La “esencia” del judaísmo. Comentarios a "Mandamientos 2.0.1"

Actualizado: ago 12

De agosto de 2013 viene este artículo publicado en Hashavua, como reacción a otro titulado Mandamientos 2.0.1 (nuevos mandamientos seculares) que publiqué anteriormente tanto en esa revista como en este blog, y que obviamente hizo que algunos me condenaran fuertemente. En perspectiva, también es interesante ver que, quienes no supieron digerir mis palabras, se lanzaron en contra de Hashavua por darle espacio a mis ideas. Esto también se dio con el muy debatido artículo “Shabat con Timochenko” que también logró exacerbar ánimos y no solo condenarme, sino condenar a la revista que, con valentía y profesionalismo, permitió mi libre expresión de ideas.


Afortunadamente, son los textos polémicos los que generan debate y análisis. Son también los gestores de nuevos proyectos, como este blog.



Respuesta a comentarios recibidos a raíz de la publicación de “Mandamientos 2.0.1


Decir que Dios no se inventó las religiones (ni la nuestra) no quiere decir que no haya un Dios. Decir que la idea del Mesías es peligrosa y que la historia nos lo haya comprobado sistemáticamente no quiere decir que no pueda eventualmente llegar un verdadero Mesías. Lo que yo, a título personal piense sobre lo anterior, no me hace negar el derecho a otros a creer de manera diferente. Criticar el paquete místico de nuestra tradición sólo me ubica dentro de la mayoría de los judíos que ni le interesa el tema ni lo cree coherente con su esencia, esa que nos conecta como pueblo y religión al Sinaí. Sugerir unos Mandamientos para un mundo secular y tolerante no necesariamente me compromete con todo lo que ahí haya postulado ni hace que vaya a oponerme a que otros crean en aquellos de autoría divina. Reconocer la naturaleza humana no me convierte en desenfrenado ni apologético de desmadres. Que esté convencido que todas las religiones han contribuido en mayor o menor escala a las tragedias de la humanidad no implica que considere que todo en las religiones sea negativo. Lo que sí creo posible es postular unos lineamientos que equilibren principios religiosos con la legislación civil y secular. Para mi gusto, sólo quienes no saben defender sus argumentos pueden colerizarse con el tema.


¿Si hubiera publicado un artículo abogando por la lapidación de infieles (Ex 22:17-19, Deuteronomio 13:7, 17:12, Levítico 20:13, Isaías 14, 2 Crónicas 15:12) o la decapitación de homosexuales (Levítico 18:22), ¿cuántos hubieran salido a aplaudirme por mi defensa de la “esencia” judía?






¿Si hubiera publicado un artículo abogando por la lapidación de infieles (Ex 22:17-19, Deuteronomio 13:7, 17:12, Levítico 20:13, Isaías 14, 2 Crónicas 15:12) o la decapitación de homosexuales (Levítico 18:22), ¿cuántos hubieran salido a aplaudirme por mi defensa de la “esencia” judía? ¿Si hubiera salido a decir, b’Emuna Shlema, como lo hicieran tantos otros ortodoxos a lo largo de nuestra historia, que el verdadero Mesías fue cualquiera de los finados de Ciro, Bar Kojba, Isaac Luria o Menajen Mendel Schneerson ¿cuántos me hubieran aclamado? Pero no, me dio más bien por proponer un ejercicio humanista y no-partidista para poner en perspectiva algunos principios religiosos. De por sí, ya mucho de eso se ha debatido y alterado por la misma ortodoxia a lo largo de milenios, pero son conceptos que siguen siendo tabú para muchos, incluyendo tristemente a muchos líderes comunitarios.


Asumo que estos detractores sintieron que les violentaba su “esencia” judía. Consecuentemente, asumo que dentro de su “esencia” también juran por mandamientos tales como los referentes a sacrificios (Génesis 8:20, Exodo 13:2, y medio libro de Levítico que reúnen unas 100 de las 613 mitzvot), los que regulan el sacerdocio (otra larga lista de mitzvot), el trato de esclavos (Levítico:25), la poligamia (Génesis 37, Deuteronomio 21:15, Exodo 21:10, Samuel 1, Reyes 1, Yevamot 4, Rabi Tarfón), las pruebas con pociones mágicas para las mujeres adulteras (Números 5:11-31), la lapidación, la horca o la decapitación de ladrones, asesinos, idolatras e incestuosos (Exodo 20-22, Levítico 20:10), el ostracismo para con leprosos en la piel, la ropa o las casas (Números 12:1, Deuteronomio 14:8, Levítico 13-15). Y lo asumo porque creería que el único argumento es que todas las leyes son parte integral de un todo. ¿O será que con el tiempo vamos escogiendo y justificando lo que conviene?


Las aguas comenzaron a calmarse después de la publicación de “Mandamientos 2.0.1” y es momento de aportar algunos pensamientos. Me tildaron de “animal” y de contravenir la “esencia” del judaísmo. Calificaron de “judeólatras” (¿Qué?) a quienes no se indignarán conmigo. Algunos de mis más diplomáticos opositores dijeron que respetaban mi derecho a opinar, pero no el derecho de Hashavua a publicar mis ideas (*). Otras voces más viscerales dijeron, después de haber leído el artículo, que debían censurarme y eliminar todo registro de mi escrito para que otros no caigan en la tentación de leerlo y arriesguen la “esencia” de sus almas judías (nótese lo irónico y egoísta del argumento). Condenaron a posteriori lo que no han sido capaces de defender en público, así sea a través de anónimos. Incluso, hubo una voz que agradeció al Altísimo el no haber tenido la oportunidad de leer el artículo en cuestión (monumento a la fe ciega). Algunas de estas opiniones llegaron de comunidades emergentes a pesar de que, con la necesaria excepción a toda regla, somos los liberales y seculares los únicos que a hoy estamos trabajando por ellos y por su derecho a ser tan ortodoxos como prefieran ser, así ese mismo derecho les permita acusarme de todo lo anterior. Bienvenidos sean todos los comentarios.


¿Qué es entonces la “esencia” del judaísmo? ¿Es acaso ser fiel a todo lo que dice la Tora? De ser así, ¿Acaso no cambiamos sacrificios por rezos hace milenios? ¿Por qué la poligamia ya no va más? ¿Por qué si bien Abraham comió carne con leche en compañía de ángeles nosotros ya no cometemos semejante “sacrilegio”? ¿Por qué es que la Tora no menciona a ningún mesías -el concepto sólo aparece en algunas visiones trasnochadas de profetas que necesariamente se contradicen-? ¿Por qué fuimos capaces de cambiar los límites de la Tierra Santa que Dios nos dio por aquellos que David conquistó? ¿Por qué durante mil años el judaísmo se transmitió por vía paterna?


A la Tora de Dios en su versión escrita le sumamos una complementación oral y también la llamamos Tora, y a esta a su vez le agregamos comentarios de sabios que eventualmente codificamos y canonizamos en la Mishna y Gemara. Y a todo eso también llamamos Tora (según la ortodoxia). Y luego le tocó el turno al Shuljan Aruj, al Zohar, la Kabalá y el Mishne Torah. ¿Por qué motivos algunos textos no se “canonizaron” en el Tanaj mientras que otros sí? ¿Por qué un karaita es judío ortodoxo, pero no cree en el Talmud? ¿Acaso tampoco se puede seguir al Talmud sin atribuirle inspiración divina? ¿Tuvo menos “esencia” judía Moises por no festejar Januka, que es históricamente posterior a él en más de mil años? ¿Cuáles Mandamientos de Dios en Su Tora sí podemos cambiar o sobre cuáles no se puede si quiera discutir? ¿Qué hace que un sabio hace 1.000 o 2.000 años tenga mejor criterio para opinar sobre códigos de conducta en una sociedad civil de lo que puede y debe hacer un rabino hoy en día? ¿O por qué motivos debemos atender los decretos religiosos de rabinos condenados por corrupción o actos indebidos? ¿Son los 13 principios de fe de Maimónides los únicos que deben ser válidos? Y si Dios nos enseña a no meternos con Su esencia, ¿Para qué insistimos en querer entender lo inentendible?


Lo que osé escribir hace unas semanas fue una versión para un mundo secular y librepensador. Ahora le corresponde el turno a un delicioso camino medio, donde quepa el concepto de un Dios. Uno donde podamos ser buenos judíos y a la vez buenos ciudadanos, respetuosos de la ley civil que también nos rige. Uno donde tengamos claro que sí ha habido demasiados temas, leyes o mandamientos que con el tiempo hemos cambiado, adaptado y agregado dentro de la misma ortodoxia. Hemos cambiado leyes a pesar de que el mandamiento dice “no agregarás ni quitarás” (Deuteronomio 4:2). Debiéramos tener un set de mandamientos donde ninguna ley pueda estar por encima de aquellas de Ahavat Israel, de Amor al Prójimo. Uno que reconozca que sí existen demasiados judíos ortodoxos que no le paran tantas bolas a la mística, e incluso otros pocos que aún hoy ni se rigen por el Talmud. Uno en que entendamos y reconozcamos la naturaleza humana de la legislación y no la tapemos porque eso es igual que tapar al sol con las manos. Tengamos una legislación donde dejemos a Dios lo que es aberrante ante El y no seamos quienes juzguemos como quien caza brujas. Legislar temas cotidianos, como esos que tienen que ver con amor o sexualidad, lo único que hace es reprimir instintos y conducir a que éstos se expresen patológica o criminalmente. Eso mismo hace tolerar patologías únicamente a ciertas personas por estar envueltas en inmerecidos halos de santidad que usan para justificar o esconder lo corrupto e institucionalizar el mal ejemplo.


¿Cuántos se habrán puesto a ver dónde el Talmud o la Kabalá van en contravía de lo que dice la Tora? Por eso es, en parte, que no me detengo a esperar a un Mesías o a estudiar Kabalá, pero nada de eso me evita apoyar en palabras y recursos a aquellos que así lo prefieran. Obviamente, opinaré cuando crea que se vulneran los principios que a título personal considero básicos en el judaísmo o que siento que afectan la integridad de nuestro pueblo.


En últimas, todos escogemos qué y cómo queremos creer e interpretar las normas, siendo los primeros en probarlo los mismos líderes ortodoxos que actúan en nombre de la Verdad. Definir qué es la “esencia” del judaísmo y cuál es el común denominador para todos aquellos que nos consideremos judíos será tema de amplia discusión. La pregunta es eterna y la respuesta esquiva. ¿Se puede ser buen judío sin ser sionista? ¿O sin cuidar shabat? ¿O sin ayudar al prójimo? ¿O sin pagar impuestos? ¿O dar tsedaka después de ponerse tefilin borra la trampa? ¿Se puede cuidar el shabat y defender los derechos de los gays al mismo tiempo? ¿O se puede comer Kasher y llamar a una mujer a la Bima? ¿Será factible que podamos practicar nuestras tradiciones sin contradecir preceptos como los de Tikun Olam, Kavod, Ahavat Israel, Shalom Bayit, Kol Israel Arevim ze la ze, Shmirat HaLashon, Kehila, Tsniut, Tsedaka o Teshuva?


Seguiremos editando halajot y takanot y también vendrán líderes que se considerarán a sí mismos como mesías y conseguirán séquito que los venere. Editaremos leyes en nombre de la defensa de los Mandamientos originales de Dios así ni caigamos en cuenta cuán apartadas estén de ese origen las nuevas normas. En últimas, nos corresponde discutir cuáles son esos valores y principios que deberán seguir siendo nuestro común denominador, pero que a la vez permitan celebrar nuestra diversidad étnica, política, religiosa, culinaria y filosófica, y que permitan que sigamos sintiéndonos hermanos, porque tenemos un pasado común y ante todo, aspiramos a compartir un futuro común.


En vez de proponer una serie de “Mandamientos 3.0” que integren lo secular con lo divino, el punto central de éste y anteriores artículos ha sido el de cuestionar la “esencia” de lo judío, de enfrentar Valores Judíos con Valores de Judíos e identificar puntos que considero vitales para reconsiderar a la hora de definir prioridades, sentar derroteros y definir criterios académicos. Lo hago con un inmenso sentido de pertenencia y amor a un pueblo milenario y por una sentida preocupación por muchas actitudes acá y en otras latitudes que me evidencian un divorcio entre la teoría y la práctica y que me hacen pensar que como vamos, vamos mal. Mientras que sigamos discutiendo el significado de “esencia” la seguiré escribiendo entre comillas.


(*) Hashavua está abierto a todos. Publica artículos e información de interés para el mundo judío y en particular para las comunidades de Bogotá. Recibe aportes de fuentes tanto judías como no judías, y de cualquier posición del espectro. Las únicas condiciones son tener un autor identificado y no convertirse en foro de acusaciones personales.


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