Karaitas -"Escudriñad a fondo la Tora y no confiéis en mi opinión"-

Actualizado: ago 14



Eso dijo Anan ben David. (Babilonia, s.VIII EC). El artículo sobre Karaim-Karaylar y su extraña de-judeización vendrá pronto, uno de los temas más curiosos de nuestra historia. Para poder contextualizarlo, considero prudente, pues, dedicarle las próximas líneas a los otros 35,000 o más hermanos karaitas que si se sienten orgullosamente judíos y sionistas, y que son reconocidos como tal, al menos por el Gran Rabino Ovadiah Yosef y, por la Ley del Estado de Israel (o como heréticos o inexistentes por el mundo hasídico).


Anan rompió con el judaísmo tradicional al establecer un nuevo calendario y al invitar a cuestionar la Tora ignorando al recientemente recopilado Talmud como texto divino. Anan estableció la obligación de cada uno de leer, estudiar y seguir su propio entendimiento del Pshat de la Tora

Quienes seguimos el rito rabínico y fariseico hemos sido enseñados a creer en la Tora como fuente de legislación. Para los ortodoxos, la Tora es palabra de Dios aunque para reformistas de igual extracción rabínica esa autoría sea dudosa. Aprendimos que además de la Tora escrita en Sinaí, también recibimos una Ley Oral (Shebealpe) más amplia, más explicativa e igualmente Divina. Por extensión, la tradición ortodoxa argumenta que el resto de textos del Tanaj (Escritos y Profetas) tienen como mínimo una inspiración divina y fueron sabiamente codificados a posteriori bajos criterios que considero discutibles. Algunos sabios tuvieron a bien escoger unos textos y dejar por fuera otros (epígrafos, pseudo-epigrafos y apócrifos, textos hermosos como la Sabiduría de ben Sira y otros bochornosos como Macabeos II). Nuestra tradición ortodoxa, interesada en canonizar todo lo que le convenga, ha clasificado como “Tora” o palabra de Dios, los textos que vinieron a recopilar esa Torah Shebealpe, conocidos hoy como Mishna, Guemara y Talmud, y más tarde otros temas místicos como son el Zohar y toda la Kabala desconociendo su simple (y respetabilísima) autoría humana.


El termino Karaita viene del término Hebreo Koré (leer) haciendo énfasis en la naturaleza escrita de la Ley y la obligación de estudiarla directamente de el texto. Quizás también tenga que ver, en su génesis, con los primeros años de la época Islámica y El Koran (de la misma raíz etimológica) ya que, si bien los orígenes del karaismo son discutibles, claramente tienen un gestor en la figura de Anan ben David, en la Babilonia del siglo VIII (¿Descienden de Zadok? ¿De los saduceos? ¿De una de las tantas corrientes filosófica opuestas a los fariseos que germinaron hace 2.000 años?). Anan rompió con el judaísmo tradicional al establecer un nuevo calendario y al invitar a cuestionar la Tora ignorando al recientemente recopilado Talmud como texto divino. Anan estableció la obligación de cada uno de leer, estudiar y seguir su propio entendimiento del Pshat de la Tora (significado obvio y no oculto del texto Hebreo). Tanto el Talmud como el Karaismo se beneficiaron de nuevas corrientes del pensamiento y análisis del mundo árabe (Mutazilim) y ante todo, y muy irónicamente, se beneficiaron del veloz crecimiento del mundo islámico que permitió como efecto secundario homogenizar una zona muy amplia del mundo del Mediterráneo y consecuentemente permitir que tanto el Talmud como el Karaismo llegaran a los confines del mundo judío.


Los Karaitas de tajo no aceptan el Talmud ni la Kabala ni el Zohar. Para ellos, la tradición Oral es eso: puramente una tradición que como tal no es divina ni viene de Sinaí. Para ellos, solo existe el Tanaj. Todo lo demás es tema de discusión. Sobre esa base, argumentan con suficientes criterio que el Judaísmo se hereda por vía paterna. De ahí se origina el más grande de los conflictos con el resto del Judaísmo: ¿Quién es judío? De ahí se derivan también odiosas implicaciones de Mamzerut ya que la legislación Karaita sobre el divorcio se cimienta en su propia definición de linaje por via paterna. Por eso, oficialmente ni nosotros ni ellos aceptamos un matrimonio “mixto” así el Estado de Israel los considere igualmente judíos.


Los fundamentos de la argumentación Karaita en contra del Rabinismo son básicamente los siguientes: La Tora Shebijtav (escrita) dice que Dios le dictó a Moises toda su Ley (Deut 28) y Moises la escribió así. Además, en ningún lugar de la Tora hay referencia alguna a que haya existido una ley Oral dictada por Dios; para ello debemos adelantarnos unos 800 anos en la historia. Tenemos una mitzvah explicita (Deut 4:2) para no agregar ni quitar una sola letra a la Ley que Dios nos dio en Sinaí, mitzvah que los Karaitas ven irrespetada por nuestra tradición Talmúdica. La Mishna tiene además muchos capítulos conflictivos, contradictorios e inconclusos. Alegan que los temas discutidos en el Talmud son más representativos del mundo judío de los siglos I-V EC época durante la cual se compiló el Talmud y no asi de temas válidos en la época de Moises, evidenciando así una autoría posterior a Sinaí. Ante todo, se oponen a la preeminencia que tiene el Talmud dentro de nuestra tradición cuya jerarquía la ubicamos a menudo por encima del Pentateuco mismo.


Siguiendo fielmente el texto bíblico, su año comienza el 1 de Nissan (Ex 12:1), al inicio de la primavera boreal, día que identifican cuando evidencian las primeras semillas germinadas de Aviv en Israel (Deut 16:7). Siguen siendo. por ende, muy observadores de las fases de la luna y las semillas de los campos. El 1 de Tishrei es únicamente un día de congregación, Yom Teruah, tal cual dice la Torah (Num 23:23), y no conlleva a desearse un “Shana Tova” sino a iniciar solemnemente los diez días de reflexión previos a Kipur. Muchos de ellos, al igual que los mismos Satmar Hasidim, no comen pavo porque muchas aves no están claramente especificadas dentro del texto bíblico que regula el Kashrut (Ex 23). En cambio, sí mezclan carne con lácteos tal cual lo hizo nuestro patriarca Abraham cuando atendió la visita de los Ángeles (Gen 18:8). No se ponen tefilin ni fijan mezuzot (salvo por algunos casos excepcionales donde fijan los Diez Mandamientos) porque interpretan ese versículo como puramente alegórico (Deut 6:8). Sus talitot tienen tsitsit con tjelet bien azul. No tienen relaciones sexuales en shabat siguiendo el mandamiento de “No crearas nada en ese día”. Tampoco prenden velas en las fiestas, ese rito tan simbólicamente judío para nosotros, porque tener fuego durante Shabat está claramente prohibido en la Tora (Ex 35:3). Sukot la celebran con cuatro especies diferentes a las nuestras y que tienen más que ver con lo que el texto bíblico nos prescribe (Lev 23:40). El Omer lo comienzan a contar desde el primer sábado después del segundo día de Pesaj tal cual reza el texto de la Tora, y no desde el segundo día de Pesaj como reinterpretamos nosotros al considerar como “Shabat” al segundo día de Pesaj (Lev 23:15). Tal cual hizo Moises ante Dios frente a la zarza ardiente (Ex 3:1), ellos entran descalzos a la sinagoga y rezan arrodillados como nosotros únicamente hacemos en un momento de la tefila de Kipur. Se demoraron más que nosotros en aceptar conceptos de origen pagano como los de la resurrección de los muertos y se demoraron en aplicar leyes prácticas como el uso del Eruv. Y para rematar, la enorme mayoría no tiene problema con el sexo lésbico porque la prohibición es, parafraseando a alguna beldad nacional, de “hombre con hombre y no de mujer con mujer” (Lev 18:22). Buena parte de su argumentación está en cuestionar si es que la tradición Oral ha sido tan fiel durante 3.500 años, cuál es el motivo de no saber claramente cuál es el saltamontes que sí podemos comer, o si los tefilin son alegóricos o son como los dispuso Rashi o Rabeinu Tam 2.300 años después de Sinai, o por cuáles motivos las leyes del Shabat se establecieron posterior a la construcción del Templo en un desfase claro de varios siglos con relación al Éxodo.


Mi primer acercamiento a los Karaitas viene de cuando yo tenía unos ocho años. Todas las noches mí papa se sentaba a mi lado en la cama y me contaba alguna historia, muy a menudo con relación al pueblo judío. Hablando de la Tora, mencionó que había un grupo pequeño que consideraba que solamente la Tora era sagrada. Inicialmente, no entendía yo qué podía tener de malo eso. Mi papa me explico que al apegarse únicamente a la Tora, ellos dejaban de lado y no aprovechaban la riqueza que aportaba el Talmud. En últimas, después de muchos años, logré entender que ahí radica el meollo del asunto. !Claro que es importantísimo leer y estudiar el Talmud! ¡Claro que es vital adoptar nuevas legislaciones que no estén explicitas en la Tora y que nos ayuden a regular circunstancias novedosas! Creo que eso lo hemos sabido hacer con gran éxito. Es además importante para la cohesión de nuestro pueblo que esa legislación pueda ser aceptada por las mayorías y nos entreguemos a ella, pero que la sigamos discutiendo. El Talmud es una fuente importantísima de sabiduría y legislación aun si neguemos su autoría divina. Su mentalidad y estructura analítica es, para mi gusto, la responsable de que estemos acá hoy, que hayamos sobrevivido, que seamos de lejos el pueblo que per cápita más aporta al arte y las ciencias.


La Tora como tal es un texto a veces confuso y contradictorio. Con el deseo de probar cualquier argumento y llegar a conclusiones premeditadas son infinitos los caminos por lo que podemos llegar a ellos usando el mismo texto. Es imperioso poder discutir conceptos talmúdicos o kabalísticos. Los karaitas, al fin y al cabo, también interpretan la Ley. Pero ¿Cuáles leyes interpretamos? ¿Cuándo son aptas para ser readaptadas y vueltas a analizar? Lo venimos haciendo por más de 3.000 años sin reconocerlo, generando nuevas versiones de judaísmo que necesariamente se distancian aun más de la praxis de nuestros Patriarcas sin que eso lo haga menos válido. Mi papá también me explicaba cómo no nos arrodillábamos al rezar para diferenciarnos de los ritos de los goyim. ¡Me tomó un tiempo entender que hace mas de 2.000 optamos por dejar de arrodillarnos para diferenciarnos de los Saduceos! Eventualmente, en cada momento histórico, la “ortodoxia” imperante dirá que su versión es la más fiel a la Ley de Sinaí. Sugiero que a nosotros nos corresponde escudriñarla sin necesariamente aceptar como dogma de fe estas líneas o las de cualquier otro.


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