Los Judíos Impuros. Cementerio "das Polacas"


Cemiterio Cubatao

Por Jose Luis Scarsi

Estados Unidos, Argentina y Brasil fueron los tres destinos deseados por todos los emigrantes de fines del siglo XIX y principios del XX. Y en los tres países se dio un mismo fenómeno, las incipientes instituciones judías se negaron a recibir y tener contacto con los rufianes, a quienes comenzaron a llamar "impuros". La exclusión que estos sufrieron, en contraparte a la necesidad de mantener su fe y tradiciones, dio origen a un fenómeno que no encontramos en ninguna ciudad europea, la aparición de sociedades de beneficencia, templos y cementerios administrados por esos "impuros" excluidos. Aun cuando el número de rufianes, ladrones y criminales era mayor en el centro europeo, allí quedaron integrados dentro de sus propias comunidades. Si bien los prostíbulos que explotaban en Sudamérica tenían la autorización municipal para su funcionamiento, el cuestionamiento de sus correligionarios se enfocaba en el carácter inmoral de la actividad.


Mientras que en Argentina las sociedades de los impuros eran manejadas por hombres, en Brasil sucedió que eran las mujeres las encargadas de dirigirlas. En Río de Janeiro, ya tenían su sinagoga comenzando el siglo XX. Una necesidad extra, por la que no debieron preocuparse los rufianes locales, franceses, españoles o italianos, fue la de contar con un lugar en donde ser sepultados al morir, ya que eran recibidos sin más en los propios cementerios cristianos. Pero con los judíos, que deseaban oficiar sus ceremonias y ritos funerarios, fue diferente.


Tanto en Argentina como en Brasil, las primeras necrópolis no cristianas fueron las inauguradas por personas vinculadas al tráfico sexual y varios años después, la comunidad judía organizada conseguiría los medios para hacer lo propio. Aquí podemos encontrar un cementerio de estas características en Granadero Baigorria, provincia de Santa Fe y otro Avellaneda, provincia de Buenos Aires.


Las incipientes instituciones judías se negaron a recibir y tener contacto con los rufianes, a quienes comenzaron a llamar "impuros". La exclusión que estos sufrieron, en contraparte a la necesidad de mantener su fe y tradiciones, dio origen a un fenómeno que no encontramos en ninguna ciudad europea, la aparición de sociedades de beneficencia, templos y cementerios administrados por esos "impuros" excluidos.

En Río de Janeiro aún se conserva y se puede visitar el cementerio de Inahuma (1916). Allí hay unas 800 sepulturas, la mayoría pertenecientes a mujeres "polacas" como se referían a las jóvenes prostituidas. Cerca de San Pablo y recuperado, está el más modesto cementerio de Cubatão (1929). De 62 sepulturas identificadas, 49 son de mujeres y 13 de hombres. Desde 2010 el lugar fue incluido en la lista de bienes del Consejo para la Defensa del Patrimonio Cultural de Cubatão.





Después de décadas de abandono, el cementerio fue completamente restaurado por la Asociación Israelí en acuerdo con el municipio y preservando la importancia histórica y cultural de las tumbas y sus inscripciones en hebreo. También "se realizaron obras civiles, instalación hidráulica y drenaje", explica la gerente de la Asociación Israelita de San Pablo, Simone Sinnatore.


La Municipalidad de Cubatão es responsable del mantenimiento y la preservación de la infraestructura del cementerio y sus accesos, además de la difusión de la importancia histórica y cultural del sitio, al que se realizan visitas de turistas y estudiantes interesados en descubrir las manifestaciones materiales de una historia centenaria. En los últimos tiempos, también se realizaron reuniones donde los rabinos han visitado el lugar, recitado el kadish y pedido por los difuntos.




Agradecimiento, Profesora Evania Martins Alves. Imágenes: Instituto São Paulo Antiga

Tmeiin: Los judíos impuros (ebook)

En Buenos Aires, a fines del siglo XIX, operaban distintos colectivos de rufianes y tratantes de blancas. No fueron los judíos los más poderosos o los mayores en número. Sin embargo, la formación de una poderosa sociedad llamada, en principio, Varsovia y luego Zwi Migdal, la osadía de poseer una sede social, un templo y un cementerio propio, los visibilizó en el creciente antisemitismo de la década del 30 y los proyectó hasta nuestros días como los más despreciables y temibles sujetos