El valor de una vida. ¿Soy un ente pasajero o una huella imborrable?



Por el rabino Isaac Sitt


Los números de fallecidos en guerras, a manos del crimen organizado o en desastres naturales, nos impactan y nos horrorizan, pero al mismo tiempo nos acostumbramos a escuchar acerca de vidas que se interrumpen al grado que no nos duele, pues se convierte en un evento más del día:nos sentimos mal unos segundos -a lo máximo- y pasamos la página.


tomemos nuestra vida en la mano y hagamos de ella una travesía que dejará huella y hará del mundo y de la gente que nos rodea un lugar mejor.

Normalizar la muerte es algo trágico porque convierte a las personas en reemplazables, seres cuyo lugar será ocupado por otros al faltar. En lugar de ver el fallecimiento de un individuo como una historia que se termina para siempre, un hueco que nunca podrá ser llenado y sueños que no serán alcanzados, el evento se vuelve cotidiano y poco a poco perdemos la sensibilidad de lo que representa un ser humano.

La pérdida del valor de cada individuo no es algo trivial, impacta en la concepción que tenemos de nosotros mismos; no solo degradamos el valor del otro, sino que nuestra propia realidad también se va desgastando y nuestra existencia empieza a ser etérea. De pronto ya no somos seres trascendentales que pueden cambiar el mundo o dejar una huella imborrable que marcará el destino de otras personas, solamente somos entes pasajeros que no son importantes, y que en cualquier momento pueden desaparecer sin que nadie lo lamente.

Entonces, nos preguntamos para qué luchar tanto en la vida, para qué hacer tantos esfuerzos o sacrificarnos para lograr metas, para qué postergar la satisfacción inmediata en búsqueda de placeres más nobles si la vida es efímera. De hecho, es probable que la falta de propósito de muchos de nosotros sea consecuencia de que en el fondo pensemos que la vida no vale tanto.

Es por eso que el judaísmo, consciente de la importancia del valor de la vida humana en la construcción de la sociedad ideal, establece la creación de ciudades de refugio a las cuales deberá exiliarse quien provoque, aun sin quererlo, la muerte de otro ser humano. En muchos otros escenarios el judaísmo no considera culpable a alguien que traspasa una ley sin intención, sin embargo, este caso es la excepción, pues no puede permitir que una vida se extinga y que no suceda nada, ya que de ser así, el valor de la existencia se vería comprometido.

Creo que es momento de mirarnos al espejo y preguntarnos si vemos el reflejo de un individuo capaz de transformar al mundo, un ser cuya historia será irrepetible, alguien con un conjunto único de fortalezas y debilidades, creado por D-os para lograr una misión específica. Si la respuesta es negativa, busquemos en nuestros corazones el origen de trivializar nuestra propia vida y analicémoslo para salir fortalecidos. Si la respuesta es afirmativa, tomemos nuestra vida en la mano y hagamos de ella una travesía que dejará huella y hará del mundo y de la gente que nos rodea un lugar mejor.

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