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Migración: Bueno juntos, pero no revueltos

Actualizado: 1 ene



Por Omar Bula

Migrantes por todas partes: miles de ellos ingresan día tras día a los Estados Unidos, mientras decenas de miles provocan choques culturales en Europa y, lo más reciente, migrantes africanos y del Medio Oriente acampan en los aeropuertos internacionales de nuestra región.


¿Será por arte de magia?


En medio de una vida tan agitada, muchos tendemos a observar solo las ondas en la superficie del estanque e ignoramos las poderosas corrientes que yacen debajo.


Si exploramos las causas del fenómeno migratorio, es común encontrar entre éstas el crecimiento poblacional, la pobreza, el conflicto y la persecución política o religiosa, así como los desastres naturales.


No obstante, lo que probablemente no descubriremos es información sobre las causas subyacentes del fenómeno migratorio de nuestros días: una corriente poderosa que se oculta bajo la superficie del estanque y que moldea e impulsa esas ondas observables.


Sería difícil entender lo que ocurre en el ámbito de la migración sin hacer referencia a dos factores fundamentales: la política de fronteras abiertas y el Pacto Global de Migración.


La política de fronteras abiertas es un concepto medular del movimiento globalista que se ha venido implementando en muchos países en los últimos años.


Esta aboga por el movimiento irrestricto de personas a través de las fronteras nacionales, considerando que la soberanía nacional, la inviolabilidad de las fronteras y la autonomía nacional deben desaparecer para dar lugar a una gobernanza de tipo global.


Entre otras cosas, sus defensores argumentan que las fronteras abiertas fomentan el crecimiento económico, la cooperación global, la promoción de la diversidad y la comprensión entre diferentes sociedades y culturas.


Uno de los principales instrumentos que utiliza el globalismo para promover su agenda de migración en masa es el llamado Pacto Global de Migración.


El “Pacto Global para una Migración Segura, Ordenada y Regular” es un acuerdo intergubernamental firmado por 164 países en una conferencia de las Naciones Unidas que tuvo lugar en Marruecos en diciembre de 2018, que abarca todas las dimensiones de la migración internacional y se guía por la Agenda 2030, también de la ONU.


Presentado como un marco para la cooperación internacional global sobre los migrantes y la movilidad humana, este plantea la migración como un fenómeno global positivo.


Según el Secretario General de la ONU, la migración masiva “impulsa el crecimiento económico, reduce las desigualdades y conecta a sociedades diversas".


En este contexto, no puedo dejar de mencionar los esfuerzos que realicé en ese entonces para alertar acerca de las implicaciones de firmar este pacto. Entrevistas en TV y radio, programas especiales, etc. (si desean, pueden acceder a algunos de estos en mi canal de YouTube).


Sin la pretensión de sugerir que tuviera el poder o la influencia para modificar el resultado, mis esfuerzos resultaron infructuosos.


Colombia y otros países de nuestra región optaron por sumarse al pacto, y tanto los gobiernos como los principales medios de comunicación lo aplaudieron, destacando que más de 160 países lo habían firmado como un gesto de "solidaridad".


No obstante, lo que dejaron de mencionar es que, entre la treintena de naciones que optaron por NO firmar, se encontraban ni más ni menos que Estados Unidos, Japón, China, Rusia, Polonia, Hungría, Austria, Suiza, Australia, Italia y Brasil, y todo ello por razones más que justificadas.


Entre las principales objeciones que se presentaron contra este dudoso acuerdo, sobresalió la preocupación por las serias repercusiones que este tendría en términos de soberanía y seguridad nacionales, subrayando además el riesgo que conllevaba difuminar la distinción entre la inmigración legal e ilegal.


Sabia decisión la de aquellos países que optaron por no firmar el pacto.


La realidad ha demostrado que lejos de fomentar la diversidad, acercar a los pueblos y demás argumentos sensibleros y fantasiosos, lo que la migración descontrolada ha generado es un verdadero caos migratorio global plagado de sufrimiento y corrupción.


Y en cuanto a los países que sí lo firmaron, pues tendrán que seguir sufriendo las consecuencias, a menos que sus

ciudadanos se pronuncien al respecto.


Como se dice coloquialmente, “bueno estar juntos, pero no revueltos".

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