Una familia ejemplar que nunca se rindió. Tribulaciones de 4 (o 5) procesos de conversión

El tema de hoy me llega a lo más profundo del alma y ejemplifica las razones por las que, junto con mi amigo David Behar, hemos dedicado sudor y lágrimas durante años para lograr una solución al meollo de los así llamados "emergentes".





Me parece regio que la conversión al judaísmo no sea un simple y rápido acto de sumisión a una tradición o la recitación breve de palabras mágicas. El judaísmo, como lo entendemos, es una religión, pero también son tradiciones e idiocincracias, es asumir el peso de la historia y la concepción de un futuro común como pueblo. Pero los procesos de conversión han cambiado mucho a lo largo de los milenios, por más que nuestros rabinos traten de convencernos que la halajá es y ha sido una y única desde el principio. Incluso, si aceptamos que esas normativas se van adaptando a las circunstancias, hace mucho tiempo que dejamos de contemplar normativas para conversiones grupales, de familias o comunidades enteras, como en su momento lo hicieron, entre otros, los macabeos.


El mundo de hoy nos ha sorprendido con los casos de falashas, subotniks, tribus perdidas, y para el caso colombiano, el de lo que acá hemos denominado (capaz equivocadamente) "Comunidades Emergentes". Sus circunstancias son sofisticadas y complejas y no hay reglas claras para tratarlos adecuadamente, ni en el rabinato ni en Israel. En juego está la identidad, honra y vínculos familiares de miles de personas hoy en día. Es por eso, por en convencimiento de la grandeza de mitzvot como las de Amar al Proselito y Amar al Prójimo como a Ti Mismo, y el entendimiento de nuestra historia que narra historias del Exodo de Egipto, de Rut y Adiabene que consdiero correcto y halájico trabajar por esta causa.


El relato que sigue es una historia conmovedora que debe invitarnos a buscar soluciones adecuadas, honorables y claras para tantas personas que se encuentran en un limbo legal, religioso y comunitario. Ante nosotros tenemos un reto histórico de saber afrontar adecuadamente el clamor de tantos que quieren integrarse, o reintegrarse, al pueblo judío.



Por David Behar. Junio 27 de 2020

A continuación, voy a iniciar el relato de los Maldonado-Barrera, una familia ejemplar que recorrió un muy largo camino para llegar a donde su corazón los guiaba. Fue un camino tortuoso, lleno de baches, de dudas. Por eso mismo, la satisfacción por cada conquista que hacían en su proceso de adoptar nuestra religión judía era celebrada con un inmenso gozo, pero por igual sus decepciones causaban gran desasosiego.

A través de los últimos años, tanto a mi amigo Jack Goldstein como a mi persona, nos han hecho diversas preguntas sobre los que desean ser partícipes de nuestra religión. Por ello, los invito a leer detenidamente esta historia (en palabras de su protagonista, en negrillas e italizado), que estoy seguro hará claridad a muchos de sus interrogantes. Algunos nombres serán omitidos en este relato.


“Sobre los justos y los piadosos, sobre el remanente de Tu pueblo Israel, sobre sus ancianos y sobre el remanente de sus sabios, sobre los conversos sinceros y sobre nosotros, que por favor se conmueva Tu misericordia, oh Eterno, Dios nuestro. Y otorga una recompensa buena a todos los que confían verdaderamente en Tu Nombre”

“Mi esposa, Obeida Barrera Salgado (Rivka) y yo, Jaime Maldonado Acosta (Jaim), procedemos de familias por tradición católicas cristianas no practicantes, salvo lo concerniente al aspecto cultural y de familia. Desde el principio de nuestra relación, concordamos en la creencia de un solo Dios verdadero, el Dios de Israel. Nuestra religión nunca tuvo una influencia relevante para los dos. Por ello, en 1991, contrajimos solo el matrimonio civil.

Como en Cartagena no había una comunidad judía, y por desconocer cómo acercarnos a alguna comunidad constituida, decidimos investigar las raíces hebreas en la fe cristiana evangélica que era la que estaba a nuestro alcance. En ese momento de nuestra vida, deseábamos encontrar la verdad sobre nuestra existencia y propósitos, teníamos profundas inquietudes filosóficas y espirituales.

A partir de ese momento, de una manera autodidacta, procedimos al estudio de los cinco libros de Moisés y los profetas, descubrimos cuales eran los mandamientos, las fiestas, los alimentos aptos y que esa historia que leíamos era la historia de un “pueblo” y no de una “iglesia”. Esto nos trajo iluminación y un indescriptible deseo de pertenecer al mismo. Esto causó que en varias ocasiones fuésemos expulsados de diferentes congregaciones.

En esa búsqueda, nos compenetramos de tal forma con los principios de la Torah y con Eretz Israel, que ya no solo nos conformábamos con aprender sobre la religión, sino que hicimos extensiva nuestra curiosidad hacia la cultura e historia de este pueblo milenario.

En el año 1999, ocho años después de nuestra incansable búsqueda, cuando ya teníamos a nuestros hijos Jaimito (Mordejai) y Lina (Rajel), y Obeidita (Shoshana) estaba a punto de nacer, tomamos la firme decisión de que queríamos ser parte de Am Israel, nosotros y nuestra descendencia para siempre. Por nuestra cuenta, y gracias a la expansión del internet, pudimos contactar páginas que nos ilustrarían. Adquirimos sidurim Birkat Shlomo, un Kitzur del Shuljan Aruj, los Pirke Avot, información que empezó a forjar nuestra identidad y conocimiento.

Como nos sentíamos solos, logramos contactar a otras parejas con los mismos intereses y constituimos una pequeña kehila. Ya a esa altura sabíamos claramente que debíamos acceder a una conversión halájicamente correcta para poder ser parte del pueblo.

En el año 2.000, seis familias nos integramos y con enorme esfuerzo personal, edificamos, ladrillo a ladrillo, una pequeña sinagoga. No pueden imaginar el grado de felicidad que nos trajo su inauguración. Realmente nos sentíamos cerca de Hashem.

Es en esta misma época y en esta sinagoga donde por primera vez una comunidad de conversos y varias familias de judíos de herencia materna nos juntamos para suplir la carencia de un templo donde rezar. Este contacto sirvió para enriquecer los conocimientos de los nuevos judíos y de donde surgió nuestra imperiosa necesidad de guiar a esta comunidad hacia un guiur (adoptar el judaísmo como forma de vida) que cumpliera con sus expectativas. De ahí que, debido a mi ignorancia en el tema, parto a Israel para contactar a Shavei Israel (www.shavei.org) , organización encargada de acercar a los descendientes de judíos, al estado de Israel). Desde este punto, con ellos cambiarían las cosas.

“En el año 2004, debido a nuestra ignorancia e inocencia, hicimos nuestro primer giur fallido. Poco tiempo transcurrió entre nuestra alegría y la decepción de saber que habíamos sido engañados.  Así, sin saber qué puertas tocar, seguimos intentando conseguir una conversión válida.

En el año 2011 procedemos a formalizar nuestro segundo giur con un gran esfuerzo económico y la segunda celebración de nuestro matrimonio religioso con un rabino reconocido, pero que no aportó suficiente información en el sentido de nuestras posibilidades de pertenecer a comunidades tradicionales y de poder soñar con hacer aliyot a Israel. (Era nuestra segunda gran decepción)”.

“En agosto de 2016 logramos una nueva conversión apadrinada por Shavei Israel y con un Beit Din reconocido. Era nuestra tercera conversión y tercer matrimonio. Inmediatamente, iniciamos la gestión para las aliyot pero, después de un año, no tuvimos una respuesta concreta a nuestras solicitudes. Aquí ya definitivamente comprendimos que después de 18 infructuosos años de lucha para llegar a Eretz Israel como grupo familiar, deberíamos enfocarnos a partir de ese momento a trabajar individualmente con cada miembro de nuestra familia.

Con la ayuda del Rabino Marcelo Yeoshuah, surge la posibilidad de enviar a la menor de nuestras hijas a la Midreshet Lindenbaum. Es así como empezaron a materializarse nuestros sueños, enviando a Shoshana a Jerusalén en agosto de 2017 (Elul de 5777), mientras Rajel culminaba sus estudios de Ingeniería Química. Para completar el pago de las mensualidades, esperamos contar con una beca de MASA (Entidad que se encarga de ayudas de diverso tipo a estudiantes de edades intermedias) que no se materializó, por lo cual Shoshana solo pudo cumplir con un semestre en la Midrasha y no el año completo como era su deseo y vuelve a Cartagena.

En agosto de 2019 (Av de 5779), Rajel y Shoshana parten a iniciar estudios en la Midrasha Majón Orá en Jerusalén, en donde estarán hasta el mes de enero de 2021. Como la intención de ellas es lograr la permanencia definitiva en Israel obtienen su primera entrevista con la Rabanut (esta duró casi dos horas, debido a que los rabinos estaban realmente intrigados por todo lo que había pasado con nuestra familia).

Con parte del objetivo ya encaminado con nuestras hijas y con la esperanza de que en un futuro próximo podamos emigrar los demás miembros de la familia, quedaba sobre el tintero nuestra soledad comunitaria y al saber que en Cartagena acababan de abrir una Casa Lubavitch. Solicitamos nuestra entrada, recibiendo como respuesta (la cual comprendimos), que solo con conversiones amparadas y certificadas por ellos o la Rabanut podríamos ser aceptados.

Con enorme esfuerzo y con guía rabínica junto con mi esposa y mi hijo Mordejai, volamos a Estados Unidos con la reserva de nuestro patrimonio. Logramos hacer nuestra cuarta conversión y nuestro cuarto matrimonio religioso.

Llegar y pertenecer a la comunidad Lubavitch nos parecía surrealista y poder celebrar las fiestas tal y como soñamos toda la vida era difícil de explicar. Quienes nos conocían y fueron testigos de nuestro caminar, lloraron de alegría junto con nosotros. Pocas situaciones en mi vida me emocionaron tanto como poder finalmente completar un minyán en una comunidad a la que podíamos llamar nuestra.

Por último, actualmente seguimos luchando para enviar a nuestro hijo a Israel a una yeshivah. Instalados nuestros tres hijos en Israel, empezaremos las gestiones para nosotros los padres (Es muy posible que en Israel debamos validar nuestra conversión y matrimonio, ante la Rabanut, por quinta vez)”.

Estas historias de vida son repetitivas en nuestro país. No hay soluciones sencillas para los que desean pertenecer a nuestro pueblo y cuando pertenecen les hacemos sentir que siempre habrá que escalar un peldaño más para llegar a una “Perfección Halájica”; ni hablar de llegar a cumplir con los deseos de vivir en nuestro estado.

No es mi intención entrar a criticar el modus operandi del tratamiento dado a quienes quieren acceder a nuestra identidad, pero después de leer este artículo no les queda la sensación de que podemos mostrar un mayor interés en aplanar el camino que tantos desean recorrer?


Recordemos en la Amidá: "Sobre los justos y los piadosos, sobre el remanente de Tu pueblo Israel, sobre sus ancianos y sobre el remanente de sus sabios. Sobre los conversos sinceros y sobre nosotros, que por favor se conmueva Tu misericordia, oh Eterno, Dios nuestro. Y otorga una recompensa buena a todos los que confían verdaderamente en Tu Nombre".

Para mí ha sido una vivencia muy emotiva el compartir con los Maldonado-Barrera. Es tanta la satisfacción que veo en sus rostros y tan bella su filosofía de vida alrededor de todo lo que tiene que ver con nuestra religión y, sorprendentemente, sin el más mínimo atisbo de resentimiento, que por ello sigo día a día sus enseñanzas. Puedo asegurarles que he aprendido mucho más de ellos que ellos de mí.





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