"Black Lives" Matters: Los afrogermánicos durante el Holocausto



Por Tomás Mojo, Buenos Aires

La Shoá enseña y mucho. Enseña que la exclusión sistémica y estructural tiene consecuencias. Enseña el efecto que ideologías como la supremacía racial genera al sostener intelectualmente la exclusión, pero también enseña la importancia del amor al prójimo, la trascendencia de los lazos de cooperación para formar sociedades democráticas entendiendo el valor de la reciprocidad y la igualdad, siendo el rol de las minorías crucial para ello.


Estamos hablando de equidad, de violencia institucional y permisiones históricas que han consentido prácticas violatorias de los Derechos Humanos

En este sentido, lo acontecido en Estados con George Floyd puede ser explicado con la historia de la desigualdad, pero primero debemos hablar del racismo científico. Esta pseudo ciencia convertida en una política pública del nazismo estuvo dada por el efecto catalizador que las teorías biológicas supusieron al aplicarse a la antropología: la discriminación se convirtió en un discurso (pseudo) científico. En Estados Unidos se afirmaba que la intención de los esclavos de liberarse constituía una enfermedad mental -drapetomanía- dado que esa era su condición “natural”.


Más de un siglo ha pasado, pero pocos cambios estructurales pudimos observar. Alemania se sumó a estos influjos doctrinarios. La “mejora racial” para lograr “vidas que merecen ser vividas” contrastaba con los afrodescendientes o los judíos y fue probablemente 1884 un año trascendental en la historia del racismo contra los afrogermánicos. En la Conferencia de Berlín las potencias europeas se adjudicaron las colonias africanas. Alemania “obtuvo”, entre otras porciones del continente, un sector de la actual Namibia. Llegados al territorio comenzaron las matanzas de originarios. Consecuencia: en 1903 un pequeño grupo de Namaqua se levantaron en armas. Los Herero los siguieron. Esto tomó por sorpresa a los alemanes y poco después 14.000 soldados desembarcaron allí. Las acciones alemanas constituyeron el primer genocidio del Siglo XX: de aproximadamente 100.000 habitantes nativos, luego del ataque quedaron 15.000. Murieron por asesinato directo, deshidratación, inanición y envenenamiento.


Este es el origen del término Konzentrationslager, campo de concentración, y su exponente africano fue el campo de exterminio de Shark Island. Por otro lado, el Tratado de Versalles estableció la ocupación de la Renania alemana. El Ejército francés desembarcó más de 40.000 hombres, muchos de origen senegalés. De la unión de estos y las alemanas nacieron unos 500 niños a quienes Hitler denominó “Los bastardos renanos”, apuntados en Mein Kampf como producto de los judíos. La población afrogermana era de 20.000 personas en 65 millones de alemanes en 1933, cuatro años más tarde comenzó una operación liderada por el genetista Dr. Fischer, el proyecto Sonderkomission nª 3, para su esterilización masiva.


La política de Hitler respecto de esta minoría fue errática: no puede afirmarse que el exterminio fuera el objetivo final -como los judíos y la Solución Final- dado que, por ejemplo, hubo afrodescendientes en las Juventudes Hitlerianas, pero al mismo tiempo les confirió el mismo status jurídico que a los judíos, no eran considerados ciudadanos del Reich, y en 1942 Himmler ordenó un censo de la población afrogermana, tal vez para su exterminio. Entonces, nos preguntamos de nuevo ¿Qué nos enseña la Shoá sobre #BlackLivesMatter?


En conclusión, estamos hablando de equidad, de violencia institucional y permisiones históricas que han consentido prácticas violatorias de los Derechos Humanos. Así, en los últimos 30 años la población carcelaria de Estados Unidos aumentó más de un 300% -posee más del 20% de los prisioneros del mundo- y si bien los afrodescendientes representan cerca del 12% del total poblacional, son un tercio de las personas encerradas. Esto se llama sobrerrepresentación estereotipada.


Veámoslo en el contexto de la Shoá: la población judía europea era de 9.5 millones en 1933 y totalizaba un 1.7% del continente. En 1950 quedaban en Europa unos 3,5 millones de judíos. Hoy hay 15 millones de judíos en el mundo, 300.000 menos que al iniciarse el Nazismo. Esto también es sobrerrepresentación estereotipada.


Entonces, el Holocausto nos muestra los efectos que produce la inequidad estructural y nos permite comprender el valor de los precedentes históricos.


El genocidio Herero podría haber sido una señal -al igual que el Genocidio Armenio- del trato a las minorías antes del Holocausto enseñándonos el valor de la equidad, la democracia y los lazos de cooperación. Cuando decimos que las vidas de los afroamericanos importan es (o debería ser) porque entendemos su rol social como minoría en el fortalecimiento de la democracia. Ese será el tiempo en que entendamos las consecuencias que el trato diferenciado a las minorías apareja y por qué la indiferencia mata, pero de verdad. El exterminio Herero y la Shoá, su silencio y complicidad, son una prueba de ello.




Tomas Mojo es abogado y docente especializado en Derechos Humanos y estudios sobre el Holocausto. Fundador de Proyecto Voces. Miembro del programa de jóvenes diplomáticos del Congreso Judío Latinoamericano


#BLM #blacklivesmatter #holocuasto #shoa #nazi #tomasmojo #proyectovoces

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