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TERROR EN ISRAEL: LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER




Por Omar Bula

Bajo el velo de la oscuridad de la noche, un contingente compuesto por cientos de terroristas se infiltra sigilosamente en territorio adversario, sembrando el terror con un nivel de barbarie espeluznante.


Si esta trágica realidad fuese representada en la pantalla como una película de horror, sería un rotundo fracaso en taquilla. Ninguna audiencia estaría dispuesta a pagar por presenciar tanta sangre, crueldad y brutalidad desenfrenada.

Durante toda mi vida, los enfrentamientos entre israelíes y palestinos han ocupado las portadas de las noticias. Inmersos en una larga y amarga disputa que se ha extendido a lo largo de décadas, estos dos pueblos están atrapados en un ciclo interminable de violencia que estalla esporádicamente, desencadenando episodios lamentables de muerte y devastación.


El núcleo del conflicto entre Israel y el pueblo palestino radica en la disputa continua por la tierra y la autodeterminación nacional. Tanto israelíes como palestinos tienen reivindicaciones históricas y emocionales sobre el mismo territorio.


La creación del Estado de Israel en 1948 y las guerras árabe-israelíes posteriores no hicieron sino aumentar las tensiones y perpetuar un conflicto caracterizado por el odio profundo entre ambas facciones.


Sin embargo, si bien la animosidad entre bandos es común en conflictos duraderos, esta confrontación en particular se encuentra marcada por una perturbadora amenaza: la de la aniquilación total de Israel por parte de sus enemigos más acérrimos.

Encabezando la lista se encuentra la República Islámica de Irán, la cual, a pesar de haber negado su participación en el reciente ataque, respalda firmemente el terrorismo anti-israelí y ha contribuido al fortalecimiento de grupos terroristas como Hamas, así como de su brazo armado en el Líbano, Hezbolá.


En resumen, mientras el pueblo palestino busca su reconocimiento, la nación judía no lucha por nada menos que su propia supervivencia.


Recuerdo que hace algunos años, tras uno de los innumerables choques entre israelíes y palestinos, participé como invitado en un reconocido canal de televisión. Una de las preguntas que surgió se refería a mi opinión sobre el sufrimiento del pueblo palestino.


Tras una breve pausa para reflexionar, mi respuesta fue concisa: "Son dos los pueblos que han experimentado un gran sufrimiento, tanto el pueblo judío como el palestino."


Desestimar el sufrimiento del pueblo judío después del infausto episodio del Holocausto sería completamente irracional. Además, bajo la ominosa amenaza de ser "borrados" del mapa terrestre por sus enemigos, los ciudadanos de Israel han enfrentado una constante exposición a ataques terroristas y lanzamientos de cohetes desde la Franja de Gaza.


Por otro lado, el sufrimiento de los palestinos tampoco se puede negar. En su resistencia contra lo que consideran una ocupación de sus tierras - y con la expansión de asentamientos por parte de Israel, numerosos palestinos han experimentado la dolorosa pérdida de vida de amigos y familiares, así como la destrucción de sus viviendas, lo cual ha forzado a gran parte de su población a buscar refugio en otras naciones.


No obstante, aunque es necesario tomar en consideración el complejo contexto histórico y geopolítico, en este caso ya no se trata de tomar partido. Se trata de magnanimidad, humanidad y de los principios morales más elementales.


La crueldad exhibida por el grupo terrorista palestino Hamas sobrepasa cualquier límite de lo que una persona razonable debería tolerar. La salvaje violación de decenas de mujeres, la despiadada decapitación de niños pequeños y la quema de familias enteras no deberían recibir ningún tipo de indulgencia.


La realidad, sin embargo, es muy diferente. Los principales medios de comunicación, en su mayoría influenciados por la maquinaria globalista de tendencia izquierdista, han contribuido a envenenar aún más el ambiente, tomando partido por la causa palestina y, en algunos casos, llegando a justificar los actos barbáricos de Hamas sin escrúpulo alguno.

Lo que presenciamos, una vez más, es la lamentable incapacidad, tanto de muchos mandatarios como del ciudadano de a pie, para elevarse por encima del sectarismo y adoptar una postura magnánima basada en principios universales de justicia y humanidad.


Parafraseando al reconocido escritor franco-checo Milan Kundera, parecen ser la mezquindad y la insoportable levedad del ser las que prevalecen.


Gracias por tu tiempo y atención


Omar

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