Viviane Ventura: una Estrella. Entrevista con la actriz, socialité e ícono de los 60


Por David Alejandro Rosenthal

Viviane Ventura, “Battle Beneath the Earth”, 1967. Femmes Fatale, Pulp International. Enero 24, 2021.


David A. Rosenthal: Primero que todo, cuéntame de su vida, familia, orígenes y de tú niñez en Bogotá y luego la juventud en Londres.

Viviane Ventura: Yo lo llamo una odisea. Inclusive ahora estoy escribiendo un libro de mis memorias - “Las mil y una noche de Viviane Ventura” -, aunque ya las he escrito dos veces y fueron serializadas en periódicos de Londres. La primera vez fue a los 23 años - que me pareció algo ridículo - pero bueno, las escribí porque me ofrecieron un buen dinero. En este nuevo libro, contaré toda la verdad de mi odisea, nada quedará afuera.


La verdad es que he aprovechado esta pandemia, para grabar en mi IPhone a diario episodios que luego mi nieta de 19 años los revise y me dé su opinión. Ella es mi crítica y mi guía. Por ejemplo, le estaba contando yo una historia de los años 70, cuando iba de Hollywood a New York y tenía mi contrato con la 20th Century Fox, y fui recibida por el entonces dueño, Darryl F. Zanuck, quien me llevó a cenar al 21 Club y me dice que le dé un momento que debe hablar con un guionista que le traía un “script”.


Pues aquel personaje de estatura baja, sombrero y gabán negro era Truman Capote que le pasó ese manuscrito y Darryl le dijo que como terminaba esa historia a lo que Capote contestó: Señor Zanuck, todos se mueren” y Darryl le dijo que tenía un contrato, que lo iban a hacer, esa cinta seria “In Cold Blood”, que ganó un Oscar.


Nací en Londres, luego de la Segunda Guerra, mis padres se habían conocido durante la Guerra (Michael Abraham Ventura y Barbara Buring). Mi madre había sido la primera Miss Derby y luego Miss Inglaterra, era una mujer muy hermosa. Aunque la Segunda Guerra Mundial comenzó una semana luego de haber ganado el título y se derrumbó todo. El premio del certamen era un viaje de 3 noches a Londres con alojamiento en el Victoria Hotel junto al Palacio de Buckingham - ella no conocía Londres -. Da la casualidad de que, en este hotel, estaban enlistándose mujeres para La Fuerza Aérea Auxiliar de Mujeres (The Women's Auxiliary Air Force -WAAF-). Pues, mi mamá al tercer día en Londres se enlistó.


Bueno, mis padres se conocieron allí, trabajando para la Fuerza Aérea Británica, y llegaron a Colombia, pues mi padre junto con sus hermanos Maurice y Roberto, habían fundado el laboratorio farmacéutico LaFrancol, entonces él le dijo a mi madre que nunca había salido de Inglaterra, que tenían que ir a Colombia. Así que, yo llegué a Barranquilla y viví los primeros 2 años allí. Luego mi padre pasó a Medellín y por último a Bogotá.

Yo crecí en Bogotá, tuve una juventud extraordinaria e inolvidable, estudié en el Liceo Frances. En mi casa hablábamos español, inglés y francés -mi padre hablaba 7 idiomas-; además se practiban tres religiones, el Shabat el viernes por parte de mi padre; Church of England por parte de mi madre, el sábado y la iglesia católica, el domingo porque vivíamos en un país católico.


Yo crecí con estas tres religiones, ahora bien, debo confesar que mi madre no se convirtió al judaísmo, así que técnicamente yo no soy judía, pero no hay que hablar de técnica sino de lo que uno siente en el corazón, y yo me di cuenta de una cosa, de los 17 hasta los 25 años viaje por todos los países árabes, inclusive aprendí a hablar el árabe. Y, tuve mucha cercanía con la cultura árabe y respetaba mucho el Corán, así que esto fue un tercer descubrimiento para mí. Sin embargo, el día que fui a visitar a Israel, desde que aterrice hasta que me fui no paré de llorar de la emoción, fue como si algo me hubiese tomado, y me sentí de una forma inexplicable, allí sé que emergieron mis raíces sefarditas.


En Jerusalén, estar al caer la tarde en esa plaza, en esa cafetería a las cinco de la tarde y ver el Wailing Wall, la Mosque de los árabes y atrás la iglesia católica con sus campanas, son esas tres religiones que se hundían en una armonía extraordinaria. Esta visión estará conmigo siempre.


Yo hablo seis idiomas, español, italiano, francés, inglés, árabe y alemán. En Italia hice tres películas (Un italiano a Varsavia; Il cornutto y Parliamo di donne) y los directores decían que mi acento era natico, que no podían decir que yo no era italiana. Ahora bien, mi padre era muy francófono, pues estuvo de niño internado en Francia, por eso estudié en el Liceo Frances de Bogotá, también aprendí a jugar Golf, Tenis, a montar a caballo y natación pues éramos miembros del Country Club.


Mi padre nació en Sudáfrica, y a mis abuelos y tíos, yo nunca entendí de donde eran solo sé que hablaban “ladino” y yo no les entendía. El ladino es una lengua muy bella, es como una poesía y para decirte algo pequeño es como un poema muy largo, así que yo me perdía y no les entendía. Además, yo quería saber su origen y el por qué mi padre nació en Sudáfrica, pero nunca tuve una respuesta satisfactoria. Yo sabía que mis abuelos venían de Esmirna en Turquía, pero no entendía como habían llegado allí, luego de Atatürk, emigraron a Sudáfrica.