El riesgoso y preocupante péndulo en que bailan algunos "emergentes" (porque sí hay quinto malo)

Actualizado: hace 5 días



A menudo, pasa con algunos conversos -a cualquier religión o partido político- que se sienten en la necesidad de probarse ante sus nuevos gregarios como si fueran las ovejas más fieles y ortodoxas del rebaño. Consideran que deben lucir pureza de sangre cuando nadie se la ha exigido, hablan de abolengos genéticos improbables y, en ese ejercicio, terminan desluciéndose u opacando las virtudes de otros neófitos a la causa quienes sí la asumen con modestia y moderación, y quienes merecen todo nuestro respeto y apoyo. En el caso del judaísmo, resulta que las autoridades ortodoxas únicamente consideran válidas las conversiones que se hagan a su medida, lo cual sugiere seguir caminos innecesariamente radicales. Esos rabinos o dayanim no quieren entender que alguien pueda amar genuinamente el judaísmo y desee asimilarlo de forma bella e íntima, pero no quiera compartir necesariamente la visión ortodoxa de la halajá en su versión del siglo XXI. Personalmente, me dejan más tranquilo aquellos "emergentes" que estudian juiciosamente, no solo halajá, sino también historia y cultura, quienes se integran a una vida comunitaria y no quienes necesariamente se dedican únicamente a estudiar la parashá de la semana o a cuidar celosamente las melajot de shabat, por versados que sean en la materia.


La historia nos ha aportado ejemplos de prosélitos y descendencias de donde han surgido algunos de los más grandes rabinos y héroes. Igual ha pasado cuando personas, y sus descendientes, se han desafiliado de nuestro pueblo para tornarse en orgullosos cristianos o musulmanes. Para bien o para mal, ahí figuran personalidades como Torquemada, Santa Teresa de Jesús, Caspar Weinberger, Madeleine Albright, el cardenal Lustiger, el hermano Daniel, Pablo Cristiani, Shabtai Zvi, San Pablo, Karl Marx, Jorge Isaacs, Bobby Fisher, el espía Mordejai Vanunu… en fin. La apostasía en sí no tiene que ser mala; se puede cambiar de camiseta sin traicionar o castigar la identidad pasada, sin denigrar de su linaje como fueron los casos de Heine, Mendelssohn, Mahler, Bernhardt y casi toda la comunidad de Curazao de hace 150 años. Debería ser tan anecdótico como quien deja de ser colombiano y pasa a ser gringo.


Para efectos de esta nota, el mensaje lo dirijo a todos los "emergentes", con la firme intención de que se sacudan un poco, reflexionen, se quiten algunos miedos, analicen a ver a quiénes ven reflejados en este espejo y definan el camino a seguir. No aludo a todos sus líderes, rabinos, o profesores, !ni más faltaba!, pero la crítica sí incluye a varios del minyan. Debe quedar claro que la mayoría no debe perder el sueño con estas palabras. Esta prosa alude especialmente a un pequeño grupo que siente que debe ser “más papista que el papa” -en su versión judía-, que cree que debe imitar a ese péndulo que llega al opuesto de su punto de partida. Y como acontece con todo péndulo, si bien en los cuatro artículos anteriores manifesté mi apoyo a la causa - reflejo de una emocionante labor de una década-, ahora me permito ir al otro extremo y estrenarme con una ácida crítica, tarea que tenía pendiente de tiempo atrás. Como ya son grandecitos para ufanarse de sus décadas haciendo méritos dentro de las toldas del judaísmo, también podrán digerir algunas críticas que confío sepan tomar de manera constructiva.


Buenos amigos sigo teniendo y con frecuencia recibo sentidos saludos que me llegan al corazón. Esto claramente no se trata de Sodoma, pues hay cientos de meritorios casos de conversos que llevan vidas admirables. Mi labor, con sus altibajos, ha sido plenamente retribuida pudiendo evidenciar tantas valiosas historias de personas, familias y comunidades que han llevado procesos serios de conversión y vidas judías plenas.


más que cualquier otra religión, somos una cultura, un pueblo con pasado común aspirando a compartir un futuro común. Eso no se puede improvisar fácilmente en una mikve, ni con par años de juicioso estudio

Me fascina el concepto tradicional de no querer ser una religión proselitista. Me gusta esa idea de sentirse elegidos para servir como luz ante las naciones, para comprometernos a ser ejemplo sin asumir superioridades, o para reparar el mundo haciendo Tikun Olam. Me gusta que no queramos conquistar al mundo y evangelizarlo; con nuestra pequeña parcela tenemos suficiente. Además, me gusta que el proceso de conversión no sea ni fácil ni rápido, a pesar de que eso lo haga odioso y sujeto a múltiples caprichos. La conversión, en su forma ortodoxa y contemporánea, no concibe el caso de comunidades y adolece enormemente de un contenido cultural que para el caso judío debería ser fundamental. En últimas, más que cualquier otra religión, somos una cultura, un pueblo con pasado común aspirando a compartir un futuro igualmente común. Eso no se puede improvisar fácilmente en una mikve, así sea precedido por años de juicioso estudio. De corazón, deseo que todos los conversos entiendan y asimilen la importancia que ese ingrediente histórico y cultural tiene para quienes no somos ni rabinos ni dayanim. Lo que el proceso de conversión no les aportó, lo tendrán que conseguir a pulso, especialmente para bien de sus hijos, y no se deben limitar a celebrar el poderío militar o científico de Israel, o a aplaudir con soberbia cada premio Nobel que gana un paisano. Esa primípara emoción que les generó su nueva membresía debió migrar hace rato hacia otros temas que trascienden el espectro de lo que el libro Guiness nos cuenta. Esto aplica también a quienes sienten que con tefilot diarias y kidush en shabat ya tienen constituidas genuinas comunidades funcionales. El proyecto debe superar el reto de otra nueva generación, sólida y comprometida, que a su vez siga forjando comunidades. Solo entonces podremos rubricar su éxito y dormir tranquilos. Las mejores comunidades aun están lejos de poder cantar victoria, y constituyen la inmensa minoría de los casos.


Considero innecesario y de mal gusto pretender probarse ante su nuevo público a punta de despacharse con sandeces contra sus antiguas religiones y culturas

Habiendo dicho eso, entendiendo el amor que el prosélito siente por su nueva religión, y sin desconocer las virtudes de buena parte de los “emergentes”, me es aberrante ver como algunos asumen esa nueva identidad para salir en "cruzadas" (no pun intended) igualmente odiosas y caprichosas. Tienen derecho a invocar el Nombre Divino en cada frase; a usar sus nuevos nombres "de pila" escribiéndolos con caracteres hebreos; a fotografiarse con todos los tomos del Talmud de Steinsaltz como fondo; y a lucir la Estrella de David, la Menorah, o el León de Judá en su perfil de facebook, pero deben entender que ese afán de protagonismo se ve forzado. Considero innecesario y de mal gusto pretender probarse ante su nuevo público, bien sea a punta de despacharse con sandeces contra sus antiguas religiones y culturas (que en múltiples casos las siguen profesando algunos de sus padres, hermanos, socios y vecinos); o deseando la aniquilación del pueblo palestino usando conceptos de justicia bíblica traídos de la era del bronce que ni aplicó a filisteos; o juzgando quién es o no es un buen judío; sintiéndose con patente de corso para exigir beneficios materiales dado su nuevo vínculo tribal; o hablando en nombre de un nuevo Dios con la arrogancia de quien es dueño de la verdad absoluta, convencidos de un concepto erróneo de lo que "ser elegidos" implica; creyendo que súbitamente poseen atributos económicos, militares, científicos o culturales superiores. Hablan con soberbia de lo que les significa ser judíos, y aleccionan a sus nuevos hermanos sobre la forma adecuada de cumplir la ley o la manera en que deben relacionarse con el goy, a menudo, tratando de ignorantes a quienes nacimos de vientre judío y nos educamos dentro de la tradición, la cultura y bajo el peso de la historia. Como corolario, también desprecian el judaísmo de quienes, nacidos de una yidishe mame, profesamos la versiones seculares, conservadores o reformistas. Y ni qué hablar de aquellos "ungidos", autores de "nuevas tradiciones", tasadores de diezmos, y "jutzpediks" que solían hablar dizque en representación de toda la comunidad judía colombiana aún cuando la tinta de su guiur no se había secado sobre la improvisada cartulina.


Flaco favor le hacen a la causa promoviendo la falaz idea de que el fenómeno crece como espuma, que llegarán a ser más que los "tradicionales", que sus comunidades superan hoy las cuarenta y que todas son ejemplares. No es de buen recibo escuchar argumentos que pretenden explicar que todas sus limitaciones se deban exclusivamente a las cambiantes políticas del Gran Rabinato, la Sojnut o a la falta de apoyo de parte de las comunidades "tradicionales". Al César lo que es del César. Como solía decir mi maestro: "Las madres suelen relamerse al hablar de sus hijos, pero se esconden a la hora de reconocer sus abortos".


Algunos incluso llegan a recibir semijá o a ocupar cargos académicos, condición que usan para mantener a otros aspirantes a judío frenados en su simple status de noájidas, negándoles el derecho a su conversión, pues se dejaron tramar por sectas hasídicas que predican el amor al converso, pero que cobardemente no aplican. A veces, el prototipo típico de ese arribista suele mofarse de otros "emergentes" argumentando que ellos no "saben quién es él", ya que no poseen los "secretos" adquiridos durante la conversión de ese privilegiado, o porque desconocen otras "nefastas verdades" con las que él se crió y que ahora lo acreditan para "venir a protegernos" del mundo gentil que tanto nos persigue. En líneas generales, duele ver cómo varios conversos olvidan que, en muchos casos, quienes les ayudaron a recorrer ese camino culebrero a la conversión fueron precisamente mentes liberales y no las extremistas que ahora pretenden abrazar. Esa patología está bien descrita en psicología y nos recuerda al ahogado que hunde a su socorrista


Como con tantas otras cosas en la vida y con fenómenos de la ciencia, toda acción genera su reacción y todo péndulo eventualmente tiende a regresar a un punto medio de justo equilibrio... salvo que su impulso termine por expulsarlo de la cuerda y lo reviente contra una pared. Mientras más rápido sea ese proceso de moderación, mejor será, en beneficio de tantos otros prosélitos que no pretenden ni radicalizarse ni hacer el ridículo.


Pero este es el lamentable caso de algunos pocos soberbios "superhéroes" quienes, aprovechando el aval o silencio de sus directivas comunitarias, -carentes de la madurez necesaria para llevar con dignidad las relaciones públicas que esas nuevas kehilot ameritan-, hacen alarde de sus nuevos nombres semitas, incluso cambiándolos según las circunstancias. Estos singulares y petulantes novatos se pavonean con títulos expedidos en institutos de dudosa reputación y en su vocabulario no hay cabida para las palabras "gracias" o "por favor". Tambien incluye el caso de algunos líderes comunitarios que usan esos pseudo-títulos cual licencia para realizar acciones non-sanctas en nombre de su judaísmo con el afán de engrosar y someter a su feligresía. Lucen en el pecho la S de "Super-Kosher" y creen poseer crípticos poderes cabalísticos que solo existen en su imaginario. Visten capa y sombrero negros a manera de efod sacerdotal y alardean conocer los 72 nombres de Dios que emplean a diestra y siniestra, sin temor a usarlos en vano mientras transitan senderos de penosa ortografía. Para rematar (y a sabiendas de que traspaso la raya de mi debida mesura), desde su púlpito dictan cátedras plagiando a otras que encuentran en youtube, aun sin haber polichado ese precario hebreo que delata un acento típico del altiplano o de la sabana caribeña y que les impide harmonizar su prédica. Me los imagino leyendo este artículo, echándome madres en corito con sus cómplices, y, como en la famosa canción de Carly Simon, los veo mirando para otro lado mientras señalan al vecino, cantando desprevenidamente "don´t you know this song is about you".


Y así es que salen en "cruzadas" contra la herejía aberrante que les representamos quienes no somos fiel reflejo de esa comparsa y cosmovisión, y más lamentablemente aún, se lanzan contra la propia gente que, como ellos, ha recorrido el penoso camino del "emergente", pero no exactamente a la manera del triste antihéroe.

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