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“¡Ustedes los Judíos son todos buenos para los negocios!” Parte I



Derribando algunos Mitos acerca de los Judios y los Negocios Por Eduardo Guinguis Roter En mi época universitaria enfrenté muchas veces aquella conocida interpelación: ustedes los Judíos son todos buenos para los negocios", "¿porqué lo dices?", preguntaba, "tu sabes, los judíos controlan el mundo", o "los judíos son todos ricos", eran algunas de las respuestas que recibía.

Tanto la interpelación inicial, como ambas respuestas, escondían profundos sentimientos antisemitas, compartidos al parecer por muchos de los que eran mis compañeros, pues no recuerdo a ninguno apoyándome cuando les enrostraba el prejuicio detrás de esas afirmaciones; a fin de cuentas, no lo decían como un signo de virtud y por otro lado, la historia ha demostrado que estamos muy lejos de controlar el mundo y por supuesto habemos Judíos en todos los estratos sociales.

Mucho tiempo después recapacité sobre aquella aseveración, pues es verdad que históricamente han habido muchos Judíos exitosos en el mundo de los negocios y del dinero, que han aportado enorme valor. Sin embargo, las causas más recurrentes que invocan los historiadores sobre el porqué de esa preferencia y condición, no me convencen. Las explicaciones más comunes son:


Los judíos tenían prohibido poseer tierras

  • Los expulsaron de los gremios de artesanos y debieron dedicarse al comercio

  • A raíz de las continuas persecuciones, se dedicaron a actividades en las que podían disponer de bienes fácilmente liquidables y transportables

  • Los cristianos tenían prohibido prestar a interés, así que esta ocupación fue asumida por los Judíos.

Ninguna de estas explicaciones entrega luces acerca de la razón del éxito y además, mucho antes de las prohibiciones y persecuciones que debieron enfrentar, principalmente a partir del siglo XIII, ya muchos Judíos se dedicaban a actividades comerciales y bancarias con razonable éxito. Mi visión cambió cuando llegó a mis manos un estudio realizado por dos prestigiosos académicos, ambos doctores en economía, Maristella Boticcini y Zvi Eckstein, que titularon "The Chosen Few" (los pocos elegidos), en el que analizan los factores histórico-económicos que explican la alta participación y el éxito de los Judíos en el mundo de los negocios, la banca y en las profesiones liberales. Para entender el fenómeno debemos remontarnos al siglo I de nuestra era, específicamente al año 67. Por aquellos años, la población Judía total ascendía a unos 5 millones, de los cuales la mitad residía en Judea y el resto en Mesopotamia, Persia, Egipto (Alejandría), Siria, Roma y en algunos sitios en Europa y Asia Menor. Entre los Judíos de Judea, dos grupos dominaban la escena social y religiosa. Los Seduceos, que detentaban el poder, eran la clase sacerdotal encargada de administrar el gran templo de Jerusalem e imponían una religión basada principalmente en sacrificios y los Fariseos, los rabinos estudiosos de la Torah (el Pentateuco de la biblia hebrea), que impulsaban una religión basada en el cumplimiento de las leyes mosaicas y en el estudio de la Torah como fuente de conexión con Dios. Otros grupos menores eran los Esenios, Zelotes, Sicarios y la reciente surgida secta Judeo-Cristiana. La realidad económica era precaria, Judea era una sociedad rural, con la mayor parte de su población dedicada a las actividades agrícolas, con ingresos que apenas les alcanzaba para cubrir sus necesidades básicas y sometidos al pago de exorbitantes tributos a Roma y al templo. Por otro lado, Roma acentuaba continuamente su poder, quitando autonomía a las autoridades Judías locales, despojando al templo de sus tesoros y presionando para instalar allí estatuas del emperador y sus dioses. En el año 66 esas condiciones se tornaron asfixiantes, y se desató la primera guerra Judeo-Romana, que trajo como resultado la destrucción del templo y el ocaso del poder de los Saduceos en favor de los Fariseos. Sin Templo en donde realizar los sacrificios y con los Fariseos detentando el poder religioso, se produjo el tan esperado cambio por éstos: el culto religioso pasó a las sinagogas y el estudio de la Torah se transformó en deber para todos los Judíos, creándose escuelas obligatorias para la enseñanza de la lectura y escritura a los niños a partir de los 6 años. Situémonos en este nuevo escenario. El pueblo acostumbrado a cumplir sus deberes religiosos concurriendo al templo con sus animales para el sacrificio, ahora debía enviar a sus hijos a estudiar Torah para participar de su lectura en la sinagoga. Esto último confería un valioso status, pues quien leía era situado en un lugar de privilegio dentro de la comunidad. Pero había un serio problema, la mayoría de ellos eran analfabetos ("Amei Haaretz", hijos de la tierra) y carecían de los recursos para enviar a sus hijos a la escuela. No solo no disponían de los recursos, (existían algunas ayudas que otorgaban las comunidades), sino que más importante, destinar un hijo al estudio implicaba asumir el desmesurado costo de oportunidad que significaba dejar de usarlo como peón de ayuda en el campo. Los hijos tempranamente se incorporaban al mundo del trabajo y aportaban a incrementar los ingresos familiares, de modo que prescindir de ese hijo, repercutía negativamente en el bienestar familiar, situación que se repite hasta el día de hoy en sectores donde predomina la economía rural de subsistencia. Entonces en los primeros siglos de nuestra era, una parte importante del pueblo Judío se enfrentó al dilema de enviar o no a sus hijos a estudiar. El no hacerlo significaba que el muchacho (adulto después) permanecía analfabeto y no participaba en la lectura de la Torah en los servicios religiosos. Esta condición lo ubicaba en la parte inferior de la escala social, una especie de "paria" en la comunidad. Por el contrario, si estudiaba, era un miembro destacado, un "Jajam" (inteligente, sabio) y entre otras ventajas, era apetecido como consorte para hijas de padres adinerados, lo que le ayudaba a escalar socialmente. Entonces, ¿cómo se enfrentó este dilema?. La respuesta a esta pregunta nos entrega la clave para entender nuestra cuestión inicial: ¿Porqué los Judíos se dedicaron a los negocios y con éxito ?. Si revisamos le evolución de la población Judía entre los siglos I y el siglo VII vemos que disminuyó dramáticamente de 5 millones al inicio, a poco más de 1 millón en el año 650. Parte de esta caída se explica por las tres guerras Judeo-Romanas de los dos primeros siglos, en donde se calcula que murieron alrededor de medio millón de Judíos, pero y el resto?. Hay que subrayar que en ese período los Judíos no sufrieron persecuciones y no fueron atacados por pestes que no hayan afectado también al resto de la población de los lugares en donde residían, población que en dicho período no disminuyó. Pues la explicación a este fenómeno es la Conversión. Cientos de miles de Judíos debieron abstenerse de enviar a sus hijos a la escuela y para eludir la condición de paria, optaron por abandonar la comunidad Judía y enrolarse mayoritariamente en la que originalmente era una nueva secta, la Judeo-Cristiana. Los incentivos para hacerlo eran muchos:

  • No era necesario enviar a los hijos a la escuela y se mantenían en el campo

  • Podían trabajar los Sábados y no debían cumplir con las reglas asociadas a las obligaciones con los siervos o el destino de los frutos del trabajo

  • No consumían alimentos "kosher" (considerados puros por la religión Judía), más caros que aquellos no kosher

  • Estaban exentos del pago de tributos a Roma

  • Orientada a los más desfavorecidos, la nueva religión prometía la salvación por la gracia y no por el cumplimiento de estrictas leyes, en una época en que se proclamaba el pronto fin de los tiempos y el advenimiento del reino de los cielos

  • A fin de cuentas, la conversión no era tan excepcional pues se oraba al mismo Dios, ya que originalmente la figura de Jesus no era proclamada como el hijo de Dios

El Cristianismo emergente creció rápidamente, nutriéndose principalmente de Judíos rurales en gran parte analfabetos. El Judaísmo por su parte se tornó en un pequeño pueblo letrado, en la que la mayoría de sus adherentes estaban alfabetizados, fenómeno que no se daba en ningún otra nación. Pero esta verdadera revolución en el Judaísmo fue más extensa que sólo la alfabetización del pueblo. La sinagoga se constituyó en el núcleo central de la comunidad, creándose alrededor de ésta, instituciones que regulaban la vida social y económica de la comunidad. Socorros Mutuos para velar por los huérfanos y las viudas, fondos de escolaridad para los niños, una entidad encargada de administrar el cementerio, los ritos mortuorios y el culto, para mantener a los rabinos y la sinagoga, entre otros. Un verdadero "estado de beneficencia". Pero lo más relevante para entender el devenir de los Judíos y los negocios, fue la creación de las Cortes Rabínicas, verdaderos tribunales de justicia encargados de resolver los conflictos civiles y penales entre litigantes. Los Judíos, ahora letrados, fruto de sus estudios, además de leer la Torah, eran capaces de redactar y firmar contratos, sabían hacer cálculos aritméticos, eran capaces de llevar una sencilla contabilidad y contaban con variadas aptitudes que les ayudarían enormemente en el mundo de los negocios. Pero estas competencias de poco les servían en una economía rural, en donde el valor se extraía del trabajo de la tierra, de modo que fueron migrando a centros más cosmopolitas como Roma, Bagdad, Damasco, Alepo, Medina y Alejandría, en donde pudieron empezar a emplearse en labores comerciales. Habitaban ciudades más cosmopolitas, pero aún dependientes principalmente de las actividades agrícolas, de modo que seguían estando laboralmente sub-ocupados. Pero un nuevo acontecimiento cambiaría la historia del pueblo Judío.

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