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Mis palabras - Día Internacional de la Recordación del Holocausto. Barranquilla, enero 27.


Por Jack Goldstein

Hoy, acá, ellas ya no están. Se ahorraron revivir durante los últimos dos años esos traumas personales que creyeron haber superado, las acciones y omisiones que supuestamente el mundo finalmente había condenado. También evitaron compartirnos recuerdos y moralejas en eventos como éste para ilusionarse e ilusionarnos con un mejor futuro que hoy vemos desdibujarse.


A Colombia llegaron unos pocos sobrevivientes del Holocausto Nazi. Mi madre -sobreviviente- murió hoy hace 5 años cansada de repetir su historia. Mi prima Estela -fundadora de Zajor- murió frustrada a pesar de lo mucho que hizo en la Fundación. Con pesar, me siento también tranquilo sabiendo que no están con nosotros para evitarnos la pena de tener que acompañarlas en su nuevo dolor, su frustración y su miedo ante un presente incierto que anuncia un posible futuro preocupante.


Honrando su memoria, estoy acá para pedirles a ellas perdón. La labor de Zajor y de organizaciones similares no ha sido suficiente. Pero también acudo a este espacio para incomodarnos a quienes las sobrevivimos y quienes hoy nos acompañan. Debemos reinventar el genuino sentido de lo que esta ceremonia debe lograr a futuro.


A Estela y a mi madre les fallamos:


  • “Tolerancia” ha probado ser un término tibio, complaciente y poco creativo. Se tolera con tan solo no odiar, pero con tolerar, también se aceptan otros odios que hemos visto florecer desde aquel 8 de octubre en que hordas enceguecidas salieron a las calles sedientas de más sangre judía que apenas un día antes corría desenfrenadamente.


  • Aquel “Nunca más” perdió su efecto esperanzador y se convirtió en lenguaje del enemigo; Debe reinventarse. La luna de miel con Occidente cesó 80 años después de la tragedia. No hemos pasado a una nueva página en nuestra milenaria historia; hemos regresado a la más trajinada de todas. Hoy enfrentamos grandes retos existenciales, en Israel y en la Diáspora. Occidente se nota frágil y confuso. Esta vez, se descompone por dentro. Pretende desconocer su enfermedad o se conforma con creer que sabe explicarla, mientras trastabilla por vacunarse y corregirse.

  • El Antisemitismo se viralizó y se acomodó en todas las esferas de la sociedad, excusándose de múltiples maneras. La banalización de la Shoa campea: Palabras como Genocida, Holocausto, y Nazi han sido cooptadas y trivializadas. Cualquiera las aplica sin pudor para descalificar a su contradictor y, especialmente, para equiparar realidades históricas incomparables. Esa banalización se hermanó con la cleptohistoria y la pseudohistoria. Mientras tanto, las masas y buena parte de la prensa dan eco de su mal uso. Con ellas trapean nuestra dolorosa historia desde las más altas esferas de las sociedades libres: universidades, ONGs, presidentes y sus ministros, sectores de la Inteligencia y muchas personas que pretendieron ser entrañables amigos. Para ellos, el 7 de octubre les permitió expectorar ese odio que tenían atragantado en sus entrañas. Ahora se ufanan de ser mentes justas y ecuánimes, sin reconocer ante sus espejos el odio visceral que destilan, usualmente con poco conocimiento de las causas que pretenden defender, y que a menudo son contradictorias. Ese es el Doublespeak que George Orwell describió en su célebre 1984, profetizando otros cuatro puntos:


  • Newspeak enseñaba que lo bueno sería malo y lo malo sería bueno.

  • Guerra es Paz. Ignorancia es Fuerza.

  • "La cordura no depende de las estadísticas“. Hoy, las evidencias, la jurisprudencia, las estadísticas y la ciencia dejaron de ser argumento. Nuestra sociedad claudicó ante el posmodernismo políticamente correcto y ante la moda.

  • Morir odiándolos, ésa es la libertad

  • Y parafraseándolo: Quien pervierte el pasado domina el presente y futuro


Entonces ¿Qué hacer? No es hacer lo mismo de antes


  • Las comunidades judías no podemos seguir repitiéndonos. Nuestros argumentos jurídicos y evidencias históricas aburrieron. No ganan likes en Tik-Tok; son demodé.  En la guerra de las redes sociales nunca seremos más que ese diminuto porcentaje al que apenas podemos aspirar gracias a los buenos amigos e instituciones que aún nos apoyan. La estrategia debe ser otra.

  • Las grandes organizaciones que desean promulgar un mundo de paz tendrán que revaluar sus iniciativas y contemplar cómo estas no siempre se armonizan con otros proyectos que ingenua o decididamente le hacen el juego a movimientos que precisamente celebran y emulan la Shoa.

  • A través de esas organizaciones mundiales, el mensaje del 27 de enero debe llegarle también esos grandes rincones del mundo que 80 años después se rehúsan a escuchar la verdad y a enseñársela a sus nuevas generaciones.

  • Hoy celebramos estar vivos, así seamos odiados y calumniados. Ante las circunstancias, estoy convencido que tanto Estela como mi madre estarían felizmente conformadas con esto. Ellas entendían el valor de la vida.

  • Aspiremos a que el próximo año no estemos sujetos al ofensivo verbo antisemita que antes jamás se había escuchado en Colombia.

  • Que el próximo año sea nuestro reto conjunto que cada una de las 7 velas que hoy encendemos representen 7 proyectos educativos novedosos, o un proyecto legislativo, que trabajen durante todo el año y que descansen apenas un 27 de enero para recordar una Shoa nunca más banalizada.


Agradezco a Las Naciones Unidas -hoy ausentes- por instituir y seguir conmemorando esta fecha.

Agradezco a tantos colombianos que siguen siendo amigos de acción y de corazón.

Agradezco la valerosa actitud de cada uno de los países aquí representados por su defensa de la verdad y la de nuestra seguridad.


Los judíos somos un pueblo obligado a recordar. Así como recordamos nuestro complicado pasado, siempre recordaremos y honraremos a quienes en momentos difíciles nos acompañen y ayuden.


Querida madre, querida Estela: de mi parte haré lo posible para que este nuevo capítulo de nuestra historia lo sepamos manejar con más sabiduría.


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