Por qué el estrecho de Ormuz no va a reabrirse pronto (y a quién le conviene)
- Jack Goldstein

- hace 2 minutos
- 5 min de lectura

Por Alvaro Ramirez Bonilla
Pocas cosas me recuerdan más a las discusiones de mis hijos pequeños que escuchar las noticias sobre el estrecho de Ormuz. Un día está abierto, otro cerrado. Un día se abre... no, mentira, sigue bloqueado.
“Que quedamos en que se iba a abrir”, “Que no, eso lo dijo otro y no yo”, “Bueno, está bien si lo abro”, “No, ahora soy yo quien lo cierra”, “Ábrelo tú — No, primero tú”. Y así llevamos semanas desde que comenzó la escalada.
Es tanta la confusión que, al leer los medios, pareciera que esta guerra se trata simplemente de una disputa por el control de una ruta marítima, al estilo de la crisis de Suez de 1956 o de la Independencia de Panamá auspiciada por Washington.
Pero no nos equivoquemos: esto no va de Ormuz, ni del 20% del petróleo mundial que circulaba por allí, ni de cuánto nos va a costar llenar el depósito del coche. Todo eso son efectos colaterales. Lo que realmente está en juego es la balanza geopolítica global durante los próximos 50 años. Nadie serio en Washington o en Tel Aviv pensaba que extirpar el control de la Guardia Revolucionaria sobre el Estado iraní iba a ser un paseo militar de unas cuantas semanas.
Miremos las cartas de los actores principales para entender por qué a casi nadie le interesa prisa por abrir el candado:
1. Israel: El objetivo no es el comercio, es la supervivencia
A Tel Aviv poco o nada le importa el flujo logístico de Ormuz. Su verdadero leitmotiv es evitar que el régimen de los ayatolás cruce la línea roja nuclear. Para Israel, cada día que el estrecho permanece cerrado es un día más de asfixia económica para Teherán. Su plan estratégico no es una invasión terrestre; es debilitar tanto al régimen desde dentro que sean los propios iraníes quienes terminen por derrocar a los ayatolás, o que queden tan golpeados por los bombardeos que no puedan volver a ser una amenaza durante unas cuantas décadas.
2. Estados Unidos: Negocio redondo a bajo coste
La Casa Blanca juega con ventaja: EE. UU. es autosuficiente y, de hecho, se beneficia vendiendo su propio crudo a precios de crisis. El bloqueo estrangula a Irán sin necesidad de que Washington gaste munición costosa y escasa. Además, les da tiempo para reordenar sus fuerzas en la región mientras los países del Golfo actualizan sus defensas.
El mercado de defensa ha dado un vuelco. Las monarquías del Golfo están firmando contratos millonarios absorbiendo la doctrina y tecnología anti-drones que Ucrania ha perfeccionado en su propio frente.
3. Arabia Saudita y Emiratos Árabes: El enemigo de mi enemigo...
Riad y Abu Dabi cuentan con vías alternativas (oleoductos hacia el Mar Rojo y el Golfo de Omán) para exportar parte de su crudo. Sí, su capacidad se ha reducido, pero es un precio aceptable a cambio de ver a un Irán expansivo y nuclear contra las cuerdas. Aunque mantengan la diplomacia oficial en Pakistán, bajo la mesa sus intereses están alineados con Israel: cuanto más débil esté Irán, mejor duerme el Golfo. (De Qatar, mejor ni hablemos; ellos siempre le ponen una vela a Dios y otra al Diablo).
4. Rusia y China: Los beneficiarios colaterales
A Rusia le fascina el caos: El veto al estrecho ha disparado los precios del crudo, dándole un balón de oxígeno financiero vital para su economía. Además, desvía la atención y los recursos militares de Occidente lejos de sus fronteras.
A China le duele, pero le sirve: Pekín sufre por su dependencia energética, pero estratégicamente prefiere ver a la Armada estadounidense desgastándose y quemando recursos en las costas de Oriente Medio en lugar de patrullar el Pacífico de cara a Taiwán.
5. La Guardia Revolucionaria: La retórica del martirio
Para la teocracia militarizada que gobierna Irán, ceder voluntariamente es sinónimo de suicidio político en una región que no perdona la debilidad. Su legitimidad no emana de las urnas, ni de la popularidad de sus medidas, sino de las armas empuñadas en nombre de la fe. Mientras el estrecho siga cerrado, su aparato de propaganda seguirá vendiendo su narrativa interna:
"¡Hemos puesto de rodillas al Gran Satán estadounidense y a la entidad sionista! Tiemblan de miedo ante las llamas del castigo divino mientras nuestros valientes bloquean las venas del capitalismo corrupto de Occidente."
6. ¿Y Europa? Bien gracias-
Europa no pinta mucho en el asunto. Para empezar, las capacidades europeas no están preparadas para participar en un conflicto naval asimétrico como el que se plantea. Tampoco existe voluntad política de intervención militar, en parte porque la izquierda utilizará esto como propaganda para afirmar que Europa se arrodilla ante los intereses de los israelíes. Se quejará, hará llamados al diálogo y al entendimiento, y estará profundamente consternada por lo que ocurra. Es posible que, cuando ya todo esté en paz, mantenga alguna flota gastando combustible en el área, sin servir de mucho, como la que ya tiene para Libia.
El espejo de la historia: 1453 y el nacimiento de un nuevo mundo
Que se cierre una ruta comercial clave no es algo nuevo. En 1453, los otomanos (actuales turcos) invadieron Constantinopla y bloquearon la mítica Ruta de la Seda que conectaba Asia con Europa. El comercio mundial de la época colapsó y las especias se pagaban a precio de oro.
¿Qué pasó después? La necesidad agudizó el ingenio. Obligados a buscar alternativas, los españoles y portugueses se lanzaron al océano, descubrieron el Nuevo Mundo, las rutas comerciales cambiaron para siempre, llegó el Renacimiento y la Edad Media pasó a la historia.
Hoy, la historia se repite. Aunque el estrecho de Ormuz se reabra mañana, la confianza se ha roto para siempre y el mundo ya ha tomado nota. Las rutas logísticas globales van a cambiar a mediano y largo plazo:
La Ruta del Ártico: El deshielo y la inseguridad en el sur harán que el comercio entre Asia y Europa mire al norte, lo que disparará el interés geoestratégico de EE. UU. UU. por controlar Groenlandia.
El corredor IMEC (India-Middle East-Europe Economic Corridor): La gran apuesta que cruza desde la India por mar hasta los puertos de los Emiratos, atraviesa Arabia Saudita y Jordania por ferrocarril, y conecta con Europa a través del puerto de Haifa en Israel. Una ruta terrestre y marítima diseñada específicamente para puentear los cuellos de botella de Ormuz y Suez, y de paso, frenar la influencia de la Ruta de la Seda china.
Así las cosas, las posibilidades de que alguien ceda son mínimas. Vayan preparando el bolsillo, porque las facturas de energía van a seguir doliendo... pero el mapa del mundo se está rediseñando ante nuestros ojos.






Comentarios