¿Y a qué horas nos llenamos de sefardíes?

Actualizado: ago 20

En Colombia hay más sefardíes solicitando la nacionalidad española que en Israel, Estados Unidos y Argentina juntos.



Por Alvaro R. Bonilla

Hasta hace unos años, cientos de miles de colombianos no tenían ni la menor idea de que eran sefardíes. Pero esto cambió en 2015 cuando el estado español dio un incentivo muy poderoso para la investigación genealógica. A partir de esta fecha, y por cuatro años, se abría una vía expedita para solicitar la nacionalidad española, si se podía demostrar, entre otras, descender de las familias que fueron injustamente expulsadas o forzadas a convertirse a la religión católica a partir de 1492. Así las cosas, hasta un nefasto antisemita como Luis López de Mesa habría encontrado muy conveniente sacar a relucir su origen marrano con tal de obtener el tan anhelado pasaporte europeo.


Puede ser que la gran mayoría de esos 28 mil sefardíes cristianos colombianos no vayan a retornar al judaísmo, pero algo tuvo que haber cambiado en ellos. Poco a poco se irán interesando e identificando con el pueblo judío, con su religión, con sus costumbres y con sus causas. La chispa judía se encendió y ella irá haciendo su trabajo

Luego de estar ocultos durante siglos, los sefardíes criollos empezaron a salir del closet, primero lento, pero luego muy rápido. Todavía siguen saliendo, pero un poco tarde, porque España cerró de nuevo la ventana de oportunidad. Los sefardíes no son sólo judíos. Utilizo aquí la palabra sefardíes en el sentido que le da la ley española. Sefardí es el descendiente de los judíos que fueron expulsados en 1492 o que fueron perseguidos por la inquisición. Esta definición es totalmente civil y no tiene ninguna consideración religiosa. Nada importa si se es judío por nacer de vientre judío, por conversión halájica o ninguna de las anteriores. Al menos, para el estado español, todos somos sefardíes, así a muchos de los judíos sefardíes les cueste aceptarlo.


Todos los sefardíes sufrimos por igual, los que se fueron porque se fueron y los que nos quedamos, porque la Inquisición y la sociedad española nos hicieron la vida imposible y nos tocó venir a América a escapar de la persecución y marginalización. Fuimos más de 28 mil sefardíes colombianos los que solicitamos la nacionalidad española apenas superados por 32 mil solicitantes mexicanos. La comunidad judía sefaradí en México es bastante grande y puede explicar parcialmente ese número pero, en el caso colombiano, la inmensa mayoría de los sefardíes no se identifican como judíos. Es más, me atrevo a señalar que Colombia es el único país donde hay más sefardíes que judíos. Esos 28 mil son apenas la punta del iceberg. En muchas familias solamente unos cuantos miembros presentaron la solicitud, pero con ese mismo árbol genealógico podían pedir la nacionalidad 10 o 20 personas más. En mi caso, unos 30 o 40 familiares cercanos calificarían para la definición legal de sefardíes. Si volvieran a abrir los plazos de solicitud de la nacionalidad española fácilmente Colombia pondría aplicar 500 mil solicitantes. Y esta es apenas la parte visible del iceberg. Estos 500 mil son los que cuentan con árboles genealógicos documentados que remontan hasta la Inquisición española.


Esta prueba documental, generación por generación, es muy complicada de obtener y pocas familias tienen todos sus papeles en orden. A partir de 1501, y durante toda la colonia, estaba prohibido a los cristianos nuevos viajar a América. Los conversos, o cristianos nuevos, que están documentados y llegaron a América, debieron obtener certificados de pureza de sangre para poder viajar a las colonias. Seguramente, los más prestantes pudieron obtener dichos certificados por sus influencias o por dinero, pero no todos los conversos eran ricos, poderosos o influyentes. Algunos, como Enrique Serrano, calculan que hasta el 90% de los peninsulares que llegaron a América lo hicieron de contrabando por rutas ilegales. De ellos no hay papeles, registros y mucho menos árboles genealógicos. Si algo tenían en común era que estaban asfixiados por el peso de tener una “mancha” en su sangre y no se iban a venir con las pruebas de su impureza. Si se tuvieran en cuenta a estos otros descendientes de nuevos cristianos indocumentados podemos estar hablando de millones. Incluso, hay cálculos según los cuales hay más descendientes de marranos en América que judíos en el mundo.


Claro... ahí están pintados los colombianos Los solicitantes de la nacionalidad española en Israel fueron 4.300, en Estados Unidos 5.400 y en Argentina 5.000. Estos países cuentan con las mayores poblaciones judías del mundo, pero aun así no superan a Colombia. En un amable intercambio de ideas con un rabino local, él sostenía que eso se debía a la naturaleza tramposa de los colombianos que habían inventado sus orígenes solo para obtener un pasaporte y emigrar de este país. ¿De qué otra manera podría explicarse que hubiera más sefardíes en Colombia que en estos países con la mayor población judía? No descarto que haya habido uno que otro fraude, pero esta afirmación desconoce una verdad histórica. En el siglo XIV había entre 450 y 500 mil judíos en Sefarad y los que salieron en 1492 fueron entre 100 y 150 mil. Quiere decir que menos del 30% de los judíos salieron de los Reinos de Castilla y Aragón. O en sentido contrario, 70% nos quedamos en Sefarad. Los que nos quedamos en Sefarad fuimos objeto de una exclusión y persecución sistemática, no solo por la Inquisición sino por gran parte de la sociedad española. Por eso, conforme pasa el tiempo la mayoría decide emigrar a América.


Esto explica por qué en regiones como Antioquía el ADN muestra un mayor origen judío que en España. Tomemos por ejemplo un colombiano que tiene en su ADN un 10% de origen judío sefardí. Desde el edicto de expulsión hasta hoy han pasado entre 14 y 16 generaciones. Quiere decir que sus ancestros en 1492 eran más de 6.500 judíos puros (2 a la 16 / 10). Para solicitar la nacionalidad española, un sefardí necesitaba demostrar que uno solo de ellos fue perseguido por la Inquisición. Pero para que hoy este individuo todavía conserve ese porcentaje de ADN seguro tiene al menos 6.500 tatarabuelos judíos en esa generación. Por último, para obtener la nacionalidad española se debe obtener un certificado. Este proceso de certificación por parte de la Federación de Comunidades Judías de España es bastante estricto y no dejan pasar a cualquiera. Así y todo, varias líneas genealógicas en Colombia han sido aceptadas porque están perfecta y rigurosamente documentadas.


En el caso que conozco de cerca, toda la élite payanesa, fundamental en la creación de la República de Colombia, tiene orígenes en judíos conversos. Las familias conversas Hurtado y Fuentes de Toledo dan origen a 6 presidentes colombianos, solamente en el siglo XIX. Incluso, Laureano Gómez, que era abiertamente antisemita, estaba casado con María Hurtado descendiente directa de estos cripto-judíos que fueron quemados por ser judaizantes en 1491. Cualquier negación del origen sefardí de ciertos colombianos es totalmente falta de fundamento histórico y científico. Aquellos que se niegan a aceptar esta realidad lo hacen por razones diversas como esa nociva costumbre que hay entre judíos de excluirse mutuamente y considerar como válidas sólo las propias creencias y considerar como no verdaderos judíos a los que por ejemplo observan Shabat de una manera distinta o comen carne con otra certificación rabínica.


Lo que es triste de este tipo de argumentos es que acusan a los colombianos de ser tramposos, mañosos y oportunistas, y es de lo mismo que los antisemitas acusan a los judíos. Y las comunidades emergentes... No deja de ser curioso que esta ley no fuera tan popular entre las llamadas comunidades judías emergentes en Colombia. Muchos de los miembros de estas comunidades reivindican justamente ser descendientes de judíos forzados a convertirse al catolicismo. Sin embargo, muy pocos de ellos hicieron uso de la ley. La mayoría de los solicitantes nacieron y siguen siendo cristianos. Una de las explicaciones más escuchadas es que el trámite era caro. Los estudios genealógicos son costosos, los honorarios del abogado, más un viaje obligatorio a España a firmar los documentos hacían que el precio del proyecto estuviera entre cinco y diez mil euros. Así que esta tanda de sefardíes criollos certificados se compone sobre todo de miembros de la clase alta y media alta. Otra razón, es que los miembros de estas comunidades están mucho más interesados en emigrar a Israel que a España, así que sus esfuerzos se mantienen en dirección al monte de Sion.


Muchos más judíos sefarditas hubiesen podido solicitar la nacionalidad, pero no lo hicieron por falta de interés o porque la ley exigía además que se debía tener una relación especial con España y hablar español. Salvo los sefarditas que habitan en Latino América, ya son muy pocos los que hablan ladino. El vínculo entre Sefarad y los judíos sefarditas en gran medida se perdió hace muchos siglos. Una oportunidad histórica para el pueblo de Israel. A algunos les molesta aceptar que pueda haber millones de paisanos entre los paisas. Otros hacen como si el fenómeno no existiera. Pero otros, con una mayor visión, son conscientes que detrás de esto hay algo más grande. A mí, me gusta verlo como una vuelta de la rueda de la historia. La consecuencia directa de la persecución de los judíos en España fue el poblamiento del nuevo mundo. Para los que creemos que hay un alma judía, la buena noticia es que hoy hay una gran reserva de ellas en América. Esta reserva es importante para el pueblo de Israel que siempre ha sufrido por no tener suficientes aliados cuando se necesitan.


Puede ser que la gran mayoría de esos 28 mil sefardíes cristianos colombianos no vayan a retornar al judaísmo, pero algo tuvo que haber cambiado en ellos. Poco a poco se irán interesando e identificando con el pueblo judío, con su religión, con sus costumbres y con sus causas. La chispa judía se encendió y ella irá haciendo su trabajo. La tarea de los judíos debe ser recibirlos poco a poco, como a hermanos que están regresando a casa. No hay que convertirlos de nuevo al judaísmo pero sí abrir espacios para que cada uno pueda encontrar su camino de vuelta. Rechazarlos y cerrarles la puerta en las narices, como sucede frecuentemente, convertirá esa semilla de amor en una semilla de odio.


Tal vez, si en los años treinta y cuarenta del siglo pasado las elites colombianas hubiesen sido conscientes de sus propias raíces judías, y de la persecución que ellas mismas habían sufrido, hubiesen permitido el ingreso de los 15 mil paisanos que murieron en el holocausto esperando una visa para refugiarse en Colombia. La ley que otorga la nacionalidad española a los sefardíes no sólo debe reparar un error histórico de los Reyes Católicos sino que además debe servir también para reunificar a un pueblo que fue dividido a la fuerza hace cinco siglos. El pueblo de Israel tiene la oportunidad de crecer, fortalecerse y tener un continente de su lado. Es una rara oportunidad y bendición que tenemos en casa y no debemos dejarla pasar.


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Alvaro Bonilla nació en Bogotá, se gradúo del Liceo Francés y pasó a estudiar derecho con opción en administración en la Universidad de los Andes. Tiene varios estudios de postgrado en Europa incluyendo uno de l’École Nationale d’Administration. Empezó una carrera profesional en los Ministerios de Relaciones Exteriores y de Comercio Exterior, pero muy joven creó su propia firma de abogados y no regresó al sector público. Antes de graduarse del pregrado ya daba clases en maestrías y por más de 10 años fue profesor de prestigiosas universidades colombianas en temas de comercio electrónico, comercio internacional y propiedad intelectual. Estudió y trabajó por varios años en Francia, Italia, España y Alemania.


Luego se trasladó a Miami donde inició lo que él considera el retorno al judaísmo. Después de haber sido un ateo militante, al punto de no haber sido bautizado, poco a poco fue descubriendo sus raíces judías, su conexión con la Kabbalah y se vinculó a la sinagoga de Chabad en Aventura Isles. Ahora está muy orgulloso de ser un descendiente de marranos certificado por la Federación de Comunidades Judías de España.


Actualmente tiene su oficina de abogados en propiedad intelectual, es conferencista e inversionista. Al tener sus hijos hizo como las tortugas y regresó a Colombia. Actualmente vive entre Miami y Medellín con su esposa y dos hijos. alvaro@brlatina.com


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