La Inclusión de Personas con Discapacidad en la Comunidad Judía

Actualizado: 3 de sep de 2020



Por Judith Eisemberg. Buenos Aires.

Comenzare este artículo solicitándoles que buceen en sus recuerdos y reflexionen sobre su vida escolar, socio-deportiva y comunitaria.


¿Han podido establecer, a lo largo de sus años de vida, lazos con personas con discapacidad? ¿Han tenido la oportunidad de observar a personas con discapacidad participando de un rezo, de una colonia de vacaciones o de una actividad comunitaria?

“No insultarás al sordo ni pondrás un obstáculo delante del ciego”

Desafortunadamente, muchas personas con discapacidad no experimentan las mismas oportunidades de participación que el resto de la gente, quedando excluidas de los beneficios que brinda el ser parte de una comunidad, tales como crecer espiritualmente, entablar nuevas relaciones de amistad y ampliar sus redes de apoyo.

Se estima que aproximadamente el 15% de la población judía tiene alguna forma de discapacidad ya sea física, del desarrollo o de aprendizaje. A causa de ciertas actitudes y falta de servicios, dichos miembros del pueblo judío así como sus familias, son excluidos de una comunidad que se vería sumamente beneficiada de su inclusión.


El libro Levítico en el capítulo 19, versículo 14 nos enseña, “No insultarás al sordo ni pondrás un obstáculo delante del ciego”. Esto, por supuesto, no se refiere únicamente a personas que son literalmente sordas o ciegas. Los obstáculos para hacer caer al prójimo se presentan de muchas formas diferentes; algunos son más fáciles de enfrentar y remover que otros. Si bien no es tan difícil construir una rampa para silla de ruedas u ofrecer libros de plegarias en escritura braille, es más desafiante contener a una persona con autismo cuando presenta un berrinche, especialmente cuando uno no lo conoce personalmente.


Es nuestra responsabilidad como judíos no poner “piedras en el camino” delante del ciego, pero no es suficiente. Debemos también accionar para remover las diferentes piedras en el camino que se presentan corrientemente. La pregunta es ¿cómo lo podemos hacer? Para ello, primero es necesario definir cuáles son las barreras que impiden la participación plena de las personas con discapacidad.


A continuación, enumeraré algunas de las barreras más comunes: barreras actitudinales, de comunicación, arquitectónicas, programáticas y sociales. A menudo, se presentan varias al mismo tiempo. El trabajo de eliminación de dichas barreras es arduo, implica esfuerzo y dedicación, pero es necesario que nos comprometamos fuertemente en su remoción. Cuando esas barreras sean removidas, muchos judíos con discapacidad y sus familias, podrán sentirse cálidamente bienvenidos y ser considerados parte integral de la comunidad judía, participando de forma plena.


¡Levanta la voz por los que no tienen voz! ¡Defiende los derechos de los desposeídos! (Proverbios 31:8)

El judaísmo reconoce que cada persona es única y que, más allá de las diferencias, todos tienen derecho a una participación plena y a enriquecerse de la vida comunitaria.


En nuestras fuentes judías aprendemos que cada uno de nosotros fue creado a Imagen divina. Por ende, todos somos valiosos y dignos. Es nuestra responsabilidad entonces asegurar que toda persona sea bienvenida en la comunidad.


Como nos interpela el sabio Shlomo Hamelej en sus Proverbios: ¡Levanta la voz por los que no tienen voz! ¡Defiende los derechos de los desposeídos! (Proverbios 31:8).


¿Cómo facilito entonces la plena inclusión? ¿Cómo adapto las condiciones para promover un ambiente de equidad y respeto? Es necesario hacer hincapié en los apoyos que pueden hacer que la persona con discapacidad funcione mejor en su entorno y logre así una mejor calidad de vida; sistemas de apoyo familiares, comunitarios y sociales.


Es importante que la comunidad conozca la realidad de las familias con una persona con discapacidad y que se proyecte una imagen de ellas respetuosa y digna. La “inclusión social” es un aspecto básico para tener calidad de vida. Todos necesitamos ser aceptados y formar parte de la comunidad. Todos podemos vivir, aprender y participar en nuestra comunidad.


Como leemos cotidianamente al finalizar el rezo diario: “letaken olam bemalkut Shadai” (reparar el mundo bajo la soberanía divina). ¡Qué mejor manera de buscar un mundo mejor que trabajando en conjunto por la inclusión de niños, jóvenes y adultos con alguna discapacidad!


Judith Eisemberg. Licenciada en Psicología de la Universidad de Belgranocon experiencia en el área escolar y en el área clínica. Madre de un niño de 9 años con discapacidad.



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