El Universo Kafkiano de Franz




Por David Alejandro Rosenthal

El término “kafkiano” se refiere a ese universo alterno, extraño, inmerso en sensaciones misteriosas. El desasosiego, la falta de esperanza y un estupor que deja la misma paradójica y absurda situación. Franz Kafka, es un exponente de la literatura universal, imprescindible para cualquier curioso o docto en el tema literario. Su legado es al igual que lo fue su ser, un mítico descontento social, un imprescindible y sucedáneo trascender por los niveles de una vida llena de vacíos y de enigmas. Kafka, judío y checo; romántico, melancólico y nostálgico, y en búsqueda de sí mismo. En una búsqueda constante, que muchos de sus lectores; sienten reflejada en si mismos. Esa sed de vivir y a la vez perecer en el intento, podría convertirlo en aquel desagradable insecto, en el cual se convirtió Gregor Samsa, en su célebre novela: Metamorfosis.

El término “kafkiano” se refiere a ese universo alterno, extraño, inmerso en sensaciones misteriosas. El desasosiego, la falta de esperanza y un estupor que deja la misma paradójica y absurda situación

La identidad y la falta de la misma es una constante en la obra de Kafka. Ser judío y ser checo, además hablar un alemán perfecto, parecían ser incompatibles conceptos para el. Un padre autoritario y asimismo proyectado por Kafka como la figura de un tirano, inocula, en sí mismo, una forma de ver y de leer el mundo bastante particular y trágica. Franz, claro está, un hombre muy sensible y abstracto, para nada afectó a la figura del poder; se encontraba en una constante inserenidad. Además, el sosiego lo encontraba en la literatura, y sus deseos eran irreprensibles, más, debió estudiar leyes, luego de un intento inverosímil por la química. Kafka no era un científico ni un jurista. Era un artista, era un poeta, era un filósofo, era un sociólogo, era un escritor. Kafka, al igual que el Golem del rabino Judah Loew, conocido como el Maharal de Praga, era un ser buscando su propio ser, aunque para nada torpe, Kafka era una extraña creación y su creación es como de otro universo, quizá paralelo.


Incomprendido e incesante en su búsqueda de encontrarse a sí mismo, sus profundas obras, circundan entre lo irreal y lo real. Entre lo mágico o fantástico, y la insípida y lúgubre realidad, que dejaba el principio del siglo XX. A pesar de haber nacido a finales del siglo XIX, y habiendo vivido el final de una época de inspiración, es sin embargo, un hombre del siguiente siglo. De las dos Guerras Mundiales y de la Gran Depresión. Vivió una Europa en guerra y el pre-escenario de una dura crisis económica. Su mundo fue realmente kafkiano. Frente al universo del amor, estuvo comprometido cuatro veces, más nunca se casó. Mantuvo gran correspondencia —hoy de incalculable valor para la historia— con diversas mujeres, tan kafkianas, como ningunas otras, y tan valientes como aquella generación.


Haber nacido en la bella Praga, la capital más importante del Imperio austro-húngaro —luego de Viena y Budapest— y dentro de una familia de la burguesía media, lo convertían en un hombre privilegiado. Si bien, su padre Herrmann, quien con la ayuda de sus suegros judeoalemanes, los Löwy, se convirtió en un importante comerciante textil. Los orígenes del padre de Franz, eran rurales. Su padre, Jakob Kafka, había sido Shojet —matarife ritual Kosher— en Osek, una pequeña aldea checa.


La vida de Herrmann había sido dura y era algo que recordaba a su familia, cosa que Franz despreciaba. A diferencia de su familia paterna, la familia materna, los Löwy, eran ricos comerciantes e industriales. También, habían artistas e intelectuales dentro de la familia, algo que no solo agradaba más a Franz, sino que también se podía identificar. En Carta al padre, Franz expresaba su inconformidad con su padre, su afección debido al trato duro y la inseguridad que esto desprendía en él; una carta de 103 páginas, escrita en 1919, que entregó a su madre para que se la entregara a su esposo, cosa que nunca hizo.


La relación con su padre era kafkiana. El consideraba que el trato que su padre tenía con él, además de fuerte, era hipócrita. Antes de Franz habían nacido dos niños que no lograron sobrevivir, así que sentía una culpa, un peso en sus hombros, al igual que Salvador Dalí, quien había sido precedido por otro Salvador, pero este había fallecido. Y, las tres hermanas de Kafka, habían nacido varios años después.


La obra de Kafka, es todo un periplo, va desde la ficción hasta la más cruda realidad. El existencialismo, hace parte de su obra, también el surrealismo. En determinados momentos, la severidad tanto física como psicológica y la crueldad a la que esto puede conllevar, finalmente descansa en la culpa. Antiburocrático, en una lucha incesante contra el poder —representado psicológicamente por la relación con su padre— podría considerarse incluso anarquista. Dejó plasmado en su diario esta frase: “Dios no quiere que yo escriba, pero tengo que hacerlo”. Aunque después de escribir, deseaba eliminar siempre cualquier evidencia de su obra. La misma que se convertiría en su mítico e invaluable legado.


Felice Bauer fue su verdadero amor kafkiano. La conoció en 1912, en casa de su mejor amigo, Max Brod, quien además sería el que publicara gran parte de la obra de Kafka, entre 1925 y 1952. La relación con Felice —que vivía en Berlín— fue a distancia, por medio de cartas, hasta más de una al día. Una relación turbulenta, con muchos altibajos, a la vez una relación sincera, una relación pura mas imposible. Se comprometieron tres veces, pero nunca se casaron. Kafka le confesó desde un principio que era muy enfermizo. Y, unos años luego, lo aquejaría una gran enfermedad: tuberculosis. También le confesó que era un ser desprovisto de cualquier esperanza y se refirió así mismo como nada. Le escribió: “La verdad es que no soy nada, lo que se dice nada”.


El trabajo de Kafka en Praga era el de corredor de seguros, labor que no le hacía ningún bien, trabajo que aborrecía. Seguro un escritor solo quiere escribir, y en el caso de Kafka, solo querría ensimismarse en su búsqueda personal por descubrir quién en realidad era. Y, saber si tendría una vida “normal” algún día. La tuberculosis seguramente lo llevó a la incoherencia y a la miseria. Asimismo como la sifilis hizo con Nietzsche. De hecho, este filósofo, junto con Darwin y Haeckel, hicieron parte de la temprana educación de Kafka. Había dentro de Franz una simpatía al socialismo de Marx y al ateísmo también. Kafka desde joven se había interesado por la literatura. Algunos de los autores que lo influenciaron son: Kierkegaard, Dostoievski, Goethe, Bataille, Flaubert y Dickens.