"Genocidio"


Por David Alejandro Rosenthal

Raphael Lemkin, jurista polaco de origen judío, fue el primero en adoptar la palabra “genocidio”, termino que hará erizar la piel, sobre todo a quienes conocen de un hecho de tal magnitud. Por ejemplo, el genocidio armenio. Este genocidio fue una persecución cruenta, con el fin de destruir un pueblo, con el fin de exterminarlo de la faz de la tierra. El Imperio turco otomano arremetió con toda su ira contra una minoría, la armenia. Lemkin, llevaría el concepto de genocidio hasta su reconocimiento como crimen de lesa humanidad, reconociendo este delito dentro del derecho internacional, de lejos, el mayor delito que se pudiera perpetuar sobre una nación.


El término genocidio, está conformado por el sustantivo del griego genos, que hace referencia a pueblo y a raza y el sufijo del latín cide, que hace referencia a matar. Sin embargo, el primer plan de Lemkin era acuñar los términos de crimen de barbarie y crimen de vandalismo. Más, una sociedad hipócrita e inhumanizada rechazó esta propuesta. Al parecer, la matanza de un millón y medio de inocentes, de civiles armenios, no era un hecho de interés para el derecho y la Comunidad Internacional, quizás debido al poderío del imperio Otomano y de su aliada Alemania, que está comprobado entrenó y suministró las armas a los turcos, para que pudiesen llevar a cabo su perverso plan.


El holocausto armenio o Gran Crimen, es a día de hoy negado por sus perpetradores, y fue el antecesor del holocausto judío o “Shoah”, que multiplicaría las cifras del primero, y en el cual, él mismo Lemkin perdería a casi 50 de sus familiares judios polacos, entre estos, sus padres. Y, todo por la impunidad del crimen que el holocausto armenio dejó, al ser olvidado y casi que perdonado por la Comunidad Internacional. Lemkin, decidió embarcarse en la travesía de llegar con el término genocidio hasta las cortes internacionales, a raíz de un suceso a sus 20 años. Un joven armenio, llamado Soghomon Tehlirian —había perdido 85 parientes— asesinó en Berlín a Talat Bajà, ex gran Visir y responsable de la masacre de su aldea y sentenciado como principal responsable del genocidio armenio.


Raphael Lemkin sobrevivió al exterminio nazi, pues emigró apenas después que las leyes antisemitas comenzaran a promulgarse. En 1939 arribó a America. Allí público su primer libro. Este, definía el concepto de genocidio así: “Es la puesta en práctica de acciones coordinadas que tienden a la destrucción de los elementos decisivos de la vida de los grupos nacionales, con la finalidad de su aniquilamiento”. Claro está, el genocidio judío estaba apenas comenzando. Era de suponer que Lemkin, no solo era un estudioso del derecho internacional y de lo referente al genocidio, ahora él mismo era una víctima que se salvo por poco de haber sido una cifra más dentro de un genocidio nunca antes visto. Genocidio que sobrepasaba por creces a lo sucedido hacia décadas en Turquía.


Los campos de concentración, la maquinaria moderna de exterminio masivo y todos los inimaginables horrores de semejantes persecuciones, hubieran podido evitarse. Al parecer, en Turquía fue legitimado el intento de exterminio de una población minoritaria. De la misma manera como los armenios fueron culpados de ser aliados de los rusos, —los enemigos mortales de los turcos— los judios fueron acusados por los nazis de ser los culpables de la derrota de la Primera Guerra Mundial, de ser los culpables de los tratados de Versalles y de ser los culpables del comunismo.

Ahora bien, ¿Cómo es posible que nadie hubiera juzgado formalmente una extinción de casi la totalidad de un pueblo? Y aún mucho peor, este hecho que se mantendría en la impunidad, daría paso a toda la maquinaria de exterminio nazi. El genocidio armenio que llamó tanto la atención a Lemkin —más no la atención de las demás naciones—, consistió en el primer asesinato sistemático moderno de una nación sobre otra. El fin de los turcos era el de eliminar la cultura armenia. Una cultura de las más antiguas de la historia, la Gran Armenia o el Imperio armenio dominó el Cáucaso, incluyendo parte de Turquía y a Siria. Sin embargo, con el paso del tiempo, se convirtió en una pequeña nación.


Entre 1915 y hasta 1923, la población armenia fue perseguida y masacrada por los Jóvenes Turcos, un partido nacionalista, que también se ensañaría ya en el poder con la minoría griega de Anatolia. Los lideres de este partido, pervertidos por la sed del poder, destituyeron al último sultán autocrático; Abdul Hamid II, hijo de madre armenia de hecho, aunque su islamismo radical y su rechazo a occidente hacían de él un líder anacrónico. Comenzó con la persecución a los armenios quienes, al ser cristianos —La iglesia nacional más antigua del mundo— y tener relación con el Imperio ruso, estaban bajo la mira turca.


Entre 1894 y 1897 hubo una masacre de armenios que se revelaron al sultán antes de que este fuera depuesto y desterrado en 1909. A causa de “la alianza germano-otomana”, Turquía fue hostigada a entrar en la primera Gran Guerra, como aliada del Imperio alemán. Tras la derrota del bloque alemán, el Imperio otomano sería desmembrado contrario a las promesas de los alemanes de recuperar las partes de Europa que otrora habían sido parte de su basto Imperio.


El genocidio armenio, no fue el único de la época, pero si el que más víctimas cobró. De aproximadamente 2 millones de armenios solo quedarían medio millón como sobrevivientes. Otros genocidios perpetuados por los Jóvenes Turcos fueron el genocidio griego y el genocidio asirio. La ONU y la comunidad internacional en general no reconocen estos actos de barbarie y de vandalismo como valientemente el profesor Lemkin propuso denominar. Es la “política genocida” la promotora de semejante atrocidad.


Desde 1915, los armenios empezaron a ser deportados. Debían caminar hasta Armenia. Las caminatas iban acompañadas de abusos seriales, privaciones de todo tipo, sin comida y sin bebida. Fueron robados, expropiados y finalmente exterminados hasta 1923. Turquía, en un acto de negación y de absurdo, niega que esto haya sido un genocidio y otorga la culpa a un conflicto interno interétnico. En la actualidad, menos de 30 estados reconocen el genocidio armenio, nadie habla del asirio ni del griego y, finalmente, los turcos aborrecen el tema y pareciera que cada vez estarán más lejos de reconocer su responsabilidad en los terribles sucesos.


Los armenios fueron culpados públicamente por la derrota turca en la guerra del Oriente o guerra ruso-turca, con duración de sólo un año, entre 1877 y 1878. También causaban celos a los musulmanes que habían sido expulsados de Rusia, denominados “Muhacires”. Los armenios habían logrado ser bastante prósperos. Existía asimismo una elite armenia en Istanbul. En 1909 aconteció la mas