¿De Rusia con amor?




Por David Alejandro Rosenthal

De Rusia con amor, es la segunda entrega de James Bond, “007” basada en la novela homónima de Ian Fleming que se convirtió en un éxito taquillero de los 60´s, es una muestra idónea de lo que significa el mundo del espionaje. De hecho, Fleming, además de ser escritor y periodista, fue un consagrado oficial del Servicio de Inteligencia Secreto o MI6. Asimismo, Fleming hizo parte de la División de Inteligencia Naval en plena Segunda Guerra Mundial. También, supervisó unidades de inteligencia como: la 30 Assault Unit5​ y la T-Force e integró el equipo que planificó la operación Goldeneye (nombre de una posterior película y de “The Fleming Villa” en Jamaica donde escribió toda la saga “007”) en Gibraltar – bastión del poder británico en el mar – con el objeto de realizar unos mapas para invadir España si se unía a los nazis.


El presidente Duque, en un acto de valentía expulso a dos espías, aunque al parecer habrían más de 20. Y, es claro que no solo de Rusia. Seguro que hasta una decena de países tienen espías en Bogotá y no es algo reciente, además

La saga Bond, tiene de manera frecuente figuras o menciones a Rusia, como aquel villano que tiene planes de apoderarse o incluso de destruir el mundo. Y, está lógica no tiene un vacío existencial, pues su lanzamiento tiene lugar en el marco de la Guerra Fría. Además, el auge del espionaje, contraespionaje o contrainteligencia se acrecienta acabada la Segunda Gran Guerra y presupone el nacimiento de la especialización de tecnologías, modalidades y procedimientos de Inteligencia.


En 1933, Ian Fleming, desempeñándose como periodista para la renombrada agencia de noticias británica, “Reuters” fue a Moscú, para cubrir un juicio fraudulento – farsa judicial – a seis ingenieros de la compañía británica Metropolitan-Vickers. Incluso, aprovechó su estancia para intentar de forma fallida entrevistar al propio Iosif Stalin quien a pesar de haber sido junto con Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt un aliado clave para derrotar a la maquinaria nazi del Tercer Reich de Adolf Hitler, no era un aliado real para Occidente.


Los intereses de la Gran Rusia, en aquel entonces URSS, eran muy diferentes a los de Inglaterra, Francia, Estados Unidos, incluso los de la misma Alemania vencida. Un sistema socialista, inspirado en un misterioso personaje y un libro tan insignificante como “El capital”, que logró tener un impacto; casi que como el de la Biblia en su momento, no parecía una propuesta que se acomodara a las expectativas liberales y librepensantes que se originaron con la Revolución francesa.


El Ejército rojo o soviético, es el que captura a Berlín y da un fin a una guerra que en algún momento pareció estar del bando de la Alianza del Eje – eje Berlín-Roma-Tokio – pero que la historia se encargó de cambiar. Sin embargo, la Unión Soviética, con un terreno enorme y un poderío militar solo equiparable con el de Estados Unidos, se convirtió en el rival e incluso enemigo natural de esta superpotencia. Los grandes ganadores de la Segunda Gran Guerra; sin lugar a dudas, eran estos Estado-nación y si bien no hubo una nueva guerra, si tensiones de gran nivel, donde el espionaje y la Inteligencia militar tomaron un papel protagónico.


El comandante Bond, es el icónico espía, pero hay muchos no tan conocidos y con historias que pueden superar la ficción. El caso del israelí Eli Cohen, quien logró formar parte de la elite y de la cúpula política-militar de Siria para pasar información a Israel, que luego seria clave en la Guerra de los Seis Días, es un caso real de un espía excepcional, que, por cierto, es doblegado por la cooperación de la Inteligencia rusa en Siria.


Si bien, han existido toda clase de espías y de distintos bandos, Sidney Reilly, en realidad: Sigmund Georgievich Rosenblum, conocido como “As of Spies”, judío y ruso, luego britanizado, es quien inspiró a Ian Fleming para su personaje de James Bond. Rosenblum, inspiro la creencia popular, bien vista en Bond del “espía mujeriego”, además, espió a cuatro naciones diferentes. Se le conoció también, como el “caballero espía” y fue ejecutado en su natal Rusia, luego de haber intentado derrocar en 1925 al prematuro régimen bolchevique soviético en cabeza de Vladimir Ilyich Lenin.


Otro espía, que inspiro al ficticio Bond, fue el serbio Dušan Popov, quien alertó al FBI del ataque japones sobre la base hawaiana de Pearl Harbor, pero que John Edgar Hoover omitió. El mítico fundador del FBI – cargo que ocupó hasta la muerte – era un experto en espionaje, pero en un espionaje organizado, moderno e incluso más efectivo y menos arriesgado que el espionaje convencional. Utilizó informantes, creó archivos de huellas digitales, laboratorios forenses, así logró fusionar el detectivismo con el espionaje. Incluso los políticos y hasta los presidentes le tenían recelo, y sin duda la mafia. El caso de Howard Hugues, genio de la ingeniería aérea, productor de cine y magnate, es particular, pues había consolidado una red de agentes privador que lo mantenían informado de los pasos de sus allegados, empresarios y políticos.


De la misma manera, Juan Pujol, “Garbo”, conocido en Alemania como Alaric Arabel, fue un espía catalán que se desempeñó como agente doble entre Inglaterra y Alemania, clave para la Operación Overlord o Desembarco de Normandía – Día D – que sería el comienzo del fin del régimen nazi y su plan de conquista mundial.


A diferencia de los otros espías, que trabajaban para los británicos, en detrimento de las naciones, de una u otra forma burladas y puestas en evidencia, George Blake, trabajó para los ingleses, hasta que cambió de bando y traiciono a su país. Tanto así que, huyo a Moscú, donde acaba de morir y es para los rusos un héroe; de hecho, honrado con la Orden de la Amistad por Vladimir Putin.


Así que, el tema del espionaje, ha tenido un lugar en la historia, pero, ahora toma otros tonos y el campo de las realidades virtuales, así como, la ciberseguridad y todo lo que con esto respecta, conforman las nuevas lógicas del espionaje y Rusia tiene un largo historial en este campo, al