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Del Exodo al Exodus



Por David A. Rosenthal

La fundación de la nación judía o hebrea, el Estado de Israel, tiene un origen tan remoto que se puede encontrar en la biblia, en específico en el libro del Éxodo. Moisés es el héroe de la historia. Moisés, el hebreo, que desciende de los patriarcas Abraham, Isaac, Jacob y José, virrey de Egipto. Moisés era parte de la segunda generación de israelitas nacidos en Egipto, y su historia tiene inicio en el suceso en el cual la vida de los primogénitos de Israel, corre riesgo letal, pues el Faraón ordena que todos los varones quienes gozasen del derecho de la primogenitura, deberían ser exterminado, pues los arcanos así lo designaron debido a la profecía que los consejeros del Faraón tenían bien clara.

Moisés hijo de Amram y de Jocabed de la tribu de Leví, fue “salvado por las aguas”, como la etimología de su nombre lo ratifica. Nombre que de hecho contiene la profecía, pues reivindica que Moisés o Moshé, en hebreo, sería quien liberaría al pueblo israelita; su pueblo, de la esclavitud en la que se encontraba. Y precisamente, quien rescata al niño hebreo, es la hija del Faraón, el líder más importante de la tierra en aquellos días. Mosyteu “Porque de las aguas lo saqué”, de allí el nombre Moisés, dado por su madre putativa Bithiah o Batyah, que quiere decir “hija de ÉL”.    


Tal como en Egipto, en donde los israelitas fueron cautivos, de los secuestrados que quedan en Gaza, se espera un milagro como el de la división del mar, para que regresen a casa.

Sobre la madre adoptiva de Moisés, se sabe que incluso se le conoció por el apelativo de Iehudiah, en hebreo “la judía”. Y, es que, narra la historia que ella, la hija del Faraón, hizo parte de los egipcios que se convirtieron a la religión monoteísta, dejando el politeísmo, y acompañando al pueblo israelita en su Éxodo hacia la tierra de Canaán, luego Israel.


Larga es la historia en el desierto. Allí Israel convergiría en nación. En el Monte Sinaí, sucede el acontecimiento más importante de la biblia y del pueblo judío, esto es, la entrega de los diez mandamientos, que conformarían el Arca de la Alianza, que bien vale todas las riquezas de la tierra. Asimismo, es en el Sinaí en donde ÉL de Israel, se deja percibir ante la presencia de los israelitas y los egipcios que salieron junto a Moisés. En el Sinaí, todas las naciones vieron, escucharon o les llegó la historia, sobre la aparición de la presencia divina en la tierra.


Por medio de diez plagas, que van desde la conversión del agua en sangre hasta la muerte de los primogénitos, ÉL, permitió a Moisés y a Aarón que, por medio de una magia divina, liberaran a Israel de la esclavitud material e inmaterial, y cumplió con la promesa hecha a Abraham y a su decendencia de darles una tierra, la Tierra Prometida.


Otro suceso maravilloso, e inigualable en la historia bíblica y de la historia en general, es cuando Moisés como objeto de su Creador, abre las aguas del Mar Rojo, para salvar a sus hermanos de un destino final, bajo las espadas del poderoso ejército egipcio. Si bien, no es sería la última vez que algo así sucedería, pues posterior a esto, el profeta Elías, también sería capaz de interceder sobre las aguas, haciéndose camino en tierra seca en medio del Río Jordán.


Al igual, el hecho del “becerro de oro” símbolo y casi epítome de la idolatría de los pueblos antiguos de Oriente, se repetiría en la historia de Israel. El caso más prominente, tiene lugar en el desierto, en el valle del Monte Sinaí, cuando el pueblo de Israel, instado por los egipcios que se unieron al éxodo, deciden fundir el oro que lograron sacar de Egipto para construir una deidad material. Un becerro de oro, al cual poder adorar, regresando a la tradición pagana y politeísta. Vale mencionar que fue Aarón quien construyó al ídolo de oro. Aarón, hermano mayor de Moisés y primer Sumo Sacerdote de Israel, cumplió los deseos del pueblo, que había perdido la paciencia y la fe en Moisés y su Dios. Demostrando así que la lucha contra la idolatría y la esclavitud es una constante diaria, que no excluye a los hijos de Israel. Moisés al ver que su pueblo había retrocedido a la idolatría, decide romper las tablas que Él le había dado.


Sin embargo, hubo una segunda chance, y subió de nuevo a un terreno superior tanto material como espiritual en donde se encontraba el Más Alto, y obtuvo de nuevo el Decálogo o las Diez Palabras, que cambiaron la historia de la humanidad. Este Decálogo, además de hacer énfasis en la importancia monoteísta y de ir en contra de todas las formas posibles de idolatría, al punto de la iconoclastia, que será luego asimilada por los musulmanes, aunque no por los cristianos, pero que constituye la forma pura de la antítesis de la idolatría.  


Tiempo después fue Jeroboam, hijo del rey Salomón, quien erigió un becerro de oro en Betel y otro en Dan, ambos extremos de su reino. Esto llegó a ser un gran pecado, pues se rendía culto a ídolos inmateriales de una tradición ajena a la de Israel.


La “Ley Mosaica” o “Ley de Moisés”, es decir, el Pentateuco o Torá, es la columna vertebral del judaísmo, y, además, la base del cristianismo, entendido como Antiguo Testamento, fue entregada en el Monte Sinaí, a Israel y también a toda la humanidad.


Éxodo también es la novela “bestseller” de Leon Uris, en donde se basa en el barco Éxodo 1947 (antes “President Warfield”), y en la fundación del moderno estado de Israel. Allí Uris, expone el drama que vivieron los más de 4.500 sobrevivientes del Holocausto, que se embarcaron en un plan de huida o éxodo, hacia el antiguo Mandato de Palestina, el cual estaba bajo jurisdicción británica.


Era la organización “Mossad Le'aliyah Bet”, perteneciente a la Haganá, y encargada de promover la “Aliyah Bet”, esto es, la inmigración clandestina de los judíos al Mandato de Palestina entre 1920 y 1948. De hecho, varias vidas se perdieron bajo las aguas, pues los británicos interceptaban la mayoría de los barcos que buscaban llegar a buen puerto. Aunque por lo general, los judíos que huían en este éxodo hacia la añorada Israel, eran deportados a los campos de refugiados de donde venían, principalmente, en la vecina isla de Chipre.


La historia del SS Exodus o Exodus 47, a pesar de tener un final amargo, pues de esas más de 4.500 personas que esperaban asentarse en la tierra de Israel, luego de haber vivido el horror de la persecución, maquinaria y exterminio nazi, no lo lograron. En aguas territoriales del hoy Israel, fueron atacados por buques de guerra. El resultado fue dos asesinados y de otras decenas de heridos. Sin embargo, el Exodus, llegó hasta el puerto de Haifa, pero, de allí, los ocupantes fueron obligados a embarcarse en navíos de la armada británica con destino final, de regreso a Europa. La tripulación del Exodus que había zarpado de Francia, dio a parar de nuevo allí.


En Francia de regreso, la Haganá instó a sus tripulantes a no desembarcar, y más bien a protestar por medio de una huelga de hambre. Las autoridades francesas resolvieron no obligar a la tripulación a descender, lo que dejaba a los británicos en una posición muy complicada. Aquel dilema, que hizo sentir a los británicos como en una acechanza, los llevó a optar por regresar a estos supervivientes de la Shoah (Holocausto en hebreo) al lugar en donde hubo lugar para una atrocidad tal como la fue el Holocausto. Alemania, en específico Hamburgo, en donde su puerto fue el final del intento de éxodo en el Exodus. Los británicos obligaron a estas gentes que lo perdieron todo precisamente allí, a que descendieran de sus embarcaciones. Varios de los forzados eran huérfanos, quienes habían perdido incluso hasta a la totalidad de sus familias. En Alemania no tuvieron más que dirigirse de nuevo a campos de refugiados.


Lo del Exodus fue una gran tragedia, pero no peor que la del Struma, un navío antecesor también de escape, huida o éxodo. El Struma, fue un buque rumano, que llevaba a casi 800 judíos que, en 1942, en plena Segunda Guerra, huían buscando un mejor destino al de la Rumania colaboracionista y ocupada por los nazis. Y, no se equivocaban, pues de los 800 mil judíos que vivían en Rumania, al menos 420 mil fueron asesinados en apenas tres años durante el Holocausto. De los judíos deportados de las regiones de Besarabia y Odessa no quedaría mucho.


El campo de concentración de Bogdanovka, en aquel entonces Rumania, y hoy en día Ucrania, es testigo del exterminio de mas de 40 mil judíos que fueron asesinados entre fusilados, quemados y congelados, varios cavando las fosas para sus propios hermanos. De los judíos deportados de las regiones de Besarabia y Odessa no quedaría mucho.


La orden de acabar con todos los prisioneros fue dada por el consejero alemán del gobierno rumano del distrito y el comisionado rumano del distrito. En aquel genocidio participaron tanto por soldados y gendarmes rumanos, civiles ucranianos de Golta y alemanes étnicos locales, bajo el mando de la policía regular ucraniana, Kazachievici.


El Struma, un viejo navío de casi 75 años, sirvió para dar algo de esperanza a los 781 tripulantes, quienes pagaron un alto coste por tener un lugar ahí. Por lo menos cien eran niños o bebés. Del puerto de Constanza en el Mar Negro, zarpó para no volver esta embarcación. El Struma tenía como destino desembarcar en la costa del hoy Estado de Israel, más, su defectuoso y desgastado motor junto con la mala suerte que se juntó, y luego de bregar por hacerle andar, incluso tuvo que regresar a Rumania, solo lograría llegar hasta aguas turcas, y fue allí donde pereció, cuando un torpedo de un submarino soviético por orden de Stalin lo destruyó. De la totalidad de pasajeros del Struma, solo sobrevivió uno.


El 7 de octubre del 2023, comenzó un nuevo éxodo, que comparte con el éxodo bíblico, el ideal de la liberación y de la libertad. Luego de la masacre y del genocidio que aconteció aquel día en el sur de Israel por parte de Hamas, sus aliados, financiadores y simpatizantes, y, que tenía como fin la aniquilación de todo el que estuviera presente en ese lugar, solo por ser judío o por hacer parte del Estado de Israel de la forma en que lo fuere, estando allí. Así mismo, hay similitud con el Exodus y con el Struma, pues el solo hecho de no poder atracar en un puerto ideal, en este caso Israel, conllevó a la fatalidad, pero a pesar de todas las pérdidas que ha tenido Israel, incluyendo a los más de 1300 civiles israelíes y de las demás nacionalidades que fueron asesinados de forma reciente, la resiliencia y la esperanza no deja de estar presente.


Tal como en Egipto, en donde los israelitas fueron cautivos, de los secuestrados que quedan en Gaza, se espera un milagro como el de la división del mar, para que regresen a casa. Y, permanece el sentimiento para que haya paz, Shalom en hebreo; Salam en árabe, y Salem, propio de Jerusalem “Ciudad de la Paz”, llena de historias y también de disputas, capital de un mundo físico y a su vez de un mundo inmaterial; espiritual. Que el éxodo traiga consigo la liberación de todos quienes lo necesitan, y en especial de los que se encuentran como rehenes, como esclavos, como secuestrados. Que pronto haya paz. 

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