Reflexiones en pandemia

Actualizado: nov 19



No creo haber estado como el personaje en la imagen, pero no por falta de gato. En sudadera muchísimas veces y solo dos días en traje de calle. Confieso haberme vuelto más tropical ya que medias apenas usé para ir al gimnasio. Muchos me han preguntado si enloquecí no pudiendo viajar, pregunta bienvenida. Nos quedamos con los planes para Siria y Líbano, varios destinos en Africa y otro viaje extremo a Crimea con separatistas rusos, pero el que verdaderamente lamento es no haber podido hacer el viaje por Colombia que por largos años le prometí a si sobrino Ethan. Ya llegará el momento para el desquite. No obstante, me he gozado también estos meses hogareños.


Me siento esperando a Godot, ante tanto absurdo, despertándome como en Groundhog Day, todos los días repitiendo la misma historia, reconstruyendo en la mañana lo que dejé hecho en la víspera; todos los días amanece 2 de febrero

Si bien no hice viajes, participé en muchos concursos de Travel Triva y dí varias entrevistas sobre el tema.También le encontré espacio y disciplina para desarrollar este blog. Religiosamente, hice los crucigramas de El Tiempo cada día y tiempo he tenido para la lectura y el ejercicio.


En lo laboral, la gestión ha sido quijotesca. Me siento esperando a Godot, ante tanto absurdo, despertándome como en Groundhog Day, todos los días repitiendo la misma historia, reconstruyendo en la mañana lo que dejé hecho en la víspera; todos los días amanece 2 de febrero. Pero la salud sigue bien y la empresa funciona contra viento y marea.


Antes de que se decretara la cuarentena, decidí que valdría la pena hacer un ejercicio de convivencia en el hotel. Reuní al personal, les expliqué mis opiniones sobre lo que creía ibamos a enfrentar, escuché sus necesidades y miedos y sobre eso construimos un plan de acción. En buena medida, atiné. Castigué las proyecciones de flujo de caja pensando con el estómago y no con el corazón; los números se han dado. Para cuando la alcaldesa mandó a encerrarnos, ya habíamos comenzado ese experimiento. Le abrí las puertas a aquellos funcionarios que estuvieran dispuestos a quedarse bajo un mismo techo, con sus familias si así querían. Total, lo que tengo para ofrecer es techo y restaurante; si llovieron limones, limonada hice. Conseguimos provisiones para largo rato y aprendimos a convivir. Organizamos un plan de turnos, donde por departamentos, cada persona trabajaba 5 días alojándose en el hotel, y luego descansaba 10 en su hogar. Mitigamos así el riesgo y nadie se quedó sin quincena. Muchas mas trabajaron remotamente pues su presencia no era vital para el desarrollo de funciones hoteleras. Posiblemente, fuimos el primer hotel en lograr la aprobación de protocolos de bioseguridad y nunca dejamos de funcionar. Mientras la mayoría de hoteles cerraron, nosotros mantuvimos niveles de ocupación del 40% durante los primeros seis meses. Me negué a cerrar y dejar un edificio abandonado y descuidado; no quise dejar a la deriva al equipo de trabajo ni tener que improvisarlo después de muchos meses. Me preocupaba mucho caer en el aburrimiento y perder la salud mental. La perseverancia ha sido un valor importante. Le debo mucho a mi terquedad de superar retos -aún, a costa de los mismos réditos-, pero como en otros capítulos de mi vida, me queda claro las decisiones pasadas no tienen que ser compromisos eternos. Más importante me es seguir genuino a lo que constituye mi esencia. Y como con el milagro de januka, lo que pensé que alcanzaría para un mes, ha alcanzado para ocho sin ulcerarme. Las angustías prácticamente no existieron y he podido dormir bien, que en mi caso, eso de por sí es una norme victoria.


Momentos de tensión sobraron. Algunos pensaron tener covid pero nadie pasó sufrir de gripas comunes. Ridículas fueron las situaciones con bancos, clientes y provedores. Denuncias inverosímiles por hechos irreales me mantuvieron bien alerta durante semanas. En épocas de Fake News, la facilidad de acusar se vuelve exponencial. Los medios y la justicia se van convirtiendo en trapos sucios de fácil abuso.


Lo que inicialmente presagiaban los expertos no se ha dado. Por complicada que sea la situación clínica, los números siguen muy lejanos de la debacle mundial que se vaticinaba, donde inicialmente nos hacían preveer cientos de millones cayendo como moscas. Pensé que llegarían las asonadas, la escacez, el hambre, pero a hoy lo que tenemos es una crítica situación económica con zozobra política, complicada pero lejos de ser apocalíptica. El futuro sigue incierto pero peores épocas ha vivido la humanidad. Los abanderados de las pseudo-ciencias nos han demostrado lo ridículos que pueden ser, pero los científicos también pelaron su cobre. Y qué decir de los economistas, cobardes a la hora cantar la quiebra en sus magnitudes reales. Las sociedades y economías están lejos de tocar fondo. Habrá vacuna antes que recuperación.


De bueno también me queda la convicción en los valores y sueños que tenía antes. Ahora creo en ellos con más ahinco. La familia, los amigos de siempre y los nuevos que llegaron a través de este mundo virtual brillan hermosamente. La importancia de nuestras comunidades proactivas, dinámicas, generosas y fuertes son motivo de orgullo. Inmensa es mi gratitud con la vida, con mi familia, amigos, comunidad y equipo de trabajo.


Donde sí fallé categóricamente, fue en creer que esta pandemia pincharía las colas de muchos, para mejor. Ahí yace mi gran desencanto con el experimento: el facilismo, la flojera, la pendejada, el cortoplacismo, las instituciones desconectadas de toda realidad, la improvisación con repetidas contradicciones, no solo los veo campantes sino exponenciados. Varios amigos opinan igual. Mal síntoma para salir como sociedad de este enredo. A todas estas, Latinoamérica ha demostrado ser eminentemente mediocre; se salva Uruguay. Y en el mundo gana terreno el extremismo, el nacionalismo y todo ese posmodernismo suicida que sí me quita el sueño.


Me muero de ganas de saber qué leeremos dentro de cinco o diez años sobre lo que fue para todos este gran chasco histórico. ¿Quiénes habrán sido esos políticos que acertaron en dictar normas de confinamiento y reapertura exitosas? ¿Qué será el futuro de las mascarillas, los distanciamientos, las fiestas, los abrazos, los viajes y las visas? ¿Volverán a cuarentenarnos ante el proximo virus? ¿Y de ser así, las masas lo aceptarán? Cómo me gustaría poder hacer un alto en el camino, escaparme a alguna isla lejana o a un pueblito en Portugal o Italia, dejar las fichas quietas en el tablero mientras me dedico a temas menos osados o a viajar mucho, y esperar a que el mundo también vuelva a organizarse. Para lograrlo, tareas tengo por delante. Como en The Scarlet Pimpernel, I have promises to keep and miles to go before I sleep. Y a lo que con el mundo se refiere, me tocará hacer eso que poco hago, rezar, para que no se salga de casillas.


En Groundhog Day, eventualmente se llega felizmente al 3 de febrero.

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