Erase una vez en Ayllón

Actualizado: ago 23

Mayo de 2014

Teodoro, el historiador del pueblo ubicado en la provincia de Segovia (Castilla y León) me contó que, a través de los siglos, Ayllón nunca tuvo más de 1.500 habitantes pero que, hacia mediados del siglo XIV, fácilmente la mitad eran judíos. 522 años después de que el último de nuestros paisanos pudiera haber estado ahí, 49 personas (un número de por sí cabalístico), la mayoría descendientes directos de esos residentes, nos reunimos para conocernos y rendir homenaje a ese legado.


Procedentes de 12 países, desde Australia y pasando por Turquía, Israel, Italia, Panamá y Colombia, miembros o allegados de las familias Aghion, Aelion o Alyon llegaron para conocer su pueblo ancestral, conocerse entre primos y forjar un vínculo que estoy seguro será duradero.


¿Cómo hacer para enterrar el cuerpo en terreno virgen? ¿Cómo llenar el ataúd con huesos de gallina o de perro para evitar tener que desenterrar al muerto al cabo de 7 años y machetearlo al estilo cristiano para luego poner los restos en un osario? ¿Cómo vestirse de luto sin ser descubiertos? ¿Cómo evitar la extremaunción y la visita del cura párroco?

Declarado recientemente como uno de los pueblos más bonitos de España, Ayllón es una versión medieval de Villa de Leyva, y enmarcado por un paisaje igualmente boyacense, de calles y callejones tranquilos, con escasos habitantes que casi ni se dejaron ver. El centro histórico del pueblo permanece congelado en el tiempo pero más allá de las historias de Teodoro, no evidencia pasado judío alguno, como es el caso en la mayor parte de España. En 1412, Las Leyes de Ayllón dieron prominencia al lugar y escribieron un capítulo nefasto en la historia judía. Fue allá cuando y donde se estableció que ningún judío podía vivir frente a un cristiano, que debíamos vestir sambenitos, dedicarnos únicamente a ciertas labores comerciales, que no podíamos emplear servidumbre católica o esposar cristianas y otras tantas perlas que siglos después inspiraron a los nazis a hacer lo mismo.


Dos siglos atrás, en 1215, de Ayllón vino un anunciador de tiempos mesiánicos, quien terminó viendo un chispero y que con su debacle fue responsable de que algunos paisanos optaran por convertirse al cristianismo, en lo que pasó a llamarse como “el milagro de las cruces”. La famosa sinagoga sefaradí Bevis Marks de Londres fue fundada, entre otros, por Don Salomón ben Jacob Ayllón, ilustre Jajam quien por apoyar la tristemente célebre causa de Shabetai Zvi también cayó en desgracia. Quienes tuvieron la oportunidad de conocer Alexandría hasta hace pocos meses, pudieron conocer Villa Aghion, patrimonio UNESCO de la Humanidad (antes de que el actual régimen de Al-Sisi la destruyera).


Quienes visiten Jerusalem podrán pasar por Bet Aghion, la residencia del Primer Ministro, construida por otro vástago de la familia. Marcas internacionalmente reconocidas como Zumba o Chloe tienen en común este origen: Un pueblo pequeño, con una comunidad judía pequeña pero muchas historias que contar, a mucho orgullo.


Como pasa con tantas villas y caseríos de Europa, me maravilla ver cómo de orígenes humildes, de pueblos casi que insignificantes, hayan salido generaciones tan prósperas económica y culturalmente y que orgullosamente lleven su tradición y orígenes. ¿Qué hubiese sido de Ayllón o de tantos shtetls de haberle respetado a judíos su derecho a residir y desarrollarse ahí? Es motivo de orgullo nacional judío ver como una y otra vez, nuestra simiente ha sabido reinventarse y prosperar.


Para mí fue fascinante conocer las historias de migraciones por Egipto, Turquía, Francia, Australia o Israel, conocer un árbol con 5.000 entradas y más de 5 siglos de información, y haber oído hablar aún ladino. Mis respetos a Paul Aghion y a Michel Danon por la organización de este evento, y a Paul Translateur como depositario del árbol genealógico de la familia. Me atrevo a dudar que los actuales residentes de Ayllón puedan evidenciar su linaje de la misma manera.


Durante el fin de semana que estuvimos ahí, tuvimos el enorme placer de poder celebrar lo que bien pudo haber sido el primer Shabat en 522 años; haber comido la primera matzá en tanto tiempo y cantar juntos los clásicos del repertorio hebreo contemporáneo, momentos muy significativos como judíos, aún para quienes no trazamos ascendencia hasta Ayllón.


Durante el recorrido del pueblo, fuimos gratamente sorprendidos por integrantes del grupo local de teatro, quienes ataviados a la usanza del siglo XIV y XV escenificaron momentos de su historia y de la cotidianidad de los marranos. En la Plaza Central representaron un diálogo entre un moro y un cristiano en lo que también fue parte del Sendero del Cid Campeador. Dentro de las ruinas de una iglesia medieval dramatizaron el dialogo entre San Vicente Ferrer y la reina Catalina de Lancaster, abuela de Isabel la Católica, y que sirvió como preludio a las Leyes de Ayllón. Finalmente, dentro del museo de arte, y de manera muy conmovedora, escenificaron el drama previo al entierro de un marrano donde plantearon lo que pudo haber sido la angustia de los deudos: ¿Cómo hacer para enterrar el cuerpo en terreno virgen? ¿Cómo llenar el ataúd con huesos de gallina o de perro para evitar tener que desenterrar al muerto al cabo de 7 años y machetearlo al estilo cristiano para luego poner los restos en un osario? ¿Cómo vestirse de luto sin ser descubiertos? ¿Cómo evitar la extremaunción y la visita del cura párroco? Significativo fue ver la sensibilidad que el pueblo de Ayllón nos expresó, hoy en el 2014, y su reconocimiento por un pasado judío, un sentimiento de pena por lo sucedido y otro de hermandad y solidaridad.


Nuevamente España se encuentra atravesando épocas de grandes tribulaciones, y así como lo hizo repetitivamente desde épocas visigodas alternando odios y amores hacia nosotros, hoy nos quieren. Quieren al turismo judío, quieren incentivar la inversión, prometen otorgar pasaportes a manera de restitución, pero indudablemente el cariño que sentimos en Ayllón fue genuino. El recibimiento y cena que compartimos con la alcaldesa y con algunos de los ilustres ciudadanos del pueblo fue bonito.


En el remate del evento, pasamos por Segovia para visitar el cementerio, hacer kadish y visitar lo que queda de su judería. Para sorpresa nuestra, por segunda vez ese fin de semana, el diario de Segovia dio cubrimiento a nuestra visita. Además, Agencia EFE filmó la sorpresiva invitación de la alcaldesa de Segovia al grupo familiar, donde entre otras nos fue dado una hoja de higo (los judíos en el Medioevo eran conocidos allí por ese cultivo) con un pin con el escudo de armas de Segovia y muy especialmente nos dieron las Llaves de la Ciudad. Y para cerrar con broche de oro, a la entrada del actual Centro Cultural Sefaradí, la alcaldesa destapó una placa conmemorativa que reza “Shalom. Los descendientes de las familias sefardís que salieron de Ayllón visitaron esta casa de Abraham Seneo (sic) rindiendo homenaje a la memoria de sus antepasados”.


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