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Búsqueda de personas dadas por desaparecidas en razón y  en contexto del conflicto social y armado en Colombia (Parte 1)

”Sin pretender desconocer las demás acciones restaurativas,

  considero que la búsqueda de personas  

y la entrega digna a sus familiares es lo máximo

 


Por Martín Cruz

El Acuerdo Final de Paz firmado el 24 de noviembre del año 2016 entre el Estado colombiano y la extinta insurgencia armada de las FARC-EP, en su punto 5, se lee   que identificó más de 7 de víctimas, y los desaparecidos en la confrontación armada, estaban entonces registrados en más de 111.000. Ahora se habla que el registro llegó a la enorme cifra de 136.014 personas dadas por desaparecidas a lo largo y ancho del país. Este registro luctuoso es una tragedia humana sin precedentes, ni sumando los desaparecidos de las dictaduras en Latinoamérica en el pasado, alcanzan a la mitad de nuestros desastrosos resultados contra la vida humana. En estos datos sobre personas desaparecidas hay que tener en cuenta que, según informes de organizaciones de Derechos Humanos, hay muchísimas personas que nunca serán encontrados porque fueron arrojados a los ríos. Se habla otros que fueron desaparecidas por el efecto de ácidos o por el fuego. Esto suena  sensible y macabro, pero es parte de la verdad, y la verdad, aunque dolorosa, debe conocerse por dura que esta sea.  Es la memoria que no podemos olvidar y sobre todo la garantía de la  no repetición.

 

¿Ustedes se imaginan como se afecta una familia, además del desaparecido?  Es un sufrimiento infinito, un dolor que crece con el tiempo, una ausencia que lesiona el alma y la condición humana. Se desborda la esperanza, no es tan fácil olvidar cuando todos los días se espera su llegada. De ahí la importancia de la búsqueda de los desaparecidos, por eso todo esfuerzo por encontrarlos es válido, porque vamos a llevarle a estas familias una esperanza de un reencuentro, aunque doloroso, que puede sanar  y resarcir en buena parte el grave daño causado. Esta terrible agresión de la desaparición es irreparable. La guerra nos deshumaniza y la paz nos humaniza.


Las víctimas de la guerra están en el centro del Acuerdo Final de Paz. Además de la atención primaria para ellas, su reparación integral, el resarcimiento de los enormes daños causados por los múltiples actores del conflicto, la búsqueda de sus familiares, su entrega digna, y la no repetición, son preceptos obligatorios de quienes somos signatarios del Acuerdo Final de Paz como parte contratante. Pero también hay que decir, que es el Estado quien debe reparar integralmente las víctimas del conflicto, y está muy lejos de esta realidad, y al contrario existe hoy un número de víctimas superior en el más completo abandono por parte de la institucionalidad. Algo se ha resuelto, a 10 años del aniversario de esta cierta esperanza de paz.

 

La Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD), es la entidad responsable por mandato del Acuerdo Fina de Paz  de la búsqueda de estas personas, es el ente oficial que mediante protocolos muy bien definidos lidera, orienta, organiza, prospecta, localiza, exhuma, toma la muestra genética a sus familiares más cercanos, identifica y finalmente hace la entrega dignamente a los familiares, de  las personas recuperadas ya sea en cementerios o  en campo abierto.

 

Son aportantes de información para la búsqueda, en primer lugar. los excombatientes firmantes de paz, que se vinculan a la búsqueda. Es una obligación que cada firmante de paz esté en los Planes Regionales de Búsqueda con la UBPD y para los comparecientes estamos bajo el “Régimen de Condicionalidad, derivado del AFP” que es regulado por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Es decir, es una condición del compareciente buscar las personas desaparecidas, so pena, de estar violando este compromiso ante la JEP.  Las comunidades en las regiones igualmente: quien  tenga una información, puede aportarle a la UBPD, teniendo en cuenta que la información sobre la búsqueda es confidencial y extrajudicial, esto quiere decir que no constituye ningún valor jurídico ante ninguna persona, es un acto absolutamente humanitario. 

 

La búsqueda de personas desaparecidas es un enorme reto, difícil y complejo; las y los desaparecidos hasta de 10, 20, 30, 40, hasta más años. Hay enterramientos en la selva, la morfología del terreno cambia, es muy dinámica. Puede acontecer que cuando se inhumó la persona era montaña, y hoy son potreros, o viceversa, cultivos, deslizamientos de terreno, vías carreteables, otras estructuras. Han crecido las veredas, los municipios y las ciudades, las fuentes de aguas o ríos cambian de cauce, o cuando sabíamos que un punto de enterramiento había una casa cerca, y la casa hoy no existe, hay otra casa, más arriba o abajo, y estas realidades, nos exige cavar el terreno hasta encontrar el punto exacto. A veces encontramos el cuerpo en otras no, y esto después de 10 o 15 años, el terreno está distinto.   

 

Para ser buscador se requiere mucho compromiso, persistencia, paciencia y sensibilidad.  Estas circunstancias actuales del terreno dejan la fuente primaria (guía o conocedor), en la más absoluta incertidumbre, en no acordarse del sitio por razones naturales: es que el terreno actual no tiene las mismas características que el buscador conoció. Hay ocasiones, según versiones de expertos buscadores, que hay personas que hacen excavaciones y encuentran un cuerpo esqueletizado o varios, y los cambian de lugar. Esto puede configurar un delito. Además, impide que la Unidad de Búsqueda los pueda recuperar y, lo más grave, queda la persona doblemente desaparecida.

 

Buscar una persona, encontrarla, identificarla y entregarla a su familia, restaurativamente es un punto muy alto. Llevarle un sueño del reencuentro con su familia y darle cristiana sepultura, terminar su duelo, es un estado de innegable sensibilidad, aun sabiendo que no volverá la vida, sí sana y repara la paz interior. Cuando no se puede encontrar a la persona que buscamos, es un golpe enorme para los buscadores y más para las familias que esperan su ser querido, muchas veces hay que hacer reconocimientos al terreno, de hundimiento, tierra, removida, bordes del terreno simétricos, la tierra, con estas novedades, debe verificarse por sospecha y por descarte, o porque un aportante suministró la información y de la existencia de un enterramiento, fue declarado un Posible Sitio de Interés Forense-(SIF).  

 

Esta actividad humanitaria para los y las firmantes de paz crea una sensación de tranquilidad, alegría, y satisfacción poder ayudar a las víctimas que han esperado por muchos años a sus familiares desaparecidos, sin poder terminar el duelo que les ha consumido en el dolor por el regreso al paso de los años de sus familiares, lo hacemos por humanismo y para resarcir un poco su dolor y también porque fue uno de los compromisos firmados en el Acuerdo Final de Paz.

 

En muchas regiones. las comunidades son un gran soporte de ayuda y de solidaridad con los buscadores  de personas dadas por desaparecidas. De un lado conocen perfectamente sus territorios, conocieron por contexto cómo era el movimiento de los grupos armados en sus regiones, conocen sus fincas, linderos,  y cualquier hueco no natural o tierra removida, puede llamar la  atención  de los buscadores. (sigue).

 

Martín Cruz Vega

Firmante de Paz

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Radanita (en hebreo, Radhani, רדהני) es el nombre dado a los viajeros y mercaderes judíos que dominaron el comercio entre cristianos y musulmanes entre los siglos VII al XI. La red comercial cubría la mayor parte de Europa, África del Norte, Cercano Oriente, Asia Central, parte de la India y de China. Trascendiendo en el tiempo y el espacio, los radanitas sirvieron de puente cultural entre mundos en conflicto donde pudieron moverse con facilidad, pero fueron criticados por muchos.

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