Mundus Novus, Novum Mondum

Actualizado: 4 de dic de 2020



Por David Alejandro Rosenthal

El 12 de octubre de 1492, aconteció algo tan maravilloso, que nuestra historia no podrá nunca dejar pasar por alto. Dos mundos se reencontraron, dando nombre a todo un continente virgen, en el cual hacían vida antiguas civilizaciones, que seguramente habrían llegado desde Siberia por el estrecho de Bering. América en honor al cosmógrafo florentino: Amerigo Vespucci, quien escribió una carta a Lorenzo di Pierfrancesco de Medici “Il Popolano” en 1501 y que sería publicada en París en 1503, bajo el título de: Mundus Novus.


No soy el primer almirante en mi familia; después de todo, David, un rey muy sabio, pasó de ser pastor a rey en Jerusalén, y yo soy siervo del mismo Señor que elevó a David a ese estado”.

Américo Vespucio se atreve a decir incluso; que, cerca de estas nuevas tierras, estaba el Éden, aquel Paraíso Terrenal, cuna de la civilización, por lo menos en materia espiritual, hubiera podido tener lugar en América. Además, se habla en aquella carta de la población de este nuevo continente, que incluso para el redactor, superaría en densidad poblacional a Europa, Asia y África. Es claro, que el sensacionalismo y el embellecimiento, tuvieron lugar en esta edición final del Mundus Novus, originalmente escrito en Portugal y en lengua italiana.


Novum Mondum -Nuevo Mundo-, es a su vez, como se le denominaría al nuevo descubrimiento. Y, es claro que lo fue, pues semejante suceso es irrepetible y supone no solo el fin de la Edad Media, sino el nacimiento de América.


Cristoforo Colombo, aquel aventurero genovés, considerado un don nadie y un hombre carente de sensatez en su momento, que proponía una extraña teoría sobre que la tierra era redonda, como una pera con un pezón o como una pelota que tuviera pegada “una teta de mujer”; dijo: “que en cuya parte es más alta la tierra y más próxima al cielo”. Por esto no sería llevado a rendir cuentas en un Acto de Fe, como esos que la Inquisición promovía en contra de quienes tenían bajo sospecha. Muy seguramente los ancestros judíos de Colón, que hablaban ladino -judeoespañol- habrían ido de Sefarad -España- hacia Italia, casi un siglo antes que él descubriera América.


Colombo, significa paloma, y hasta la actualidad es un apellido popular dentro de los judíos italianos. Se estima que para 1400, aquel “Quattrocento” italiano, un grueso de los capitanes que controlaban el transporte marítimo, eran hebreos. A pesar que Colón, se llamaba Cristóbal - el que lleva a Cristo- y que bautizó como Santa María -nombre común entre los “nuevos cristianos”- a la original “gallega” que era la mayor de las tres embarcaciones con las cuales atracarían en Guanahani.


Los judíos habían sido expulsados de España por los Reyes Católicos, bajo el Edicto de Granada. La fecha límite para dejar España era el 31 de julio, sin ser casualidad que los descubridores, zarparan el 3 de agosto, considerando que el 2 -9 de Av-, según calendario hebreo era Tisha B’av, y por ser un importante día de duelo, dejaron para el día siguiente su misión.


Escribió Colón a su hijo Fernando, “No soy el primer almirante en mi familia; después de todo, David, un rey muy sabio, pasó de ser pastor a rey en Jerusalén, y yo soy siervo del mismo Señor que elevó a David a ese estado”.

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