Elogio a la paciencia



Por Martín Cruz Vega



La academia tiene enormes posibilidades para hacer un poderoso aporte al elogio a la paciencia, como herramienta eficaz para superar los obstáculos, por empinados que sean. A veces creemos que todo lo podemos tener al instante, que puede brotar de la “lámpara maravillosa de Aladino”. Las metas y objetivos siempre requieren sus tiempos, pretender alterarlos no es objetividad sino falsos deseos que traen frustraciones y derrotas.


Las adversidades solo se superan si la paciencia es mayor a éstas. La fortaleza viene de la calma. La paciencia no permite provocaciones, es dominio de si mismo, no ante las cosas maravillosas de la vida, sino ante los grandes retos que pueden verse imposibles superarlos. Es acá donde la sabia paciencia reinará ante el escepticismo.

Las adversidades solo se superan si la paciencia es mayor a éstas. La fortaleza viene de la calma. La paciencia no permite provocaciones, es dominio de si mismo, no ante las cosas maravillosas de la vida, sino ante los grandes retos que pueden verse imposibles superarlos. Es acá donde la sabia paciencia reinará ante el escepticismo.


La paciencia necesita razonamientos tomando como base la realidad, no ignorando las desgracias y los retos, sino buscando soluciones, construyendo puentes de diálogo y consenso por objetivos comunes, separando el pesimismo y la costumbre de sucumbir ante la primera derrota; aceptando todas las soluciones posibles, sin importar las creencias, las subjetividades, los marginados, las convicciones de la vida, los intereses políticos, las ideologías. Ésta es la valoración altruista de la paciencia, el bien común, el buen vivir, la felicidad de los seres humanos, la construcción de la paz, por difícil que sea, se logra si tenemos paciencia y sentido patriótico.


La paciencia está invisible, debemos visibilizarla en medio de esta Colombia que a pesar del Acuerdo de Paz, persiste en la violencia, con nuevas y crueles manifestaciones, no solo en las ciudades grandes y pequeñas sino en los territorios, donde las rentas legales y clandestinas se dirimen mediante las armas, la muerte y la ausencia del Estado, o mejor, donde el establecimiento cede ante el poder de los matones y el dinero.


Debemos romper la invisibilidad de quienes forjamos esta opción de paz, ex guerrilleros y ex guerrilleras, soldados, policías, periodistas, generales, capitanes, tenientes, almirantes, infantes, estadistas, docentes, estudiantes, todas las etnias, escritores, académicos, abogados, países garantes y acompañantes, la comunidad internacional, amas de casa, las iglesias, trabajadores, obreros, sindicalistas, mujeres, jóvenes, las diversidades sexuales, la cultura, el arte, campesinos, todas las almas que hicimos posible el Acuerdo de Paz.


Revestirnos de paciencia, visibilizarnos, juntarnos y mirarnos a los ojos, romper la indiferencia en un acto de básica humanidad; aprender de los niños, que solo basta una mirada y aparece la sonrisa y florece la amistad, así de simple, así de fácil. Valorarnos como humanos, sin acusar a los demás con el rojo puñal del estigma. Entender que ya la guerra hizo cuanto quiso con nosotros, que ya nos saturamos de llanto y de dolor. Hacer un acto de elogio a la paciencia, dejar la horrible noche y las sombras manchadas con sus huellas de sangre en el pasado y saludar a un nuevo día con la esperanza de reconciliarnos y en paz completa.


Es evidente la polarización en Colombia por varias razones y las circunstancias que median la cotidianidad. Colombia es un país de emociones, nos exacerba un buen partido de fútbol y uno malo nos tira al abismo de las adversidades. La campaña electoral ya soltó la partida. Esto altera los ánimos y hace perder la paciencia. La disputa entre la democracia y la ultraderecha, la vida o la muerte, entre la paz y la guerra. La lucha por la implementación del Acuerdo de Paz exacerba sobre todo a quienes esperamos el cumplimiento eficaz de lo firmado y tenemos el resultado trágico de 258 asesinados. A veces se agota la paciencia y se insensibiliza la esperanza. Colombia debe salir de esta cotidianidad que nos lacera. Sigamos buscando soluciones de vida. Salgamos del caos mirando al futuro, no profundizar en el ocaso, salirnos de una vez de este torbellino con paciencia creadora, no de aquella que anestesia que nos insensibiliza.


Nos toca revistirnos de paciencia. Sabemos que son procesos sociales, son construcciones que demandan tiempo, voluntad, todo el poder del Estado y también de toda la sociedad en su conjunto. Debe la sociedad visibilizarse. Debe visibilizar su potencia en la lucha por hacer posible una sociedad feliz, donde quepan todas las diferencias, todas las convicciones políticas y religiosas, todas las diversidades, todos los seres humanos.


Con paciencia, sabiduría y visibilizando humanismo, tolerancia, consenso, ansias de paz, de reconciliación, convivencia, diálogo, igualdad social, política y económica, respeto. Con seguridad llegaremos a un puerto seguro. No es verdad que estemos condenados a vivir siempre en guerra. Solo tenemos que apersonarnos como sociedad de nuestro presente y nuestro futuro.


A pesar de tantas adversidades en contra de la vida, encontraremos el camino que nos lleve por los senderos de la reconciliación y la convivencia. La solidaridad y la paciencia emprendedora hará posible la verdad y la esperanza. No todo es un profundo abismo, hay corazones que amamos la vida, así nos cueste construir la paz, ella, la paz también tiene su valor. Sigamos labrando un nuevo amanecer, no será sencillo, será espinoso el camino, pero lo lograremos.