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Colombia: El Galardón del Infierno



Por Omar Bula

Una vez más, Colombia ocupa uno de los podios más siniestros del planeta.


¿Qué significado tiene realmente liderar el índice global del crimen organizado?

Durante varios años, este país sudamericano ha sido conocido como el principal productor de cocaína a nivel mundial.

Pero, en el 2023, según el Índice del Crimen Global Organizado de Informal Economy, Colombia escaló una nueva cumbre de infamia: ahora lidera el continente en el ámbito del crimen organizado.


Mientras que este denigrante logro ilustra claramente el fracaso total de los sucesivos y dudosos acuerdos de paz que se han implementado en el país desde hace más de una década, las cifras para el 2023 destapan una realidad aún más sombría: la creciente conexión entre el poder político y la delincuencia organizada bajo el gobierno del actual presidente, Gustavo Petro.


Ahora bien, aunque las estadísticas pueden ser reveladoras, estas a menudo carecen del poder de capturar la complejidad y la verdadera magnitud de los fenómenos que intentan medir.


¿Qué significado tiene realmente liderar el índice global del crimen organizado?


¿Qué es el Crimen Transnacional (global) Organizado?


El Crimen Transnacional Organizado o TOC (por sus siglas en inglés), es una de las manifestaciones más funestas de la globalización: la globalización del crimen.


El término hace referencia a actividades delictivas que implican a grupos organizados que operan a través de fronteras nacionales para facilitar actividades ilegales como el tráfico de drogas, la trata de personas y de órganos, el lavado de dinero y el contrabando de armas.


La globalización ha fortalecido el Crimen Transnacional Organizado en términos de tamaño, capacidad operativa y riqueza.


Las redes criminales han aprovechado la mayor movilidad de bienes, servicios y personas a través de las fronteras, y han explotado la interconexión sin precedentes de los mercados financieros para promover sus objetivos ilícitos.


Además de sus consecuencias nefastas en términos de crimen y terrorismo, la expansión imparable del crimen organizado ha dejado una huella indeleble en la gobernabilidad y las democracias a nivel mundial.


Desde las instituciones estatales hasta las fuerzas militares, políticas, de inteligencia y seguridad, ninguna esfera ha quedado indemne ante su infiltración insidiosa.


Figuras prominentes del gobierno y ejecutivos empresariales de alto nivel son absorbidos por la millonaria vorágine criminal, alimentando un entramado de corrupción que erosiona los cimientos mismos del orden institucional.


En el contexto latinoamericano, esta oscura faceta de la globalización ha florecido al compás de la expansión sin precedentes de la industria del narcotráfico.


En la actualidad, los vastos recursos generados por el comercio de estupefacientes y las actividades criminales han permeado profundamente la estructura de numerosos países de la región, consolidándose como una fuerza influyente que desdibuja las fronteras entre el poder económico y el poder político.


Peor aún, como en cualquier empresa, los intereses convergen, se forjan alianzas estratégicas y la externalización abre las puertas a una expansión sin límites. Y el imperio del crimen global no es la excepción a esta regla.


Actualmente existen verdaderas coaliciones criminales transnacionales que cubren prácticamente todo el planeta, las cuales permiten a los grupos criminales aumentar sus capacidades y ampliar su alcance geográfico.


Entre las más perturbadoras de estas alianzas - y una de particular relevancia para Colombia y para toda la región - está la conexión de grupos terroristas del islam radical con los carteles del narcotráfico, sobre la cual escribí mi libro Watch Your Backyard, en 2017.


Desde hace varios años, grupos terroristas islámicos como Al Qaeda y Hezbolá se han asociado con organizaciones de narcotráfico como las FARC, el ELN y los carteles mexicanos para compartir logística y experiencia, y para facilitar la perpetración de crímenes de índole transnacional.


Es ese el nuevo podio que Colombia ocupa, el de una enorme y siniestra estructura global en el ámbito del mundo criminal.


Nada nuevo, dirán algunos, una evolución previsible, un patrón establecido. Pero, se equivocan.


Lo que este último galardón del infierno representa es un paso adelante hacia el borde del precipicio.


En tiempos pasados, el crimen organizado operaba oculto y en sigilo en las alcantarillas del submundo criminal para promover su siniestra empresa.


Bajo el mandato del presidente Gustavo Petro - esas alcantarillas han sido abiertas de par en par - permitiendo que criminales, delincuentes y roedores actúen impunemente a plena luz del día.


Pocos pasos más, y Colombia se desploma…hasta el fondo mismo del precipicio.

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