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¡Ustedes los Judíos son todos buenos para los negocios!. Parte II y Final


Judíos prestando dinero a príncipes siglo XII y XIII

Por Eduardo Guinguis Roter

Debieron transcurrir seis siglos desde la destrucción del Templo de Jerusalem y la diáspora del pueblo Judío, para que se concretara un vuelco total en su suerte.

En el año 622 Mahoma conquista la Meca y da inicio a lo que será el gran Imperio Musulmán, que abarcará desde la Península Arábiga hasta la Península Ibérica y el Asia Menor. Al contrario de lo que estaba ocurriendo en la Europa occidental, en el Imperio islámico las ciudades alcanzarán un gran progreso. El comercio será la actividad principal, desarrollado a partir del control del Mediterráneo y las principales rutas comerciales en África y Asia. En este escenario urbano-comercial, ya no rural, explota la demanda por ocupaciones letradas y por individuos capaces de administrar el comercio internacional. Y son los Judíos, instalados en las principales ciudades del imperio, justamente el grupo humano más preparado para ejercer esas funciones. Y no sólo eran los más preparados; además contaban con las Cortes Rabínicas para resolver los problemas contractuales, lo que facilitaba enormemente el comercio entre ellos, en un mundo en que más del 95% de la población era todavía analfabeta. Los Judíos se transforman entonces en los grandes comerciantes del imperio musulmán y en los asesores financieros de los califas. Su dispersión por las grandes urbes de la época, Bahgdad, Damasco, Alejandría, Granada, El Cairo, Medina y otras, posibilitó que el comercio internacional floreciera en sus manos. La conexión entre las comunidades y los lazos familiares permitió que se generaran las confianzas para establecer contratos a distancia, se otorgaran créditos y se compartiera información relevante para aprovechar oportunidades comerciales. No sólo en el comercio y las finanzas se destacaron durante el apogeo del imperio musulmán; los Judíos se especializaron también en medicina y en lo legal y ocuparon los cargos más importantes en esas áreas en cada uno de los distintos califatos. Fruto del floreciente comercio, los Judíos acumularon capital y en calidad de prestamistas fueron convocados por los principales príncipes europeos para que les prestarán el capital destinado a financiar sus haciendas y los ejércitos de mercenarios. En la Inglaterra, Alemania y Francia del

Bien situados en el imperio musulmán y expandiéndose por los principales principados europeos, la población Judía nuevamente volvió a crecer. A partir del sigo VII y hasta el siglo XII, la población aumentó en un 50%, llegando al millón y medio de personas. El dilema de la conversión quedo descartado en una entorno urbano que privilegiaba el comercio y no imponía restricciones al prestamismo, que se transformó en la palanca crucial del crecimiento y desarrollo económico en ese periodo. Los Judíos optaron entonces por aquellas actividades para las que estaban mejor preparados que la mayoría de la población y además eran más rentables que la explotación de la tierra. Se especializaron y desarrollaron nuevas habilidades que les permitieron expandir sus negocios por Europa y Oriente. En este periodo se consolidó la inclinación de los Judíos por los negocios, las finanzas y las profesiones liberales. Aún no se les había impuesto restricciones a la propiedad de la tierra o la pertenencia a gremios. No fueron objeto de persecuciones y la Iglesia no había decretado prohibición expresa a los cristianos a prestar dinero. Ninguna de las explicaciones tradicionales a la preferencia de los Judíos por los negocios parecen entonces válidas.

Como consecuencia del éxito alcanzado, muchos judíos adquirieron tierras y se tornaron muy influyentes en el mundo de los negocios y del crédito. Esto generó una ola de recriminaciones por parte de la iglesia y el populacho, lo que fue atendido por las autoridades locales que comenzaron, a partir del siglo XIII, a imponer restricciones que limitaban el espectro de actividades económicas que podían desarrollar.

En resumen, los Judíos se especializaron en el mundo de los negocios y las profesiones liberales porque se les impuso tempranamente el estudio como obligación. En un mundo rural, fueron el primer pueblo alfabetizado, condición singular y única que se mantuvo por muchos siglos. Su organización social, que le permitió contar con cortes de justicia que podían resolver conflictos económicos originados en distintos territorios y su dispersión por los principales centros urbanos, compartiendo un idioma propio, fueron condiciones diferenciales que posibilitaron esta especialización. Es así entonces, que cuando el mundo entró en una fase urbana, los Judíos se convirtieron en actores destacados y las restricciones y prohibiciones que les fueron impuestas posteriormente, fueron Consecuencia y no la Causa de esta condición, como muchos historiadores acostumbran a plantear.

Pero también esa misma historia virtuosa nos da luces acerca de la circunstancia que desató el antisemitismo estructural en el mundo europeo.

Muchas persecuciones, expulsiones sufrirán los Judíos a partir del siglo XIII, siendo la más significativa de ésta, la expulsión de los Judíos de España en el año 1492, que cambiará nuevamente la suerte de este Pueblo, pero en sentido contrario a la experimentada a partir del año 622. Transcurrirán otros cuatro siglos y medio en el que transitará por tierras hostiles, sufrirá innumerables vejámenes, pogroms y genocidios, hasta que en el año 1948, dos milenios después de la destrucción del templo de Jerusalem, el pueblo Judío recuperará su lugar destacado en el concierto de las naciones en su tierra ancestral, la tierra de Israel.

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