Masacres de las “Foibe”

Se estima que aproximadamente 20.000 italianos fueron ejecutados o arrojados a estas profundas fosas naturales por orden del Mariscal Tito

El mariscal Tito

Por Franco Fiumara

Una de las dramáticas secuencias en la historia de Italia tuvo que ver con los crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos en perjuicio de los residentes de nacionalidad italiana en Istría, Dalmacia y Fiume por las milicias del Mariscal Tito.

Por estos aberrantes crímenes, mediante la Ley 92 del año 2004, el parlamento italiano aprobó por amplia mayoría, la conmemoración el 10 de febrero de cada año del “Día del Recuerdo” en homenaje a las víctimas de las “Foibe” y los refugiados italianos de los ex territorios italianos de Venecia Julia, Istría y Dalmacia (ex Yugoslavia, actuales Croacia y Eslovenia), cuya historia es poco conocida por distintas consideraciones de conveniencias políticas cuyos orígenes remontan a la Guerra Fría.

Las dolinas o foibe son fallas geológicas carcásicas que generan grietas de más de doscientos metros de profundidad. La modalidad de eliminación y ejecución consistía en fusilar a algunos seleccionados y atar sus cadáveres a otras personas vivas, de tal manera que, con la inercia de los cuerpos, unos y otros caían en las fosas. Allí fueron ejecutados miles de habitantes italianos, convirtiéndose en verdaderos sepulcros multitudinarios. Comenzaba la masacre del Mariscal Tito contra la población italiana. Para saber qué fue lo que paso, y en especial de que se trata, hay que repasar los acontecimientos históricos ocurridos durante el año 1943. Fue así que el 25 de julio del año referido, a instancias del Gran Consejo Fascista que le retiró el apoyo, el Rey Víctor Manuel III destituye al Duce Benito Mussolini, quien es detenido, siendo sustituido por el Mariscal Pietro Badoglio.

Mussolini a lo largo de su gobierno, fue responsable de crímenes políticos dentro del territorio nacional italiano, como el caso del diputado socialista Giacomo Matteotti, o de crímenes de guerra en la actual Etiopia o en otros lugares bajo imperio del régimen fascista, como ser en el territorio de la ex Yugoslavia. Sin dejar de lado las Leyes Raciales en 1938 que segregaron a la comunidad judía italiana con más de dos milenios en el país.

Su alianza con Adolf Hitler fue su propio cadalso; los fracasos militares en la Segunda Guerra Mundial, su sepultura política. Tal fue así, que los nazis invaden la península, rescatan a Mussolini, y como un verdadero títere del Führer es restituido como máximo soberano de la Republica Social Italiana, cuya capital se traslada a la ciudad de Saló en el lago de Garda. Roma es ocupada plenamente por los nazis, quienes se extienden hasta Sicilia y Calabria para intentar contrarrestar el desembarco Aliado, mientras el Rey Víctor Manuel con su comitiva con el nuevo gobierno bajo protección aliada, se instalan en Bríndisi, Apulia, donde luego del armisticio de Cassibile en Siracusa, con los aliados, declaran la guerra al Tercer Reich el 13 de octubre de 1943.

Cinco días más tarde, desde Roma Tiburtina salió el primer tren con judíos italianos hacia Auschwitz. Este periodo que es conocido como la Guerra Civil Italiana, donde semanas después el Comité de Liberación Nacional-CLN bajo el gobierno de Ivanoe Bonomi, con el apoyo Aliado, se trasladó a Bríndisi en reemplazo de Badoglio, coordinó y organizó a la resistencia manifestada en los grupos partisanos italianos de distintos partidos políticos, quienes tomaron un rol protagónico en combatir a los nazis y a los fascistas de Saló.

Las tropas del Tercer Reich ocupan militarmente los territorios italianos de Venecia Julia, Istría y Dalmacia, como así también los que habían sido invadidos desde 1940 por el ejército peninsular. Las masacres en esos lugares estuvieron a la orden del día.

Los nazis y sus huestes, como dijo Churchill, cometieron hechos criminales genocidas como nunca antes habían sido vistos en la historia de la humanidad, que costaron millones de vidas inocentes, en especial el exterminio sistemático de la comunidad judía europea, técnicamente Shoá; como asimismo los hechos realizados por Fascistas y Ustashas.

Otros graves acontecimientos eliminacionistas en la primera mitad del siglo XX, fueron los crímenes cometidos por orden de Stalin durante las tres décadas de su mandato, que superaron los cuatro años de la “Gran Guerra Patriótica”. Estos hechos se reflejan tomando algunos ejemplos, como el Holodomor en Ucrania con millones de muertos, o la masacre de 22.000 polacos en el bosque de Katyn, cerca de Smolensk, correspondiente a la intelligentsia de ese país.

En los casos expuestos, se observan exacerbaciones de gobiernos transformados en dictatoriales cuyos líderes quisieron eternizarse bajo el amparo de una génesis ideológica criminal que fue llevada a máximos extremos. Puede verse plenamente que los crímenes de lesa humanidad, pueden ser cometidos en nombre y representación de cualquier espectro político, ya sea de derecha, de centro o de izquierda, como así también quienes asesinan en nombre de Dios.

Este listado de responsabilidad criminal, debe comprender al líder Josip Broz, conocido popularmente como el Mariscal “Tito”. Este personaje político que hizo del culto a su personalidad uno de sus atributos políticos para mantener firmemente el poder, que como bien lo describiera su ex compañero Milovan Djilas, exjefe comunista partisano convertido en uno de los primeros disidentes del régimen, al señalar que “Tito se apegó a la tradición monárquica -de facto- y a los conceptos tradicionales del poder”. Además, iba acomodando sus conveniencias políticas a los vientos de la época.

Tras la invasión de las fuerzas del Eje nazi-fascista en 1941, Tito como Jefe del Comité Militar del Partido Comunista Yugoslavo, realizó una proclama llamando a la resistencia armada contra los invasores, con un notorio suceso militar, que logró paulatinamente hacer retroceder a los enemigos externos, como así también, eliminando sus oponentes internos, cuya consecuencia se verá reflejada en la década de los noventa en las guerras étnicas genocidas de la ex Yugoslavia.

Pero en este orden de cosas, hay crímenes que no pueden pasarse por alto. Las masacres de los pobladores civiles italianos cometidos a partir del otoño de 1943 en las grutas caucásicas, llamadas “Foibe”, dirigido por el Mariscal Tito y sus partidarios. Fue así que, al ocupar con sus fuerzas, desde Rijeka (otrora Fiume) hasta Trieste, bajo el pretexto de acusar a todos los nativos italianos de fascistas, comenzó con el asesinato de dirigentes del movimiento mussoliniano, pero también eliminó a los itálicos antifascistas que habitaban históricamente esas regiones, realizando una limpieza étnica en todos los sectores que pensaba mantener bajo su órbita de poder.

Se estima que aproximadamente 20.000 italianos fueron ejecutados o arrojados a estas profundas fosas naturales, con un número indescifrable de personas desaparecidas en fosas comunes que están siendo encontradas estos últimos años con la colaboración y el aporte de listados del gobierno de Eslovenia. Estas persecuciones, más las presiones ejercidas por las milicias de Tito, produjeron el éxodo forzado masivo de más de 350.000 desplazados que debieron salir como refugiados de todos los sectores, donde fueron expoliados y obligados a renunciar al reclamo de sus pertenencias para poder huir del territorio bajo control comunista, provocó una marea humana donde miles de ellos luego de pasar por campos de refugiados, llegaron a la República Argentina.

La ley fija como fecha de las masacres desde el 8 de septiembre de 1943 hasta el 10 de febrero de 1947. También especifica las modalidades de ejecución criminal en las foibe como fusilamientos, masacres colectivas, atentados, ahogamientos en las cuevas y otras.

El presidente de Italia, Sergio Mattarella, y el presidente de Eslovenia, Borut Pahor, llevan máscaras protectoras mientras visitan la Foiba en Basovizza, Italia, 13 de julio de 2020 (Reuters)Viendo este contexto entre los años citados, fue el 5 de marzo de 1946, en el Westminster College de Fulton (Missouri), que Winston Churchill pronunció uno de sus más destacados discursos al decir: “De Stettin en el Báltico a Trieste en el Adriático, una cortina de hierro se ha abatido sobre el continente”. Tito no fue la excepción.

Un caso emblemático en particular, mencionamos a la joven estudiante de 23 años de edad, Norma Cosetto, quien fue violada reiteradamente, torturada de manera despiadada, para seguidamente ser arrojada viva junto con otras tres docenas de italianos a una foibe. En 1949 la Universidad de Padua le confirió la laurea “honoris causa”, mientras que en el 2005 el presidente italiano Ciampi le otorgó la “Medalla de oro al mérito civil”. Esta inaudita ferocidad no se detuvo solamente en el campo étnico-político, sino que también abarcó la fe. Más de cincuenta sacerdotes fueron eliminados por la misma modalidad delictiva, entre ellos se destaca la figura del Padre Francisco Bonifacio quien luchaba contra la alegada anti religiosidad de los ocupantes comunistas y cuya conducta incomodó al nuevo régimen; fue detenido el 11 de septiembre de 1946 por las guardias populares, conducido al bosque, desnudado, torturado y asesinado a cuchilladas, para luego ser arrojado en una de las fosas. Sus restos no fueron encontrados jamás.

En oportunidad de concurrir el Presidente Vitalicio Tito para hablar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, el Senador demócrata de los Estados Unidos, Thomas J. Dodd, ayudante del Fiscal Robert H. Jackson en el Juicio a los jerarcas nazis en Nüremberg, sostuvo que Tito tenía “las manos ensangrentadas.” Cuando el presidente italiano Giorgio Napolitano (ex PCI) pronunció en el año 2007 el discurso oficial del “Día Conmemorativo de las Masacres de Foibe y el éxodo de Istría-Dálmata”, generó algunos malos entendidos con el Presidente de Croacia, Stipe Mesić, cuyo incidente quedo zanjado por vía diplomática, en el cual quedó reflejado que el espíritu de la Unión Europea, se basa en la lucha contra los autoritarismos fascistas, sin reclamos o reivindicaciones territoriales de ninguna de las partes, y trabajando en común para el beneficio de todos los pueblos.

La emblemática foiba di Basovizza, cercana a Trieste, recibió a numerosos políticos del arco político de la izquierda, entre ellos a Walter Veltroni o de Luigi Malabarba, ex senador del Partido de la Refundación Comunista, quienes reconocieron los errores de sus pares partidarios, en haber estado silenciados durante décadas sobre la vorágine de los crímenes de lesa humanidad cometidos por las huestes de Tito y sus acólitos.

Concluyendo, los crímenes de genocidio, lesa humanidad, de guerra o los que actualmente cometen grupos terroristas que destruyen a ciudadanos civiles en nombre de Dios, no deben estar amparados por el silencio o bajo un manto de impunidad. Provengan los asesinos de la ideología que sea.

Por tal motivo es menester mantener activa la memoria, educar sobre valores humanos universales, preservar las democracias con alternancias y las libertades individuales en todos sus aspectos, y en especial, sentar en el banquillo de los acusados a los autores de estos aberrantes delitos, para que las sentencias emitidas por los jueces, cumplan un fin didáctico y preventivo.

Es el mejor homenaje que pude realizarse en recuerdo de los millones de víctimas de los regímenes totalitarios de los siglos XX y XXI.

Dr. Franco M. Fiumara: Juez en lo Criminal; Doctor en Ciencias Jurídicas; Doctor en Ciencias Políticas; Docente de grado y posgrado, Investigador y Consejero UNLaM

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