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¡Qué hace usted casado con una judía!

Actualizado: 10 oct 2023




Nota: tras pubicar este artículo, mi prima me contactó para corregirme y decir que eso pasó en 1996 y Petro no se refirió a "judía" sino a "gringa". La historia no la oi de ella en su momento, pero sí de una fuente muy cercana a ambos, en los términos que que menciono.


Por Jack Goldstein Moishe Pipik un día se acercó a su rabino para entender por qué un Kugel se llama Kugel. Ante semejante interrogante, el rabino solo supo decirle que, si se veía como un kugel, se preparaba como un kugel y sabía a kugel, lo más lógico es que se llamara kugel. Moishe quedó satisfecho e iluminado con la contundente respuesta. El presidente de nuestra Colombia Humana ha destilado frases a menudo incongruentes: Está la de esparcir el virus de la vida por las galaxias y convertirse en potencia mundial de la vida. Está esa otra retórica trasnochada del capitalismo y el consumo de carbono que acabará con la vida en el planeta. Tampoco olvidemos que achaca al cambio climático los 7 millones de venezolanos que han salido huyendo del Socialismo Bolivariano. Por otro lado, recluta a jóvenes de dudosa ortografía a razón de millón de pesos al mes para no delinquir o matar, y trata de convencernos que la guerra se está terminando en nuestra querida y aporreada Colombia. Para él, La Paz Total es inminente. Esa mente también es responsable de una seguidilla de trinos y memes amañados en los cuales, durante años, viene vilificando al Estado de Israel por una serie de razones descontextualizadas o regurgitadas desde lo profundo de su imaginario, para así achacarle al Estado de Israel unos crímenes imperdonables. Entre sus alfiles cercanos tiene a una dama de cabellos cenizos quien culpa a Israel, literalmente, de todos los males de la humanidad y quien dijo que para solucionarlos solo hay que acabar con el sionismo. Que se haya entrenado subversivamente por cubanos y libios explica parcialmente su retórica antiisraelí. Prohíbe a su Fuerza Aérea bombardear campamentos guerrilleros por el riesgo de matar niños reclutados, muy posiblemente a la fuerza, por los camaradas farianos, El partido Comunes (exFARC), responsable de tantos crímenes de lesa humanidad contra menores en sus filas, y el asesinato, secuestro y violación de civiles, ya se pronunció en apoyo al acto criminal de Hamas. Mientras tanto, la JEP permanece inerme y el ministro del Interior trata de convenceros que la sociedad civil no ha sido justa con las llamadas "disidencias". Matar o secuestrar niños poniéndolos en jaulas, masacrar a cientos de asistentes a un concierto por la paz, violar a jóvenes, llevarse a abuelas para esconderlas en ratoneras, matarle hijos en presencia de sus familias en la santidad de sus hogares, todo grabado entre risas y burlas, no le ha merecido a Petro ni media condena. Hamas amenaza con ejecutar públicamente a los secuestrados si Israel se atreve a contraatacar. El silencio de Petro lo hace su cómplice moral. Mientra tanto, en la otra acera, Nayib Bukele, presidente de El Salvador e hijo de palestino, la tiene clara: lo mejor para el pueblo palestino está en liberarse de las garras asesinas de Hamas. Tristemente, sabemos que Petro se ubica en su antípoda ética. Hoy en día, el término “genocidio” está trivializado. Hablar de genocidio palestino cuando ellos hoy son muchas veces más de lo que eran en 1948, tanto en Gaza como en Israel y en las zonas disputadas, hace matemáticamente ridícula la posición del mandatario. Además, cae en el grave error de banalizar a la Shoa. Si eso no fuese suficiente, hoy nos madrugó equiparando a Gaza con Auschwitz; a los israelíes con los nazis de otrora. Son muchos los paralelos que podemos hacer entre genuinos nazis y Hamas o Yihad Islámica, pero Petro pretende no ver. Es incapaz de condenar a sus camaradas en armas puesto que su religión "progresista" le ha enseñado que todos los oprimidos son buenos, y oprimidos hay que quedarse para justificar la lucha y su demoagogia. Alguna vez, un amigo mío allegado a la campaña para la alcaldía de Petro me pidió que les donara un salón para realizar el lanzamiento de su campaña. Ahí estuvieron y luego realizaron varios eventos más, todos cabalmente pagados. Como nota al margen, la mayoría de sus partidarios de ese entonces ya se desvincularon de él por múltiples razones de peso. Para las presidenciales hace cinco años, su campaña también acudió a mis servicios y después de varios meses, me quedé sin si quiera las gracias. No obstante, aproveché su presencia para organizar reuniones comunitarias. En esa época, desconocíamos de su propensión a dejar plantado al auditorio. Eso nos pasó dos veces. Para la segunda vuelta, donde eventualmente salió derrotado, se acercaron para excusarse por los previos desplantes y proponer un tét-a tét con los grandes empresarios judíos, pero a condición de que la Confederación de Comunidades Judías de Colombia saliera con un comunicado oficial expresando su apoyo irrestricto a la campaña del candidato de los Decentes, como se llamaba entonces su partido. Me tomé el atrevimiento de no consultar con el liderazgo comunitario y sencillamente dije que, en democracia, eso no haríamos.

Varias veces durante esos meses, su personal de campaña tomó café conmigo para pedir favores y charlar. A menudo, preguntaron por mi judaísmo sin yo haberles traído el tema a colación. Aproveché entonces para regalarles y enviarle al candidato copias del libro de mi mamá, una historia de familia sobreviviendo el Holocausto nazi hasta su arribo en esta bendecida patria. Dudo que lo haya leído y tampoco me lo agradeció. Siempre, en actitud defensiva – como quien algo esconde- me decían sus militantes que Petro no era antisemita porque durante su alcaldía había nombrado en un alto cargo de la ETB a… "¿cómo es que se llama ese judío que trabaja para Petro?". Otros argumentos no hubo, ni tampoco los pedí. Los antisionistas defienden su posición diciendo que criticar a Israel no los hace antisemitas y que los judíos deberíamos ser más maduros y entender eso. Incluso, nos “invitan” a convertirnos en altoparlantes de esa crítica. Para ellos, en estos casos, judío y sionista sí es lo mismo, pero dicen odiar solo a una parte de ese engendro que les representamos. Estos días vimos a otros antisionistas deleitarse con su atroz ataque y escuchar la felicidad de haber secuestrado o matado judíos (no a sionistas). El tema de ellos es acabar a Israel y eliminar la presencia judía entre el Jordán y el Mediterráneo. Nos quieren hacer creer que el tema es un conflicto de tierras. De hecho, el nacionalismo palestino es escasamente el hijo bastardo del movimiento sionista. Nunca en la historia ellos se levantaron contra el dominio turco, egipcio (Gaza entre 1948 y 1967) o jordano (Judea y Samaria durante esos mismos años). De hecho, ninguna democracia se manifestó contra la ocupación egipcia o jordana de esas tierras. La OLP se fundó en 1964, tres años antes de aquella humillante derrota en la Guerra de los Seis Días. Han sido los palestinos los primeros en negar el concepto de dos tierras para dos pueblos, desde 1947. Como corolario, hasta el mismo reino de Jordania le prohíbe la ciudadanía a cualquier judío (ni mención hay de israelíes). Para quienes no se han percatado aún, el conflicto es simplemente religioso. Hamas sí busca el genocidio y la perfecta limpieza étnica. Van varios días y los comunicados oficiales del “gobierno potencia de la vida” trastabillan, empeoran y averguenzan. La ausencia de condenas claras preocupa. Incluso, hay colombianos desaparecidos por quienes la Presidencia no ha mostrado reacción alguna. Su postura está más emparentada con la de Qatar que con la de las democracias del mundo. Ya sabremos a quienes terminará culpando por el infortunio de de esta pareja de coterráneos.. Para terminar, mi prima no es de madre de judía y vive en Nueva York. Creo que el único vínculo con su judaísmo fue un shabat que celebramos en Bogotá hace cosa de 40 años. Curiosamente, se casó allá con un caleño. Cuando Petro buscaba vitalizar su incipiente campaña a la alcaldía fue a tocar las puertas de la comunidad colombiana de la Gran Manzana. Aquella vez tuvo a bien hospedarse durante algunos días con mis primos. De despedida, y sin agradecer la hospitalidad recibida, se acercó al dueño de casa y antes de emprender rumbo le increpó, ¡Qué hace usted casado con una judía! Será quizás un error de apreciación, una ligereza de mi parte en estos momentos dramáticos; quisiera equivocarme. Pero cuando nos preguntamos si será que el presidente es antisemita, se me viene a la cabeza el cuento del kugel.

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