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Un asunto de Clase

Por Marlene Manevich

En Israel como en todas partes del mundo hay ricos y pobres. Pero no hay tanta pobreza como en otras lugares. No se ve mucha gente pidiendo limosna; hay pero muy pocos. En mi país de origen se ven demasiados mendigos.


En el kenyon (centro comercial) siempre veo una señora muy mayor que recicla las botellas y siempre espera a que los comensales terminen de tomar sus bebidas para recogerlas y cambiarlas por unas pocas monedas. La he visto esculcando en la basura en su búsqueda. La escena es conmovedora y despierta compasión. Este es un mal universal que ningún gobernante, por muchas promesas que haga, ha podido solucionar.


En Israel hay gente muy rica. Así mismo hay una gran clase media que abarca la mayoría de la población. Es una clase media con buen poder adquisitivo. Los restaurantes y centros comerciales se mantienen llenos y el aeropuerto también. Lo curioso es que el gerente del banco puede vivir en el mismo edificio que el panadero, el electricista, el pintor de brocha gorda o el vendedor que trabaja en un almacén y así por el estilo. Es un país de contrastes.


Antier (shilshom) me recomendaron un técnico para hacerle mantenimiento a algunos electrodomésticos. La verdad me recomendaron dos. Al primero le mandé un WhatsApp y no me contestó, así que procedí a escribirle al segundo en la lista. Me mandó un formulario, que me hizo pensar en una gran empresa (jevrá) y creí que me iba a dar turno por ahí en un mes, por el protocolo, pensé. En la tarde recibí una llamada y quedó de venir ayer. Me llamó y Reuven contestó y pidió la clave del hanayá o janión (parqueadero). Reuven le entendió que estaba en el Kenyon (centro comercial) y que no se demoraba. Yo no entendía muy bien para qué necesitaba la clave del parqueadero para entrar al edificio. Cuando mencionó la palabra shajen (vecino), nos dimos cuenta que vive en el edificio de al lado (al iad) y compartimos el mismo parqueadero que es común para varios edificios de la cuadra. Con la clave podía abrir la puerta de nuestro edificio.


Nosotros pertenecemos a esa gran clase media israelí, somos dos profesionales inmigrantes y el vecino es técnico eléctrico. En Colombia de donde yo vengo, eso no sucede. Los vecinos (shjenim) se clasifican por estratos y profesiones u oficios. Aquí el carnicero te asesora para alquiler de apartamento y el técnico vive al lado de tu casa. El otro día fui a comprar unos tenis y el vendedor del almacén vivía en el edificio de al lado de nuestro anterior apartamento. El técnico resultó ser un ruso que lleva 23 años en Israel y nos dijo que su hebreo no era muy bueno. Eso me dio un poco de tranquilidad por un lado y por otro lado pierdo la esperanza de tener un buen hebreo dentro de 20 años, aunque al paso que voy creo que superaré su meta. Revisó el lavaplatos eléctrico y parece que era un problema sencillo de resolver con cambio de marca de jabón y unas sales especiales que se le echan y yo jamás había oído eso en mis tantos años de haber sido un ama de casa y propietaria de lavaplatos eléctrico. Cuando me preguntó por la sal, yo le pase la sal de cocina, pero me dijo que era otra sal diferente. Limpió los filtros del aire acondicionado y revisó la lavadora y secadora. Me pidió autorización para tomarle una foto (tmuná) al filtro de la secadora. Yo en Colombia siempre lo limpiaba, pero tenía una secadora vintage del tiempo de upa y sabía cómo hacerlo. La de ahora es una moderna secadora (meiabeshet knisá) en torre y no sabía ni donde tenía el filtro. Tomó una foto para que quedara constancia, pero no creo que nadie me vaya a demandar por eso.


Entre ruso y hebreo pudimos llegar a un acuerdo sobre los electrodomésticos, tanto por el mantenimiento como por el pago. El hombre no habla bien hebreo y yo tampoco. Inglés no habla. El, siendo ruso domina su idioma natal y yo no. Español nanai cucas, así que tocó como se pudo, pero muy amable y efectivo mi vecino les hizo mantenimiento a mis electrodomésticos.


Para terminar esta crómica, quiero contarles acerca del emotivo acto que tuvimos anoche en la Olei. Empacamos mishloaj manot, los regalos que se hacen en Purim (la fiesta de la alegría) para donar a los soldados solitarios (jaialim bodekim). Son los jóvenes que prestan el servicios militar y están solos sin sus padres. Vienen de otros países a cumplir con esa importante misión. Ellos vinieron a recogerlos y fue un acto muy conmovedor que me sacó lágrimas de emoción.

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Radanita (en hebreo, Radhani, רדהני) es el nombre dado a los viajeros y mercaderes judíos que dominaron el comercio entre cristianos y musulmanes entre los siglos VII al XI. La red comercial cubría la mayor parte de Europa, África del Norte, Cercano Oriente, Asia Central, parte de la India y de China. Trascendiendo en el tiempo y el espacio, los radanitas sirvieron de puente cultural entre mundos en conflicto donde pudieron moverse con facilidad, pero fueron criticados por muchos.

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