"Anyu" - Theresiendstadt y el Reencuentro - Parte V


Por Anamaria Goldstein


THERESIENSTADT


La hermana de Anyu, Olika, su esposo e hijas, poco antes de la deportación. Mi prima Ruthy. Certificado que especifica el transporte en que Olika fue levada aTheresienstad y la fecha en que la transportaron a Auschwitz. Iba a cumplir treinta y siete años. Bernard Werner (26.6.1897) Olga Wernerova (11.10.1906) Ruth Wernerova (9.12.1929) Gabriela Wernerova (20.10.1933)

Nunca quise saber a fondo sobre este campo de concentración y sé por qué: el hecho de que mis dos primas, una apenas una niñita y la otra, sólo de 14 años estuvieran sufriendo allí, me hacía el alma pedazos. Pero creo que debo cumplir y escribir. La ciudad queda al noroeste de Praga. Su fortaleza sirvió para el ghetto a donde llevaron sobre todo judíos de Bohemia y de Moravia. De unas 140.000 personas que pasaron por allí 15.000 fueron niños, entre ellos Gabi y Ruthi, mis primas. Para engañar con una operación de propaganda a la opinión mundial, la Gestapo convirtió este ghetto en un verdadero teatro, con auto-administración judía, moneda y correo propios. Para una inspección solicitada por la misma Gestapo vino una comisión verificadora de la Cruz Roja y lo que encontró fue un kinder, colegio, un centro de estudios talmúdicos, almacén, cafés, banco, teatro, hasta un cabaret.Todo eso fue fachada, como las de Hollywood. A los enfermos y malnutridos los mandaron a campos de exterminio pocos días antes de la filmación. Entre los prisioneros había muchísimos intelectuales, escritores, pintores, académicos, que se aferraron a sus profesiones y trataron de mantener una vida cultural entre tanta miseria. Hicieron exposiciones de arte, conciertos, representación de una ópera infantil, Brundibar (obra que se representó 55 veces en el campo). La Cruz Roja se fue satisfecha con lo filmado y observado. Mientras tanto, la gente que apenas recibía 800 calorías al día moría. Mi abuela alcanzó a recibir una postal de su hija en la cual le pedía paquetes de comida. Las instalaciones sanitarias deficientes, los duros castigos, la falta de ropa adecuada, las enfermedades como el tifo y el hacinamiento, hizo que unas 33.000 personas murieran allí mismo, no había que gastarles el costo del transporte en trenes. Las humillaciones y el miedo constante a las deportaciones angustiaban a las familias, premoniciones que se cumplieron con la llevada a los campos de exterminio. Sólo 1.900 personas sobrevivieron. Mi tía Olika, su esposo Benno (Bernhard), Ruthy y Gabi, fueron llevados a Aushwitz el 6 de septiembre de 1943 en el transporte DM#4715, según datos bien archivados por la Gestapo. Mi hijo Jack visitó este campo en el verano de 1993. Fue el día que él más lloró en su vida.


Nota: La familia fue en el transporte 247 de Pardubice a Terezin y en el 4712 de Terezin a Auschwitz. Del primer transporte, de 650 personas, solo sobrevivieron 44. Del segundo, de 4712 personas, solo sobrevivieron 11


SOBREVIVIENDO AL LADO DE APU. EL REENCUENTRO El gobierno fascista hizo obligatorio que relacionáramos y entregáramos todos los bienes, como cuentas bancarias, de ahorros, papeles de bolsa, obras de arte, alfombras, joyas, oro, platería e incluso otros muy simples como radios y bicicletas. Sellaron las cajas fuertes previo inventario de su contenido. Sólo permitieron retirar mil pengos por persona, que seguramente era el mínimo básico para apenas subsistir. Se prohibió viajar en tren, carro o barco. Sólo teníamos dos horas diarias para hacer las compras necesarias, a pesar de lo cual mamá no regresaba a casa sino cuando ya había conseguido lo que podía. Conociendo a mi mamá, estoy segura de que entregó mucho, pero habrá sabido guardar algo, con lo que logramos hacer la vida más llevadera en los años siguientes. Ella era la que administraba el dinero, la recursiva, la que organizaba todo y a todos. Además, no me acuerdo de que hubiera sentido o mostrado jamás tener miedo. Estas confiscaciones se volvieron a repetir años después bajo el yugo comunista, pero ellos sólo exigirían la entrega del oro y de las divisas.


Anyu con Olika y las primas quienes fueron deportadas y asesinadas.

El 5 de abril de 1944 promulgaron la ley que hacía obligatorio a los judíos llevar la estrella amarilla, ley que acatamos sin analizar. Mi papá seguía prisionero y mi mamá, Erzsebet Hausman, era la única que salía a la calle. Su hermana menor, Judith y yo, permanecíamos encerradas en casa la mayor parte del tiempo. Así vivimos hasta que un amigo sionista le hizo caer en cuenta a mamá que llevar la estrella era señalarse como judía y poner en riesgo su vida y la de su familia. Mamá se armó de valor y se la arrancó e hizo lo mismo con la de mi tía. Por la edad que tenía, a mí no me tocaba llevarla. Mientras ocurría esto, mi mamá, Judith –cuyo primer marido habría de morir en el campo de Mauthausen (1) antes de que ella cumpliera veinte años– y yo, estuvimos viviendo en Budapest hasta la expedición de un decreto mediante el cual todas las mujeres judías con sus niños debían presentarse en el estadio deportivo de Kisok. Para los capitalinos, el horror de los crematorios y las cámaras de gas no era real y por ende, las órdenes se cumplían ingenuamente. Por tanto, fue tal el número de mujeres que se presentaron ante las autoridades, que resultó imposible para los nazis administrar esos volúmenes en esa jornada y cargarlos en trenes con destino a los campos de exterminio. Entonces, llamaron primero a las mujeres cuyos maridos estaban prestando “servicio” de trabajos y las dejaron ir. Así salió mi tía Judith del estadio. Después permitieron que madres con hijos menores de dos años pudieran regresar a sus casas y entre ellas nos encontramos nosotras. La prima de mamá, Manci Kunos, tenía un hijo un par meses mayor y no se levantó para marcharse. Mamá tuvo que sacarla casi a la fuerza cuando ella no reaccionó. No captó que era el momento de salvarse con su hijo, un minuto de duda pudo decidir la vida o la muerte. Las otras dos primas de mamá, las hijas de la tía Szerén, fueron vistas allí por última vez. Las metieron en los vagones y las gasearon a su llegada a Auschwitz. Después de esa experiencia, mamá me envió a un internado en Gyongyos con Teri, su empleada de confianza. Mientras tanto, ella buscaba contactar a un grupo sionista de Munkacs para procurarse toda clase de documentos falsos que pudieran salvarnos.

 

(1) Debo escribir unas palabras sobre este campo de horror. Era el campo central en Austria, cerca de Linz y se componía de 49 subcampos. Unas 195.000 personas fueron enviadas allí para que Alemania y Austria se pudieran proteger de ellas por su origen racial. Trabajaban en canteras, sin utensilios apropiados, apenas con las manos. Nótese que Austria contribuyó con más voluntarios per capita para guardianes SS en los campos de concentración que la misma Alemania; formaban la mitad de todas las tropas ahí. En Mauthausen los judíos húngaros y los soldados rusos fueron encerrados tras alambrado de púas durante todo el año a la intemperie ya que no quedaba lugar para alojarlos. En el verano el Appel era a las 4:45 a.m. (en invierno a las 5:15 a.m.) y el trabajo terminaba a las 7 p.m. Rompían granito y había que subir los bloques por 186 peldaños. Las crueldades y el sadismo no tenían límite. Después de la liberación por las tropas americanas, cerca de 3.000 prisioneros murieron a causa de la desnutrición y las enfermedades, entre ellos mis tíos Sanyi e Imre.



 


Mamá se hizo entonces a un pasaporte colectivo suizo, con el nombre de papá inscrito para que si él llegaba a salir de Kistarcsa también estuviese protegido; este documento fue certificado por el Dr. Barcs, un amigo notario. También consiguió otros documentos falsos para nosotras tres. Mamá logró que los nombres de pila fuesen los mismos nuestros para así poder reaccionar con naturalidad en caso de ser llamados. Nombre y apellidos nuevos correspondían a personas reales. Papá se convirtió en Biro Sandor, refugiado de Novi Sad; mi tía Judith en Schimmel Judith, futura cuñada de mi mamá venida de Pozsony (Bratislava) y mi mamá en Váci Erzsébet. Estas “nuevas personas reales” tenían oficios manuales, eran proletarios y por eso tuvo cuidado de registrarnos en Csepel, una isla industrial sobre el Danubio, donde además certificaban que éramos cristianos, que veníamos a la capital buscando refugio de las ciudades bombardeadas. Ya con los papeles en “orden”,mi mamá me fue a buscar. Recuerdo vivamente la sensación de abandono que sentí mientras estuve lejos de ella, algo más de dos meses. Mamá se impresionó del aire de apatía y tristeza que mostré cuando fue a recogerme. El tren en el que regresamos a la capital fue bombardeado, nos salvamos de milagro.

Certificando que Vajda Anna Mária, quien nació en 1942 en Budapest y quien vive en VI Paulay Ede u1 (dirección en el ghetto) se presentó hoy para recibir la Sagrada Cristiandad o mejor, las enseñanzas que la preceden. Budapest 1944 Julio 6 (poco antes de cumplir 2 años) Documento falso.

Entre el 17 y el 24 de junio de 1944, el gobierno tomó en Budapest 2.639 edificios que distinguió con la estrella de David para concentrar a todos los judíos de la capital ,a donde debíamos trasladarnos. Esos edificios quedaban, o en el ghetto, o eran los llamados “de protección” y quedaban en otras partes de la ciudad. Estos últimos estaban bajo la tutela de alguna embajada o entidad internacional, donde los que poseían algún documento extranjero, pasaporte o salvoconducto, podían resguardarse. En solo ocho días, doscientos cincuenta mil judíos tuvimos que trasladarnos al ghetto o a esas casas. Nosotrastres fuimos a parar primero a un edificio en Paulai Ede Utca, en el ghetto. El hacinamiento, el hambre, la pestilencia y las enfermedades hacían intolerable la permanencia allí. Ese sentimiento, unido a la intuición de mi mamá de que en un lugar así sería fácil para los nazis recogernos y deportarnos, hizo que organizara al cabo de tres días la forma de escaparnos. Logramos llegar a un edificio que estaba bajo la protección de la bandera sueca, administrado por Raoul Wallenberg, en Pozsonyi Ut.



El pasaporte suizo de papá certificado por el Dr. Barcs, amigo Notario de papá. Documento falso.

Era julio y, en mi cumpleaños, los aliados comenzaron a bombardear fuertemente la ciudad. Mi mamá tampoco se sintió segura en ese edificio y consiguió que una baronesa que vivía en las afueras de Budapest, en Budaors, nos acogiera a cambio de una suma apreciable de dinero y validas de nuestros documentos de identificación cristianos. Esa casa estaba tan estratégicamente bien situada que, sorpresivamente, para cuando logramos llegar allí, la Wehrmacht ya había hecho de la misma sus oficinas. Mi mamá, quien hablaba un perfecto alemán por ser el idioma hablado con su madre y por haber estudiado música en el Conservatorio de Viena, logró desarrollar suficiente relación con los oficiales como para escuchar juntos todas las noches la BBC de Londres en la radio. Terminamos así refugiados, irónicamente, entre oficiales alemanes.


Budaorsi út 143, la casa de la Baronesa donde nos refugiamos. Hoy es Gazdagrét

Hacia fines de octubre papá logró salir de Kistarcsa. El campo fue desmantelado y, enterándose de nuestra ubicación gracias a un guardia de seguridad que mamá sobornó, logró llegar a donde nosotras. Permaneció escondido detrás de la pared falsa de un closet donde apenas cabía un butaco. Pasaba el día sentado a oscuras y sólo salía de noche. Mamá me decía que esa persona, a quien llamaba Sanyi bacsi, no era mi papá, por miedo a que ingenuamente lo delatara. Recuerdo que entendía muy bien la situación y que no debía comentar nada a nadie. Cuando posteriormente los rusos se llevaron a “ese señor”, a quien había llegadoa querer mucho, lloraba por dos personas ausentes: por mi papá y por Sanyi bacsi. Cuando los nazis huyeron ante la avanzada soviética, un grupo de soldados del Ejército Rojo se instaló en la misma casa. Estos fueron muy queridos y recuerdo que me traían comida y dulces, eran la élite y la vanguardia. Entre ellos había un oficial, pedagogo de profesión y judío, quien nos dio buenos consejos y fue él quien nos enseñó cómo comportarnos en el momento en que llegara la tropa que venía detrás ya que estos serían burdos y agresivos. Nos regaló además un paracaídas de seda<