"Anyu" - Mi Primaria y mi Hermano Peter - Parte XIII



Por Anamaria Goldstein


PRIMARIA Con el Comunismo también se acabaron los colegios privados. Tuve que cambiarme al que me correspondía según el barrio donde vivíamos. Tuve ahí una profesora a quien idolatrábamos. Teca neni era linda, llena de vida, enseñaba bien y tenía “talento” especial para averiguar qué se decía en las casas de sus alumnas, lo que opinaban papi y mami acerca del Partido Comunista y sobre lo que ocurría en el país. El papá de una compañera un día desapareció, evidentemente la niña había contado lo que su papi opinaba.


Todo se anotaba, todo se informaba. El colegio informa a la oficina y colegas de papa de mi excelente rendimiento academico

En ese mundo de teóricas igualdades, había unos más iguales que otros. Tuvimos una compañera de colegio que llegaba todos los días en un gran carro, chofer uniformado con chaqueta de cuero, quien le abría la puerta, le entregaba su maletín y ella entraba rápido al colegio. Veinte años después tuvimos de vecina de finca a esta niña detestada por todos, entonces pudimos conversar. Decía ella que en esas épocas se sentía miserable, no quería carro, ni chofer. Su papá era fiscal y los obligaban a ese lujo como medida de seguridad; era consciente de la manera como le huíamos, la excluíamos y la detestábamos. Una madrugada tembló, nunca había sentido algo igual; estuve aterrada pensando que los Estados Unidos nos estaban atacando. Todo el país temía una Tercera Guerra Mundial, la propaganda comunista nos llenaba la cabeza con esa idea, seguramente, me decía, echaron una bomba atómica sobre nosotros.


Diploma con toda la simbología socialista presente.

Hace unos años, viendo papeles de papá, encontré unas cartas enviadas por el colegio a las directivas de la oficina donde él trabajaba, con observaciones y felicitaciones por mis estudios de primaria. Ese era el nivel de control que existía.

Era la época de la guerra de Corea. Hungría recibía centenares de niños norcoreanos. En los colegios nos tocó tejer cuadros de lana de 20 centímetros cuadrados, en diversos colores, para después unirlos y hacer colchas que se enviaban a Corea. No cuántas docenas de trapos tejí, pero nunca más cogí entre las manos unas agujas de tejer.

También era la época de recoger cualquier cosa que pudiera servir para reciclar ya que faltaba materia prima en Hungría. En los colegios organizaban concursos y se premiaba a quien recolectara más papel, trapos, vidrio o metales. Me acordé de que cerca de mi finca había visto los restos de un tanque alemán. Indiqué donde estaba y gané el concurso. Una amiga, para no quedarse atrás, desatornilló las hermosas manijas de bronce de las puertas de su apartamento y las entregó.


Conservé durante toda mi vida una lindaamistad con algunas compañeras de colegia de esa época.

MI HERMANO PETER


Papá con mi hermano Peter.

Siempre quise tener hermanos y Peter, aunque lejos y por muchos años inalcanzable, era para mí muy importante. Era el único hijo del primer matrimonio de mi papá con la Sra. Zelma Szentgyorgyi. El matrimonio no fue feliz y después del divorcio, Zelma resolvió emigrar a Nueva York, en 1939. Peter, quien era apenas un niño de siete años ya sentía las primeras manifestaciones del Fascismo y también quiso irse. Anyu siempre me decía: “no olvides que tienes un hermano” y creo que Zelma también le recorda