¿Eres cuerpo o alma? Lo que nos divide de los animales

Por el rabino Isaac Sitt


Una de las constantes que ha tenido el ser humano en la historia ha sido entender la dualidad entre alma y cuerpo, comprender cómo conviven elementos tan opuestos. Por un lado, tenemos el cuerpo: material, comparable al de cualquier otro ser vivo, con necesidades biológicas que cubrir y que busca la gratificación instantánea. Por otro lado, tenemos el alma: algo que nos distancia por completo de otros seres vivos, que nos da libre albedrío, lenguaje, que nos inspira a buscar un propósito de lo que hacemos para que trascienda el presente inmediato. Este conflicto lo vivimos día a día y no es fácil saber con qué nos identificamos, si con el cuerpo o con el alma. Sentimos a través del cuerpo y así nos relacionamos con el mundo que nos rodea, tocamos, escuchamos y vemos un mundo material, lo cual dificulta pensar que hay algo más que lo que nuestros ojos nos dicen. Es por eso que es tan fácil identificarse solamente con lo tangible. A pesar de esto, el mundo sensorial no nos es suficiente; la gratificación de nuestros sentidos no nos deja satisfechos y buscamos algo más. El mismo Maslow en su teoría reconoce que el ser humano dirige sus esfuerzos en la búsqueda de la autorrealización, pues las necesidades biológicas y placeres sensoriales no están en la cúspide de la pirámide. Es en esa confusión que vivimos día con día. En algunas religiones se ha elegido limitar la parte material a lo mínimo para que no interfiera con la búsqueda de lo espiritual.


Al crearnos de cuerpo y alma, D-os sabía que habría un conflicto, pero también sabía que la meta no era negar uno u otro, sino conseguir que los dos trabajaran en armonía

Sin embargo, el judaísmo no sostiene esta postura. Al crearnos de cuerpo y alma, D-os sabía que habría un conflicto, pero también sabía que la meta no era negar uno u otro, sino conseguir que los dos trabajaran en armonía. El cuerpo debería ser el conducto a través del cual el espíritu transforma el mundo; que lo material sirva como medio, no como objetivo. Sin embargo, este sendero está lleno de obstáculos, pues es mucho más sencillo identificarnos con lo más inmediato: lo material.


Por eso, varias Mitzvot tienen el propósito de elevar nuestros deseos biológicos como comer o tener relaciones sexuales, para que estos no nos lleven a identificarnos con los demás seres vivos, ya que, aunque los compartimos, no compartimos su naturaleza; para el ser humano se vuelven actos sublimes que también involucran lo espiritual.

Dentro de este contexto es que el judaísmo decreta que el cadáver de un ser humano es la fuente suprema de la impureza, y por lo tanto quien está en contacto con él tiene que pasar por un proceso de purificación. La razón detrás de esto es que al ver un cadáver humano, la persona puede engañarse y pensar que eso es todo lo que hay en el ser: un cuerpo, y por eso cuando deja de funcionar se termina la vida. Para evitar esa noción, D-os decretó su impureza. Desde que se destruyó el Beth Hamikdash no tenemos los procesos que purifican a la persona, sin embargo, seguimos teniendo la misión de entender la dualidad cuerpo y alma, y de no permitir que lo que nuestros sentidos perciben sea la única realidad que vivimos.


Tenemos que sentir nuestra misión y nuestra trascendencia en cada uno de nuestros actos para que de esa manera logremos ver más allá de nuestros ojos y obtener así, la grandeza a la que fuimos destinados.

¿Tus acciones diarias se inclinan hacia el cuerpo y lo material o hacia el alma y lo espiritual?




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