El rugido del León
- Jack Goldstein

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Por Marlene Manevich
Ese es el nombre de la operación. Estaba anunciado. Se sabia que se venía un ataque o de Irán o contra Irán. Cuando? Esa era la pregunta que no tenía respuesta. Todos lo sabían. Los políticos, los analistas, era como la novela del Nobel colombiano, Crónica de una Muerte Anunciada. Quedaba la duda, pero sabíamos que sería pronto. Y así fue, como hace una semana, en un apacible Shabat, sonó la alarma preventivamente porque hubo varios ataques sobre Irán.
Este es un país sui generis, donde ningún otro plan, por importante que parezca, paraliza la vida cotidiana. Nadie se sienta a esperar a que sucedan los hechos. Simplemente sucede y no queda más remedio que vivirlo con la mayor tranquilidad y madurez posible. Esta vez, ni Israel, ni Trump quisieron esperar el ataque y prefirieron actuar primero. A la ofensiva, no a la defensiva. A pasos agigantados venía la guerra con Irán. Se oían rumores. Rugido de leones. Pero cuando llega uno no está preparado.
Ya habíamos olvidado ese sonido intermitente e inconfundible que nos hace pasar del modo tranquilidad al modo alarma. Recuerdo cuando recién llegamos y le pregunté a mi hija cómo iba a reconocer el sonido de la alarma y ella me respondió: “la vas a reconocer”.
Ahora me doy cuenta que era imposible no reconocerlo. Adar es el mes de la alegría, se celebra Purim, la fiesta que celebra ese gran acontecimiento que fue la suspensión del edicto de muerte a los judíos, por parte del Rey Ajashverosh, gracias a su amada reina Esther y a su tío Mordechai, que intervinieron a tiempo; Hamán quien era el primer ministro y consejero del rey, terminó en la horca castigado por tanta maldad. Algo similar le pasó a Khameini. Eso fue en Persia y parece que ahora se está repetiendo la historia. Ojalá con ese mismo final feliz de derrocar al régimen de los Ayatolas, que ha retrasado la historia y lo único que ha evolucionado en Irán es la carrera nuclear. En eso si son unos genios.
Esperamos que sean derrotados muchos Hamanes y que termine ese totalitarismo que nubla el desarrollo y no permite que pueda haber relaciones cordiales entre los países. Mientras tanto, acostumbrarnos a escuchar ese incesante ruido de la alarma que nos obliga a encerrarnos para proteger nuestras vidas. Puede decirse que habíamos tenido vacaciones de misiles y hoy volvimos a escuchar ese incesante sonido que nos hace abandonar cualquier cosa que estemos haciendo y dirigirnos al mamad para resguardarnos. Ha sido tal la cantidad de misiles que hay que entrar y salir del mamad todo el tiempo. No da tregua para hacer casi nada. Ha sido una verdadera locura la cantidad de misiles que han lanzado. La ecología les importa muy poco y la vida menos. Muchos líderes han sido eliminados.
Ojalá que eso sirva para acabar con el régimen de los Ayatolas porque a veces se acaba con las personas, pero ellos tienen su inmediato reemplazo. Lo importante es acabar con la ideología y devolverle a los habitantes la tranquilidad que se merecen y lo más importante terminar con la amenaza nuclear que significa Irán para el mundo. En medio de este tiempo de guerra, abrí la nevera y pensé que era buena idea cocinar las alcachofas para que no se dañaran. Eso lo aprendí de mi mamá al pie de la letra. La comida no se debe botar, cuando hay tanta gente aguantando hambre. Así que me animé a prepararlas. Me preocupaba la demora en cocinarlas con la intermediación de las alarmas y también me preocupa comerlas, pues un comensal promedio se puede demorar mucho tiempo en deshojar una alcachofa para poderla degustar y no sabemos si los iraníes nos dan tregua.






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