Un país alegre construido sobre historias tristes
- Jack Goldstein

- 4 jun
- 3 min de lectura

Por Merlene Manevich
Eso es Israel. Un país lleno de historia. Esa historia que tantos envidiosos pretenden borrar del mapa. Hay partes de esa historia con ruidos de guerra.
Una de las prioridades cuando se creó este minúsculo Estado, en medio de varias fronteras árabes, por resolución de la ONU (cuando era una entidad neutral), fue tener un ejército de defensa. La palabra defensa, haganá, primaba sobre atacar. Las primeras guerras no las empezó Israel; estaba siempre a la defensiva, hasta que lo obligaron a comenzar primero. Es un país con ruidos de sirena. Son distintos tonos. Unas son de guerra que anuncian la llegada de un misil. Es una alarma que nos hace parar todo lo que estamos haciendo y nos lleva al cuarto de seguridad para conservar la vida. Son preventivas para que la vida de los habitantes no corra peligro.
En Yom Hashoa, día de la conmemoración del Holocausto suena otro tipo de sirena. Es un sonido de recordación. Un sonido que nos hace suspender todas las labores, pero no con el fin de salvarnos la vida. Es para que recordemos a esos seis millones de judíos que fueron torturados y llevados a las cámaras de gas. Es un homenaje a ellos, que perdieron la vida por un capricho racial de un loco irracional. Es una sirena que se escucha en todos los rincones y nos hace detener y reflexionar. Parece que el tiempo se detuviera, todo se paraliza durante 2 minutos. La gente se baja de los carros. Desde el balcón de mi apartamento, vimos a los alumnos del colegio de enfrente quietos como si estuvieran jugando a las estatuas o congelados, guardando un silencioso respeto. Lo único que se oye es la sirena. Se silencian los motores de los carros, los ruidos de la calle, las voces de la gente.
Es una historia triste que nació cuando terminó el Holocausto, cuando el mundo finalmente supo lo que estaba pasando y esa máquina de muerte fue destruida. Cómo pueden pensar esos wokes que Israel está repitiendo como protagonista ese amargo capítulo de la historia. Está defendiendo las fronteras que fueron entregadas a esa parte del pueblo judío que sobrevivió a esa hecatombe. La gente ve en las noticias los ataques de los soldados israelíes a los terroristas, pero no vieron la primera parte de la película, en la que ellos atacaron a personas indefensas. La que Israel lleva soportando hace tanto tiempo, atropellos de carros contra civiles, voladura de buses y un montón de ataques que terminaron en el 7 de octubre. Para el mundo todo es culpa del Estado Sionista como lo denominan despectivamente. Esos vecinos no tuvieron la humildad para recibir un pedazo de tierra como si aceptó Israel. Ellos querían todo el territorio y no compartirlo.
A pesar de tanta persecución y amenaza constante, este es un pueblo de gente alegre y resiliente. Bastó el alto al fuego para que la gente volviera a sus actividades normales. Los parques llenos de niños jugando, las calles con gente caminando, los gimnasios con personas haciendo ejercicio, los centros comerciales llenos de compradores y los restaurantes atendiendo a los comensales. Esto es mientras dure este pedacito de paz. Puede ser que en una semana todo cambie. Por eso aquí se vive el día a día sin pensar mucho en el mañana. Se viven muchas historias buscando siempre ser felices, a pesar de haber tenido un pasado tan triste.
Amanecerá y veremos.






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