¿Es benéfica la quimioterapia que aplicamos para tratar el antisemitismo?



Por Jack Rubinstein

En enero del 2007, visite en Vittorio Véneto, una pequeña ciudad en el norte de Italia a mi antiguo socio y amigo Roberto De Noni, era un viaje de negocios y tenia el fin de semana libre, verlos a el y a su familia siempre fue agradable y especial.


“No lo malinterpretes, es que la ONU y ustedes se están equivocando, llega el mes de enero y estos muchachos son bombardeados durante todo el mes por causa de la declaración del día internacional de recuerdo del Holocausto con historias y trabajos exhaustivos alrededor del tema de forma exagerada”

Cuando teníamos la oportunidad de juntarnos nos enredábamos en charlas interesantes; En esta ocasión, en su casa de piedra y madera de corte medieval del piedemonte Alpino nos sentamos junto a la chimenea, allí conversábamos sobre política e historia, charlas estas, que siempre nos conducían a momentos en los que Roberto aparecía con algún enunciado profético que permanecía en mi cabeza dando vueltas por varios días.


El pertenecía al partido de extrema derecha, Liga Nord, donde tenia una gran presencia, razón por la cual, siempre traía a colación conceptos polémicos que, en su momento, al mencionarlos me causaron risas en algunos casos y en otros un relativo espanto pero que hoy tengo que reconocer que guardando la debida distancia ideológica estaban llenos de razón.


En una de esas charlas dijo, por ejemplo: “Francia será el primer país musulmán de Europa” y continuo, “Los Franceses verán sus calles incendiadas y tomadas por esta locura extremista”.


Uso esto como muestra y antesala de lo que ahora pretendo colocar aquí como reflexión y tal vez autocrítica a nosotros los judíos.


Romano y Bruno, los hijos de Roberto, llegaban de la escuela, se acercaron y me saludaron y acto seguido, Roberto les pregunto que como les fue, Romano, el mayor, dijo: “otra vez Holocausto, no aguanto mas escuchar estas historias de los judíos y el Holocausto”.


Roberto lo interrumpió y dirigiéndose a mi, me dice: “No lo malinterpretes, es que la ONU y ustedes se están equivocando, llega el mes de enero y estos muchachos son bombardeados durante todo el mes por causa de la declaración del día internacional de recuerdo del Holocausto con historias y trabajos exhaustivos alrededor del tema de forma exagerada”, hizo una pausa y sentencio: “En unos años ustedes verán un efecto contrario y negativo en esto, no sabemos el nivel intelectual del profesor que esta enviando el mensaje ni su verdadera orientación ideológica, el supuesto remedio hará mas daño que la enfermedad y el antisemitismo crecerá nuevamente”.


Hablamos prolongadamente sobre el tema, yo argumente bastante, mencione mis viajes a la Marcha de la Vida, el contacto directo con la historia y de alguna manera con sus protagonistas, y ver de cerca el horror de la maquinaria de muerte.


Fue categórico: “espero equivocarme, pero hay gente que usa esto con fines no muy claros, el tiempo demostrara si tengo razón o no”.


Esta semana de Yom Hashoah he pensado mucho en este capitulo de mi historia personal, no se si el tenia razón o no, no se si esto sea un motivador amplio y suficiente para atribuirle el titulo de crisol de las manifestaciones y actos de antisemitismo en Europa, tal vez sea una posición simplista culpar unas clases incisivas de historia en los colegios europeos de inicio de siglo a esta situación sin embargo, hay si un claro avance del sentimiento de odio y rechazo al judío en si por un grupo joven, de temprana edad, es un sentimiento nuevo, es algo inculcado, reciente y aun en proceso de maduración.


Creo humildemente, que las acciones positivas y humanamente correctas que caracterizan a la inmensa mayoría de los miembros de nuestro pueblo hacen mucho mas efecto a corto y largo plazo en las sociedades en donde el destino nos coloco y con las cuales convivimos.


No soy muy amigo de estimular publicaciones en las redes sociales mencionando grandes logros de algún judío aquí o allí, o de mencionar que Israel esto o aquello, creo firmemente que hay que honrar la memoria de los que en el Holocausto se fueron. Mantener viva la llama del recuerdo y, sobre todo, fortalecernos internamente para tener las herramientas que nos permitan garantizar que esto nunca más sucederá.