La Política del Miedo

Por Oded Guttman

El miedo es una de las emociones más poderosas y primarias para movilizar a los seres humanos, especialmente en el ámbito político. Dependiendo del momento histórico, otras emociones (ilusión, rabia, indignación) también han sido movilizadoras efectivas. Usar el miedo como movilizador no es en si mismo una violación de las reglas del juego democrático; pero su abuso degrada, debilita y deslegitimiza a la democracia. Trump es ejemplar en el abuso del miedo como vehículo de movilización. No está sólo por supuesto, otros lideres de sociedades democráticas también han abusado en su momento de esta técnica (por ejemplo, Bibi Netanyahu durante las elecciones del 2015 y otra vez en el 2019 apeló al miedo frente a las masas de votantes árabes para que su base saliera a votar), pero Trump es particular no solo en la frecuencia con que usa el miedo en su actuar político, sino también en que esos miedos habitan primordialmente en un universo alternativo.

La campaña de Trump esta buscando enmarcar la elección presidencial de este año alrededor del miedo de su base electoral frente a la supuesta amenaza de la anarquía y el crimen

La campaña de Trump esta buscando enmarcar la elección presidencial de este año alrededor del miedo de su base electoral frente a la supuesta amenaza de la anarquía y el crimen. El símbolo son las manifestaciones que se iniciaron con el asesinato en junio de George Floyd a manos de la policía, que se han sostenido mucho mas allá de lo inicialmente esperado (en parte como reacción a otros crímenes contra ciudadanos afroamericanos por parte de la policía como sucedió recientemente en Kenosha) y que en un número de ocasiones han desembocado en destrucción de propiedad privada y en violencia. Los demonios en esta narrativa de la derecha americana son BLM, los alcaldes de ciudades liberales y otros villanos de siempre (AOC nunca falta en la lista). El grito de batalla es Ley y Orden, siguiendo el libreto de Nixon en 1968, quien utilizó esta misma estrategia con éxito para ganar la elección presidencial en un dramático contexto de desorden social y violencia tras el asesinato de Martin Luther King Jr.





En la convención Republicana, el miedo al crimen y la anarquía fue el tema central y el crudo mensaje de casi todos los presentadores. El representante Matt Gaetz, uno de los soldados más fieles a Trump, argumentó que la elección de Biden traerá caos y las maras salvadoreñas a los suburbios donde vive la gente de bien. Y gente de bien fue la que presentaron en la convención, por ejemplo, Mark y Patricia McCloskey, quienes saltaron a la fama (o la infamia según la tribu política a la que pertenezca) por un video que los muestra, armas de fuego en mano (en el caso del señor, con un fusil de asalto por supuesto), defendiendo, por propia cuenta, su mansión frente a una manifestación de BLM en la cual no había el menor signo de violencia.


La estrategia del miedo dentro de un universo alternativo no es nueva. En la elección presidencial del 2016, Trump apeló al miedo al inmigrante, los “violadores y asesinos” que América Latina enviaba a través del Rio Grande y que, en su narrativa, le estaban cambiando la cara, y sobre todo el color de la piel, a Estados Unidos. Pero los inmigrantes latinos no eran el único grupo étnico a quien demonizó para generar miedo. También derrochó veneno contra los musulmanes. La catástrofe que tenían que evitar era la de la Alemania de Merkel que había recibido a un millón de refugiados sirios y como consecuencia, según la versión de tantos comentaristas de derecha, ese país iba por el camino del caos y la anarquía. Por supuesto esta realidad no existió ni existe hoy. El factor miedo no es la única explicación de la victoria electoral de Trump, pero ese discurso del miedo permeó su campaña y fue un factor de motivación para sus electores.


En las elecciones para el congreso de 2018, la estrategia del miedo también estuvo en el centro de la campaña Republicana. La imagen, el símbolo, durante esa campaña eran las caravanas de inmigrantes de Centro América que avanzaban hacia la frontera. No solo venían todo tipo de delincuentes, también traían enfermedades y pestilencia. En este caso la estrategia no funcionó, los Demócratas recuperaron el control de la cámara de representantes y la supuesta amenaza existencial se disipó rápidamente.


No es claro si en el 2020 la estrategia del miedo es la ganadora, pero bien puede serlo. El asunto es que como en los dos ciclos electorales anteriores, los Republicanos están apelando a un miedo que tiene una cucharada de verdad (sí, sí han ocurrido desmanes y destrucción) por cada nueve cucharadas de hechos descontextualizados o abiertamente falsos. El paralelo con la Ley y Orden de Nixon tiene un problema de lógica fundamental: en 1968 los Republicanos estaban en la oposición y así era plausible asignarle la responsabilidad del desorden social al gobierno Demócrata; el argumento de Trump es “solamente yo puedo resolver el problema que hoy siendo presidente no puedo resolver” (y Trump aporta diariamente al fuego con su dosis de gasolina). Toca hacer muchas acrobacias y contorsiones mentales para entender esta lógica. Pero en esta era de hechos alternativos la coherencia interna de los argumentos no importa mucho, lo único que cuenta es que generen una reacción visceral. El mensaje de miedo lo hace y es posible que la semilla quede sembrada después de que el ciclo de noticias se mueva al siguiente escandalo o cuando vuelva a enfocarse en lo verdaderamente urgente y grave como la pandemia con más de 185 mil muertos o el estado de la economía.





Oded Guttman: Radicado en Canadá desde el 2004, trabaja en finanzas y estrategia para una multinacional del sector minero. Sus áreas de interés personal son la política, la economía y las relaciones internacionales, y también es un apasionado viajero exótico y seguidor del buen futbol. Oded creció en Colombia y estudió economía en la Universidad de los Andes. Oded realizó sus estudios de posgrado en relaciones internacionales en Johns Hopkins University y en negocios en la University of Toronto.

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