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El infierno verde



Por David Alejandro Rosenthal

Colombia no despenalizó el aborto. Sí lo despenalizó la Corte Constitucional. Despenalizó lo irremisible. Cómo si no fuera poco lo que ya se aborta en este país, y sin sumar los muertos que caen día a día, ahora es completamente legal que cualquier niña, adolescente o mujer vaya a cualquier centro médico y se practique un aborto como si nada.


Un infierno verde se ha tomado a Bogotá, primero el de la Alcaldía, ahora el de las falsas feministas con pañuelos verdes. El feminismo debe abogar por la vida de las mujeres y de su descendencia,

Entonces, el infierno verde, se tomó el poder un día, y las aguas se apaciguaron y el sol desapareció dentro de una neblina oscura, gris y amarga. Y ya no había luna, ni estrella que se sobrepusiera en el firmamento, porque ya no había silencio que soportara a la creación maltrecha por los sonidos de llantos que no fueron y recuerdos que no son.


Una pañoleta verde que llama a la desaparición de los no nacidos. Un movimiento subrepticio que se hace llamar causa y viles reptiles que se ponen una toga para disfrazar su sed de poder y sus ensangrentadas manos. Es inconstitucional el fallo de la Corte e ilegitimo pues debería ser del legislativo, e incluso haberse llevado a las urnas como en una democracia.


No tardó la alcaldesa en hacerse notar con que esto es el logro más importante para la mujer luego del derecho al sufragio. Se atreve a decir que esto es el logro histórico más importante para la vida, la autonomía y la realización plena e igualitaria de las mujeres.


Pero qué mujer se va a sentir plena, al haberse enterado que la vida que llevaba en su vientre fue extirpada, arrancada, desarraigada y destruida por su propia elección, a pesar de haber elegido quedar embarazada (exceptuando violaciones claro está, malformaciones y el peligro inminente de su propia muerte) y ahora arrepentirse inclusive luego de 6 meses.


Además de la avilantez de poder abortar teniendo un vientre tan notable como el de una mujer responsable que desea tener a su criatura, existen las que ya van por el sexto aborto, o por el tercero por lo menos, y en algunos casos hasta por el décimo.


Asimismo, está más que claro que en la Corte Constitucional se alzan las banderas rojas, como algún político barrial decía en tarima en un elevado estado de ebriedad en una ciudad de Cundinamarca. Esas banderas rojas, son las que abren paso a los pañuelos verdes y a otros absurdos más.


Y ¿Quién dijo que las mujeres son dueñas de su cuerpo cuando hacen lo que les viene en gana con él? Más bien son prisioneras de sus decisiones. Una de ellas la de no darse a respetar y ofrecerse en algunos casos sin ningún pudor. Ahora, la más preocupante, el hecho de arrancar una vida que se formó de entre sus entrañas.


Un infierno verde se ha tomado a Bogotá, primero el de la Alcaldía, ahora el de las falsas feministas con pañuelos verdes. El feminismo debe abogar por la vida de las mujeres y de su descendencia, en la mayoría de los casos femenina (por estadística) y no promover la muerte, la desintegración social y las malas costumbres.


En la situación contraria hay cientos de miles de personas que buscan procrear a como dé lugar y no pueden. Parejas o individuos que buscan adoptar a un eventual hijo y no les es posible. Hay un lugar en donde aún la esperanza se encuentra. En el que perduran los más mínimos valores, la verdadera empatía y el mayor sentimiento y motor del mundo: el amor.

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