"Anyu" - Chaim Hausman y algunas Reflexiones - Parte VII

A CHAIM HAUSMAN


Chaim Hausman. Los Hausman vivieron en Munkacs por lo menos desde finales de 1700.

"Veo ante mí su alta figura, cual un roble, sus ojos inteligentes, que de poder ver hoy

brillarían con fulgor. Árbol frondoso que echó muchas ramas, fué el espíritu de nuestro abuelo.

Sus frutos fueron diversos.

¿Quién pudiera asombrarse?


Muchos admiran su casona señorial en la calle principal de Munkacs,

ya que en esa maravillosa residencia

una dinastía más antigua que los Habsburgos,

los Hausmann, estaban, están y estarán.


¿Quién puede tener el honor de escribir el destino de los Hausman?

que se proyectó hacia arriba y forjó camino para ir hacia el futuro.

El pasado fue hermoso, nuestro abuelo el tronco, quien en vida dió frutos.

De mi padre, Chaim’s sihn, solían decir, era el mayor de los hijos varones,

quien si tuviera tiempo y no sólo viviera para los sábados pudiera tener similares descendientes.


Celesta, la esposa, la mujer, la consorte,

quien, qué pesar, sólo dio vida a seis

porque hubo quien deseara, pero ella no soportaba,

ni el tiempo permitía, porque ella se realizaba en saber el número exacto de granos de maíz

que la Fraulein a las gallinas tiraba y supervisar a las cuatro de la madrugada

si el cochero y los sirvientes aún dormían.


Erno, el de Munkacs, el más calmado de todos,

podría afirmar desprovisto de nervios,

delante de quién no hay secretos ni en la casa ni por fuera de ella.

Él es el sabelotodo, el que lo sabe todo,

ojalá no sepa sólo esto porque puede creer mañana que lo supo desde siempre.

Yo mismo sé que él sabe todo lo dicho anteriormente.


Aquí Etka es la consorte, la dama de la moda.

Si alguien lo duda y por casualidad quiere saber qué fue la moda

en 1913, la puede descubrir fácilmente buscando en su armario.

Fannyka, la matrona, escribió un periodista quien se quedó

corto en describir todo lo hermoso y bueno que se sabe de ella.


Pepka es hermana también. Me asombra que sea la misma carne y sangre es tan distinta.

Una vez, tiempos atrás, perdí una aguja suya y para evitar grave problema compré una,

con lo que causé mayor daño, ya que por su color se dio cuenta

que no era la misma que me había prestado.


Szerénke, la bella, la de Budapest

Se sentó a jugar bridge el martes pasado y

de pronto se levantó ya para encender las velas, era viernes.

Ahora vienen los nietos en fila, ¿Dónde empiezo?

Porque nuestro abuelo fue buen comerciante, gustaba del dinero,

del capital, de la base, pero aún más de los intereses. Estos intereses somos nosotros,

! Cómo se multiplicó el capital !


Multiplíquense, auméntense y no teman si la situación es mala, porque la base fué bien fundamentada.



 


Traducción del Diario Az Oslakó, agosto 16 de 1931, dedicado a mi bisabuelo y abuelo, con ocasión del jubileo de los 70 años de la fundación de la Compañía. “La vida comercial y la sociedad de comerciantes de Munkács van a festejar este año el jubileo setenta de la fundación de la firma CH. Hausman e Hijo.

La compañía se inició en 1862. Por su excelente renombre, ha podido conseguir y mantener importantes y valiosas relaciones. La Compañía Hausman es reconocida en el exterior también y sobre todo en el medio del comercio mayoristade artículos de las colonias (café, té, chocolate, especiasetc, explicación mía) y apreciadapor su comportamiento responsable, previsor y de cumplimiento.

Hoy sobre todo, comprende mejor el mundo comercial lo que significa conducir y mantener una firma por 70 años, de modo que siempre haya respondido cumplidamente por todas susobligaciones. Por el jubileo de tal importancia, en nombre de la Junta de la Cámara de Comercio e Industria de Kassa (Kosice, Slovaquia) el presidente Maxon Milan y el secretario principal, Dr. Sipos enviaron un telegrama de felicitaciones, deseando que el futuro del gerente incansable esté merecidamente a la altura del pasado.”



Última postal que enviaron los padres y hermano de 13 años a mi prima Zsuzsa (quien estuvo escondida en Budapest por gente buena y abnegada) desde el ghetto de Beregszasz, el día anterior a la deportación. El padre y el niño fueron asesinados.

“Mi hija querida: empacados, estamos esperando el destino.

Si es posible te escribiremos. TÚ PÓRTATE CON DIGNIDAD (las mayúsculas son mías). Avísale a toda la familia, millón de besos, tu padre.

No sé qué escribirte, pídale al buen D’s que nos ayude. Avísale a la familia, posible- mente iremos a donde las abuelas. Cuídate, D’s nos protegerá. Mamá.

Mi querida Zsuzsi, no temas. Te escribiré, escríbame donde Sara. Que D’s esté contigo, Gabi”.


Quiero agregar aquí que Zsuzsa nunca se olvidó de los que la ayudaron y escondieron durante la ocupación alemana. Desde que llegó a New York les enviabaregularmente ayuda económica, hasta hace un año, cuando ya la nieta dijo: “no más, gracias”. También mandó a Israella historia de cómo y quiénes la salvaron para que sus nombres sean registrados en la lista de los Justos.


Nací de la hecatombe, ella me formó y constituyó mi pasado. Seguramente por eso, cuarenta años más tarde empecé a buscar y ordenar ese mundo perdido. Cada dato que encuentro, cada fecha, testimonio, documento, fotografía, recuento, lápida que confirman esas existencias y esos mundos, los hacen vivir de nuevo en mí.


Al silencio del dolor de mis padres hay que agregar el silencio por el miedo al que contribuyó el dominio del Comunismo en Hungría, donde negar o disfrazar el pasado era una necesidad. Solo cuando emigramos a Colombia en 1957 comenzaron mis padres a hablar y a transmitir algunas de sus historias.


Tengo la certeza de que comparto muchas cosas con mi gene- ración: el deseo de proteger a nuestros padres y compensarlos por todo lo que sufrieron y por lo que hicieronpor nosotros; los primeros temores a hacer preguntas, a aparentar que todo está bien; comparto esa demostración irreal de felicidad cuando lo que quiero es no preocupar a quienes amo. Mi generación no soporta la humillación o la degradación de nadie. Necesitamos exigirnos al máximo, ser fuertes y responsables. Compartimos esa capacidad de entender lo que se ha dicho tanto como aquello que se ha callado, a escuchar el silencio, a trasmitir a nuestros hijos que lo que uno sabe nadie se lo puede quitar. Compartimos también la ventajade vivir con nuestro “sismógrafo” inter- no, que ayudaa presentir el peligro y saber que quien desarrolla fuerza física y mentaltiene chance de sobrevivir. Compartimos, por ejemplo, la incapacidad de hablar alemán, a pesar de conocer el idioma. Compartimos con mis amigas ser hijas únicas. Pero, ante todo, compartimos la deliciosa sensaciónde triunfo al saber que no lograron eliminarnos y que aquí estamos.


Un verso