en Emiratos Árabes. Murió como técnico en propiedad de un club y que en el último tiempo pre-pandemia, fue homenajeado en todas las canchas, de manera unánime (ya no hubo tibiezas colombianas), cuando dirigía a Gimnasia. Y murió sin sufrir. Aunque sus últimos días fueran un calvario en soledad.


Falleció el personaje mundial más fascinante de los últimos 40 años. Y el mundo ya se ha hecho sentir. Llora y lo recuerda con pasión. Si lo tuviera en frente, después del abrazo con mi papá, quién falleció hace 5 años, sólo le diría una cosa: ¿Hubiera sido mejor que la huella que dejaste, que se ve desde Plutón, no hubiera sido construida también por la autodestrucción, la necesidad de reivindicar lo que no hacía falta y de hacer cosas imposibles para recibir amor? Total, me contestaría lo que siempre hizo en esos casos: “a mi gusta hacerlo así”.


Mauricio Hoyos Echeverri. Soy Licenciado en Comunicación y Periodista, Magister en Comunicación de la Universidad Javeriana de Bogotá y Magister en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional en la Plata. Sin embargó mental y emocionalmente siempre estoy volviendo a mi primer amor. Soy colombiano, pero llevo 10 años viviendo en la Argentina, país al que siempre admiré y quise antes de conocerlo. He ejercido el periodismo deportivo en el portal de noticias Futbolred, antes y después que fuera parte del Diario El Tiempo. Soy amante del fútbol, de las Ciencias Sociales y la psicología. Soy defensor de los derechos humanos y creo fervientemente en el respeto y la tolerancia al que piensa diferente y defiendo claramente la posibilidad que todas las posiciones sean expuestas.

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