Marcas que duelen
- Jack Goldstein

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Por Marlene Manevich
En la época de la esclavitud en Egipto hubo que marcar las casas de los judíos para que los primogénitos pudieran salvarse del decreto de muerte para presionar al faraón y los liberara de la esclavitud. Es la primera historia que yo vi con marcas de distinción. Después vi cómo los nazis marcaban a los judíos en la guerra haciéndolos portar estrellas amarillas para poderlos distinguir del resto de la población y así seleccionarlos. Ya estando en los campos les tatuaban los números para clasificarlos. Los llamaban por el número y después a las cámaras de gas. Ya en mi juventud comencé a ver graffities, algunos artísticos, otros de protesta o de insulto.
De vez en cuando en nuestra comunidad, aparecía alguna svástiva que algún inconsecuente decidía poner en alguna de las instituciones judías para protestar y denigrar de los judíos. Era una marca desagradable, pero nunca pasó a mayores. Ocasionalmente se robaban las mezuzot de los dinteles de las puertas y los dirigentes recomendaban pegarlas por dentro de la casa, aunque ese no es el mandato divino, pero así se evitaba que se las robaron. Ahora a la distancia de los acontecimientos, pienso que ni siquiera era un acto de antisemitismo; tal vez podían ser niños haciendo travesuras y las conservaban como trofeos curiosos. Todas estas cosas vinieron a mi recuerdo, cuando vi una noticia que me dejo apesadumbrada y un poco preocupada. En Barcelona fue pintada una casa, donde vivían dos jóvenes judías, con letreros anti sionistas y pidiendo por Free Palestine. Tal vez era un edificio, pues la que protestaba era una española que precisamente decía que ella era española y no tenían por qué pintar las paredes exteriores del sitio donde vive.
Por eso digo que me preocupa. Porque me recuerda la Segunda Guerra Mundial en que marcaban para poder distinguir. Es inconcebible que suceda esto en pleno 2026 en que la inteligencia artificial ronda en nuestras cabezas. Una señora nacida en España con ciudadanía española y mentalidad española, por mucho que aprecie a sus vecinas judías, no va a tolerar que le llenen su casa de graffities. Prefiere cambiar de vecinos. Así que este hecho no sólo es un ataque contra los judíos, una clara manifestación de antisemitismo, sino un acto de discriminación que lleva a la gente a desligarse de las amistades judías.
Ellos creen que a ellos no les va a tocar, pero son los que siguen en la fila. Primero los judíos recuerdan el dicho: vinieron por los socialistas y no dije nada porque no era socialista, vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque no era sindicalista, vinieron por los judíos y no dije nada porque no era judío y cuando vinieron por mí no había nadie que hablara por mí. Que no nos vuelva a pasar. La historia se repite porque no aprendemos las lecciones del pasado. Ojalá esta señora lo tome como una agresión, así como reaccionó y siga apoyando a sus vecinas y no decida salvar su propio pellejo porque no es judía.






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