Melodía para el recuerdo: Una historia de amor entre una judía y un católico

Actualizado: 7 ago 2021




Por Nicolás Casanova


Por casualidad me encontré con una historia de amor prohibido: Una judía, Lía Ghelman y un católico, el pianista Manuel J. Bernal. Un relato que quiero llevar a la gran pantalla.


De no ser por una conversación casual con una amiga del alma, este artículo ni siquiera hubiera empezado. “Quiero grabar las historias que me cuenta mi abuela”, me dijo un día Sofía Bernal, sin prever que ese sería el inicio de una obsesión por lanzar una nueva película y visibilizar al pueblo judío colombiano.


Años más tarde las cosas se complicaron cuando Lía, en una de sus salidas ocasionales, terminó en un concierto que organizaba La Voz de Antioquia. Allí vio por primera vez a Manuel J. Bernal un tipo apuesto y prodigioso. Fue amor a primera vista. Manuel J era uno de los más afamados pianistas de Colombia.

Estaba muy reciente el estreno de mi ópera prima, El Culebro: La historia de mi papá, un documental sobre la vida de mi padre, el actor Hernando “El Culebro” Casanova. Qué se hizo famoso por sus apariciones en seriados como Yo y Tú, Don Chinche o el Show de Jimmy, con la sección Los Meros Recochan Boys. Después de un proceso de creación de cerca de cuatro años, estaba realmente exhausto y quería darme una pausa de la actividad cinematográfica. Sin embargo, no contaba con que me iba a encontrar con una historia que daría fin a mis horas de retiro en el cine. Sofía Bernal me daba sus impresiones sobre mi documental y luego de esta amena charla, con tono fugaz me dijo “Quiero grabar a mi abuela para tener sus historias siempre conmigo”. Hubo una pausa y la miré esperando que me diera más detalles.


Sofía es nieta de Lía Ghelman Wainer una colombiana de origen judío. Sus padres nacieron en Besarabia y mitad de su familia padeció durante los bombardeos perpetrados por la Alemania Nazi en territorio europeo. La historia de Lía tiene origen en el pacifico colombiano, su padre Francisco Ghelman tenía negocios en el continente por lo que, restablecer a su familia en Colombia era la opción mas oportuna en ese momento. La familia creció y con el tiempo decidieron mudarse a Medellín. Lía recuerda a su padre con temor y respeto. Era un hombre estricto y poco permisivo, solía decirles “ustedes nacieron judías y se mueren judías”. Sin embargo, dada la época en la que se establecieron en Colombia, Francisco no tenía otra opción que matricular a sus hijas en colegios católicos. Lía recuerda que llegaba llorando a su casa luego de que sus compañeras de clase le decían “¡No queremos juntarnos contigo porque tu eres judía y ustedes mataron a Cristo!”. En su defensa, la madre de Lía, Sonia Wainer, le recordaba constantemente a su pequeña hija “nosotros no matamos a nadie, Cristo también era judío”. Así que, Lía, judía de corazón, se formó en el seno de una comunidad católica.


Años más tarde las cosas se complicaron cuando Lía, en una de sus salidas ocasionales, terminó en un concierto que organizaba La Voz de Antioquia. Allí vio por primera vez a Manuel J. Bernal un tipo apuesto y prodigioso. Fue amor a primera vista. Manuel J era uno de los más afamados pianistas de Colombia. Lo catalogaban como un genio, poseía oído absoluto, y sus creaciones siguen siendo interpretadas en variados escenarios. Sus temas más reconocidos fueron el pasillo Gloria Eugenia, Jorge Humberto, Sonia María, Alborada, y Misa colombiana entre muchos otros. Para más señas debo aclarar que mi generación identifica a Manuel J con el jingle navideño de Caracol Radio, "Año nuevo y navidad, Caracol con sus oyentes..." y, por supuesto, tocó junto al gran Frank Preuss, fallecido recientemente y que también tenía un vinculo con la familia Ghelman.


El asunto fue que, al poco tiempo de conocerse, Manuel J y Lía se casaron —a pesar de la negativa de sus allegados puesto que afirmaban que los católicos eran malos esposos—. Hersh se enteró del matrimonio de su hija, leyendo el periódico El Colombiano. Desde ese momento dio por muerta a su hija. De hecho, fue tanta su cólera que hasta se sentó en Shiva. Durante años Hersh se distanció de su hija y su reencuentro se daría años más tarde, ya en agonía, únicamente para conocer a sus nietos varones y estrechar la mano de Manuel J, por primera vez.


El día que conocí a Lía Ghelman quedé cautivado con su elegante presencia, su dulzura y su sagacidad —muy parecida a su nieta—. Los ojos de Lía parecen proyectar sus recuerdos. Lo que me pareció más interesante fue el asunto religioso, por supuesto, pero en ningún momento este elemento fue motivo de discordia o malentendidos. Lía fue y es amada por parte de la familia de su esposo y Manuel J fue muy querido dentro de la comunidad judía, incluso hizo gala de su repertorio en varias festividades de la comunidad —de esto puede dar fe el rabino Alfredo Goldschmidt que compartió con Manuel J e incluso instó a la pareja para direccionar a sus hijos al judaísmo—. En cualquier caso, como ya dije, lo que más me interesó de la historia, fue que para la pareja, siempre estuvo primero el amor que se tenían el uno al otro y sus creencias no determinaron lo que la cultura dictaba, pero el relato, también sirve de excusa para narrar las migraciones judías al país durante la época de la guerra, los aportes de la comunidad al desarrollo de la nación, las posiciones tomadas por el gobierno colombiano —A veces antisemitas— y las dificultades de adaptación de estas familias al contexto nacional. En esa búsqueda, también tuve el placer de conocer a Enrique Martínez Ruíz y el lingote de oro que escribió “Quinta Sión: Los judíos y la conformación del espacio urbano de Bogotá”, una guía imprescindible para esta titánica tarea. En ese sentido, también debo mencionar a Daniel Rosenthal de la AIM, un socio inigualable en esta quijotada de sacar a la luz el proyecto, en alguna ocasión pre pandémica en la sinagoga, recuerdo a Daniel diciéndome “La cultura Colombia que es alegre, jovial y vital contrastaba mucho con los judíos migrantes que tenían una cultura europea fría y educada, pero de todas maneras esto no dejó de ser un atractivo para esos migrantes”.


Sofía sabía que, como director de cine, soy un cazador de historias y lo que empezó como un vídeo para recordar a su abuela, Lía Ghelman Wainer, se convirtió —espero— en un testimonio audiovisual de una familia judía en Colombia. Luego de la confesión de Sofía, lo único que atiné a decir fue “no puede ser que luego de diez años de amistad, me estés contando esto” y con justa razón, me gusta exponer otras culturas desde otros puntos de vista, que su diferenciador cultural o étnico no sea una causalidad del relato.


La actualidad del proyecto es la realidad de muchos otros proyectos afectados por la pandemia. Recuerdo que el día que iba a conocer el cementerio inglés, se cerró por primera vez la ciudad y empezó a sonar el recurrente “seguimos cuando todo esto acabe”. El escenario no ha cambiado mucho y solo me aferro a que las cosas se calmen, aunque sé que este tipo de historias son una carrera contra el tiempo. Me queda el consuelo de sumergirme cada día en la hermosa e inspiradora historia del pueblo judío.



 

Nicolás Casanova es un cineasta graduado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, se desempeña como realizador, así como jurado y programador en festivales de cine y consultor de guiones. En 2017 lanzó su primer documental 'El Culebro: La historia de mi papá", una película sobre su padre, Hernando 'El Culebro' Casanova, que fue aclamado por la crítica y el público en general, siendo presentado ese mismo año en Caracol Televisión, así mismo, por esta producción fue reconocido como uno de los directores bogotanos destacados por la Revista Go.


Actualmente se encuentra en la post-producción de su segundo documental, llamado 'El Sueño de Rosalinda', sobre una líder Wayuu en la Guajira.

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