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Estrenar (Lejadesh)

Por Marlene Manevich

Estos ya casi 3 años han sido tiempo de adaptación, de aprendizaje y de vivir nuevas experiencias. Tratar de aprender un idioma nuevo, adaptarse a costumbres diferentes, aprender a vivir en un país en guerra, es un mundo nuevo. A veces son experiencias similares y que en otro país pueden ser muy sencillas, pero en este país, donde los idiomas oficiales son hebreo, árabe y ruso (todos los letreros son en estos idiomas) y un poco de inglés, las vivencias se hacen más complicadas.


Trastearse en colombiano, que es lo mismo que mudarse es una acción sencilla cuando vives en un país con el idioma que tu entiendes. Pero cuando no entiendes, ni te entienden, no es tan sencillo. Te marcan las cajas en hebreo. Necesitas diccionario para saber el contenido de cada una de las cajas. No puedes expresarte a tus anchas y toca lo que se entienda. Cambiar la dirección (ktovet) de cada sitio donde estas inscrito es una labor complicada y todo en hebreo. Mi hija nos ayudó lo que más pudo, pero tenía un viaje de trabajo y después tocó como se pudo. Amigos nos ayudaron en esa dispendiosa tarea. Aquí existe mucho ese espíritu de ayuda al olé jadash (inmigrante nuevo). Y el resto como pudimos.


El caso es que el mismo día de la mudanza teníamos internet y gas. No había tiempo ni de cocinar, ni de ver televisión o hacer alguna tarea en el computador, pero lo teníamos. Estábamos a dos días (iomaim) del trasteo con mil cosas por hacer y la dirección hidráulica del carro, que nos ha sido fiel todo este tiempo, nos falló. Nos varamos en una calle principal. Para los que conocen Modiin, saben que Hashmonaim, es una calle con bastante movimiento. Una calle equivalente a la 7a en Bogotá o a la avenida del Poblado en Medellín, para poner en contexto a mis lectores de juts laaretz (fuera de Israel). Uno no escoge vararse y mucho menos elige un lugar (makom), uno se vara donde le toca. Mi hija nos rescató, pues hubo que llamar a la grúa y a nosotros en hebreo se nos dificultaba solicitar ese servicio. Ya sabíamos la palabra grúa (grar) por un incidente que nos había pasado otra vez, pero no estaba fácil explicar tantos detalles.


Mi yerno trabaja como voluntario en la policía (mishtará) y le recomendó comunicarse al 106 que es el teléfono de la municipalidad (iriá) y nos mandaron una patrulla para parar el tráfico por unos minutos y que mi hija pudiera poner su carro en contravía y dar energía a la batería, porque el carro finalmente se apagó. Raro, porque hacía una semana habíamos cambiado la batería. Llegaron las compañeras de trabajo de mi yerno y muy amablemente y visiblemente emocionadas de saludar a la esposa de Ivan, nos ayudaron a prender y mover el carro para dejarlo parqueado en un lugar más tranquilo y menos atravesado, mientras llegaba la grúa. Nos sentimos muy importantes con ese trato preferencial. Se pueden imaginar 2 días antes de un trasteo (obalá) tener que ocuparse de solucionar este impase? La grúa llevó el carro al taller (musaj) y menos mal se solucionó el problema relativamente rápido.


El asunto fue provocado por el alternador y no por la batería (masbeg). Para mí, el carro es un elemento de trabajo y ya estaba pensando como me iba a transportar para poder recoger a las niñas- con las que trabajo- en el gan (jardín infantil). Fue tan sólo una pre-ocupación, porque todo marchó sobre ruedas, hasta el carro (rejev), a último momento.


Con este incidente y con el trasteo, aprendí varias palabras nuevas (milim jadashot), fue como un curso intensivo de hebreo. También aprendí que nunca estamos preparados para las eventualidades y que las cosas pasan cuando tienen que pasar, aunque uno no quiera. Y sigue la mudanza. Miro hacia arriba y veo cajas, miro hacia abajo y veo cajas, miro hacia un lado y veo cajas y miro hacia el otro y también veo cajas por abrir. Ya hoy me ponen unos muebles y podré desempacar y organizar. Aunque siempre pasan cosas, que seguramente a ustedes también les ha pasado. Fuimos a IKEA, que es como ir a Disney, pero sin Mickey y compramos unas lámparas led, cuando el todero me las puso me di cuenta que unas eran de luz amarilla y otras de luz blanca. Me consolé cuando él me dijo tranquila, me llama y yo vuelvo. Mientras tanto, tengo una lámpara con luz amarilla y otra blanca, haciendo un equilibrio no muy estético, así que toca volver a IKEA, que es un super paseo, a cambiar (leajlif) las lámparas (menorot) y a recoger otro mueble que no tenían en existencia en ese momento. Lejadesh, estrenar

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Radanita (en hebreo, Radhani, רדהני) es el nombre dado a los viajeros y mercaderes judíos que dominaron el comercio entre cristianos y musulmanes entre los siglos VII al XI. La red comercial cubría la mayor parte de Europa, África del Norte, Cercano Oriente, Asia Central, parte de la India y de China. Trascendiendo en el tiempo y el espacio, los radanitas sirvieron de puente cultural entre mundos en conflicto donde pudieron moverse con facilidad, pero fueron criticados por muchos.

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